Era ésta una casa vieja, con largos pasillos repletos de ecos y rincones húmedos y olvidados.
En ella vivían, solos, los seis hijos de Paolo Moldini, un buen hombre que no comprendió a su prole y acabó escapándose con la seguridad de no querer saber nada más de ellos. Se perdió en su mundo, a salvo de la monotonía y la locura de los seis niños que allí quedaron. Se llamaban Paolo, Pietro, Rosseta, Edmundo, Anna y Filippo. Pero poco importan sus nombres porque no los usaban. No hablaban. Se olvidaron de hacerlo por no tener qué decirse. Se limitaban a mirarse unos a otros transmitiéndose la locura de la soledad. Jamás salieron, ni siquiera al patio, ya que la luz del sol, la luna o el aire les hacían daño. Odiaban todo lo que no estuviera dentro, y dentro era con ellos. Y lo que estaba con ellos, lo amaban; mas dentro no había nada, excepto ellos mismos. Así, que decidieron amarse los unos a los otros, y no salir. Se hicieron el amor durante años seguidos. Gozaron hasta que la muerte se los llevó a todos, no dejando nada tras de sí.
Y cuando la casa de los hijos de Paolo Moldini se derrumbó de vieja, nadie hubo para lamentarlo. Desapareció entre zarzas y años, en espera de que alguien más cuerdo la levantara de nuevo y refrescara sus cimientos podridos.
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La casa de Paolo Moldini. Relato perteneciente al libro Cuentos Revueltos (Colecciones del Taller de Escritura de Algorta, 1986. Imprenta Amado. Bilbao).














