
Otra de las reformas que hizo el príncipe de la Paz en materia de costumbres públicas, llevado del deseo de que desapareciera un espectáculo que tiene mucho de feroz y de sangriento, fue la abolición de las corridas de toros y de novillos de muerte (1805). Providencia, si bien laudable en cuanto revelaba el propósito o la tendencia a modificar la rudeza de hábitos que la familiaridad con ciertas escenas engendra en el pueblo, y a inspirarle inclinaciones más cultas y suaves, chocaba de frente con una de las más antiguas y arraigadas aficiones del pueblo español, y por tanto no podía menos de aumentar la impopularidad que ya contra el reformador, por otras causas y mucho tiempo hacía, se abrigaba en el corazón de las masas populares, sin mirar que la medida no había sido obra exclusiva del ministro favorito (del rey), sino discutida y acordada por el Consejo de Castilla (*).
(*) «Han sido repetidas, decía entre otras cosas la real cédula, las reales órdenes en que he manifestado mis deseos de la más puntual observancia de dicha disposición: pero a pesar de ellas, se han obtenido licencias con aparentes títulos de piedad pública, y se han hecho así continuos los recursos de esta clase. Con ocasión de algunos de ellos, que remití a informe del gobernador del mi consejo, conde de Montarco, me manifestó con el celo que acostumbra los males políticos y morales que resulten de estos espectáculos. Y habiendo remitido este informe a consulta del Consejo pleno, me hizo presente en 20 de setiembre último lo resultante del voluminoso expediente formado desde el año 1761, y lo propuesto por mis fiscales, exponiéndome la importancia de que me sirviese abolir unos espectáculos, que al paso que son poco favorables a la humanidad que caracteriza a los españoles, causan un conocido perjuicio a la agricultura por el escollo que oponen al fomento de la ganadería vacuna y caballar, y el atraso de la industria por el lastimoso desperdicio de tiempo que ocasionan en días que deben ocupar los artesanos en sus labores.» - Conformándose pues con la consulta del Consejo, prohibió absolutamente estos espectáculos en todo el reino, mandando no se admitiera recurso ni representación sobre este particular. – En Aranjuez a 20 de febrero de 1805.
Historia General de España. Modesto Lafuente. Reinado de Carlos IV. Movimiento intelectual. Estado de las Ciencias y las Artes. De 1800 a 1807. Abolición de las corridas de toros y novillos de muerte.














