Si elevamos nuestro punto de vista y observamos desde el cielo el laberinto, sucede un fenómeno curioso. Contemplamos nítidamente su dibujo y sus límites y, sorprendidos, nos percatamos de que está envuelto en otro laberinto aun mayor que lo contiene. Este, a su vez, pertenece a uno mayor y así sucesivamente. De esta constatación laberíntica no obtenemos certeza ni explicación alguna y continuamos caminando ya sin la urgencia banal de llegar a ninguna parte.
Alvaro Urkiza.
Texto completo en: De laberintos | Estado de Tránsito.












