Realismo negro

He encontrado una frase entre los cuadernos y los folios. Es de 1980, tenía quince años:

Soy un zorro, imposible de domesticar. Vivo como un zorro, en estado de excepción.

No me acordaba de ella, pero sí de cómo me sentía entonces. Ese estado de excepción no era político, que también, sino vital. Una alerta continua. Con las orejas tiesas de los zorros, seres condenados a rondar los gallineros humanos porque les queman el bosque.

Ya por entonces había leído mucho a Jack London. Si algo me gustaba hacer aquellos años era construir cabañas, más bien diminutos chamizos. A veces con los amigos, otras solo. Buscaba lo más profundo del helechal y allí me hacía una madriguera para soñar con Alaska o con las Tuamotú. Esa y otras soledades. Jamás me preocupé, nunca se me ocurrió consultarlo con nadie. La consideraba, y la considero, una herramienta necesaria. La soledad como frontón. Estás tú y te contestas. Estás tú e imaginas.

Han pasado treinta y dos años y la búsqueda de espacios de soledad sigue siendo intensa. Ya no busco madrigueras, sino espacios abiertos. Leo, escribo, me embriago, dormito, pienso, planeo, imagino… Me gustan, sobre todo, las campas abiertas sobre el mar. Tenía una muy bonita donde nadie me molestaba. Hasta que hace un par de semanas entraron las excavadoras para levantar una ristra de adosados y el zorro se tuvo que ir a otra parte.

El zorro quiso entonces acceder al papel de King Kong, pero comprendió que esa actitud sería su final. ¿Qué hizo? Pues no le quedó otra que escribir un cuento rápido en el que toda África (España incluida) se rebela contra los financieros de la City de Londres. La batalla es terrible. Sucumbe toda la humanidad menos Mowgli, quien libre ya del deber de encontrar a la chati más mona de la aldea, se lía con dos simias y engendra nueva especie. Una que jamás conocerá a Prometeo.

Al contrario de muchas personas, pocas veces siento tristeza ante la soledad ajena. Creo con firmeza tanto en la mezquindad como en la dignidad y fortaleza humanas. ¿La realidad? Todo es susceptible de ser editado. Primero tendría que contestarme a la pregunta de con cuántos miedos y prejuicios observo a mis semejantes. Ese solitario podría ser yo mismo. Una persona caminando por el arcén de cualquier carretera, por ejemplo. O una anciana en un banco de Getafe. Esta mujer de la fotografía, ¿está sola en la vida o espera a sus cinco hijos y sus doce nietos? Busqué el encuadre con ojos de zorro acosado, colocando sobre ella el cuervo de la novela negra. Desde otro punto de vista la imagen no habría tenido valor alguno, pero la toma sobre el terreno deja el resultado dentro de lo verosímil. Lo real es una ave carroñera y se llama incertidumbre.

Realismo negro. Tengo Sitio Libre. Blog de Willy Uribe

A pesar de las evidentes exageraciones de muchas de sus obras, la novela negra, a diferencia de la novela policiaca tradicional, es testimonio de una época: la sociedad estadounidense de los años veinte, los gangsters, la ley seca, el crack de la bolsa, la delincuencia urbana… Es este un mundo en el que los bandidos pueden gobernar naciones enteras y de hecho gobiernan ciudades, el que los hoteles, los restaurantes más famosos están en manos de hombres que han hecho su fortuna con los prostíbulos; un mundo donde un juez cuya bodega está llena de licores puede condenar a un hombre por tener una botella en el bolsillo. La novela negra añade testimonio y crítica social a la novela policíaca; es el cauce policiaco de la novela social. Por eso Javier Coma puede afirmar que la distancia entre Hammet o Chandler y Faulkner, Steinbeck, Dos Passos o Hemingway no es tan grande. Más discutible es que la novela negra surja como oposición a la novela policiaca tradicional. Creo que es más bien una evolución natural, producto de la historia, un desgajamiento, una separación deliberada de aquel género más estático, más alejado de la realidad, menos comprometido.

El Criminal y la verosimilitud en la novela negra. Javier Rodríguez Pequeño.

El relato épico tradicional que narra la lucha y el triunfo del Bien sobre el Mal se corresponde con épocas de fundación, crecimiento y confianza social, épocas clásicas que tienen una moral social estable. La época de la novela negra es la época de la crisis social, desconfianza del presente y desesperanza en el futuro, épocas manieristas y de crisis moral.

Policía, psiquiatra y cura: escritor de novela negra. Suso de Toro.

Del libro Realidad y ficción criminal. Dimensiones narrativas del género negro. Javier Sánchez Zapatero, Àlex Martín Escribà. Ed. Difácil, 2010.

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