Factor Humano. Carlos Zanón

Versos de Carlos Zanón. Tictac Tictac (Ediciones Carena, 2010).

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Factor humano. Foto © Willy Uribe

Hay poca lujuria hoy en Nunca Jamás.

Oye voces dentro de sí el desconocido,

y habla de dejarlo todo y seguirle,

de que tener ocho años es un crimen,

-algo que todo el mundo

sabe y también olvida-,

y de amigos que se conjuran

horas antes de besarse entre olivos.

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Factor humano. Foto © Willy Uribe

De este agujero no nos sacarán

a menos que nos digan quienes somos.

Que nos llamen por el nombre

que figuraba en aquellos cuadernos

de caligrafía en puntos azules,

que nos aseguren, en definitiva,

que nadie, bajo ningún concepto,

nos reñirá por regresar a casa.

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Factor humano. Foto © Willy Uribe

No hay que mirar abajo

ni acercarse a ninguna jaula:

el hambre hace a los leones

proclives a grandes confidencias.

Es ésta sólo una maldición vulgar,

Incluso si uno lo piensa,

pobre hasta lo solemne,

sin conjuro ni libro de pócimas:

la vieja te espera cada noche

en su ruidosa cama de estaño

para revisarte ambas rodillas

y untarlas de manteca y sangre,

para exigirte de ese modo

que sigas probando ir y venir

por esa cuerda, abismo de los años.

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Factor humano. Foto © Willy Uribe

y no hay épica en cenar solo

y prometer odio eterno al resto

de los hombres, a los programadores

de la parrilla televisiva.

No hay ejército al que traicionar,

no hay amigos ni amantes

ni apenas nada más que esa voz interior

que creíste Dios y sólo era el eco

del sordo retumbar de los relojes

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Factor humano. Foto © Willy Uribe

Deberías saber que jamás

te hospedarás en hotel alguno

que se haga llamar Waldorf Astoria,

que nunca matarás al Rey

ni Madonna maullará en tu oreja.

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Factor humano. Foto © Willy Uribe

Soportaría perder

mis ciudadelas y todos mis barcos,

pasar a fuego

los cinco continentes,

pero no soportaría dejarte ir

sin un último beso.

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Factor humano. Foto © Willy Uribe

Hay algo divino en todos nosotros,

algo que, a propósito,

dejaron los dioses olvidado.

Algo quedó en las viandas

medio podridas que fueron asadas

entre marfil y sílex.

Es divino ese fascínate don de acertar con la

persona errónea hasta hacernos fanáticos de

creer que es la solución a nuestro acertijo,

aunque como supondréis, acabe siendo un búcham.

¿De qué nos sirven, avezados náufragos,

los polos y los ecuadores,

los trópicos y hasta los meridianos

si al mirar los mapas desplegados

a la luz de un candil que agoniza

la tinta forma arpones

sobre mil ballenas blancas,

vuelos de ave, augurios

y hasta tumbas de indios tatuados?

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Factor humano. Foto © Willy Uribe

Si pierdo tu rostro lo pierdo todo.

Es algo que sé desde hace tiempo.

Por eso, ya de niño, me forzaba,

en el aire dulzón de las aulas,

a dibujar la cara de mi madre,

su olor cada mañana.

Por eso si olvido el trazo,

el surco del lápiz

en la lámina rugosa,

lo pierdo todo.

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Factor humano. Foto © Willy Uribe

La máquina de huesos se detiene:

el niño no crece ya más,

las niñas se hacen madres

y nadie sabrá nunca

el final escondido en los cuentos.

El amor petrifica, roba los relojes.

El insomnio del PC enemigo

en su agujero de heces, plástico

y agua estancada alrededor

de un deseo alambicado como hiedra.

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Factor humano. Foto © Willy Uribe

Pobre Dean Martin amartillado

contra la barra de la única coctelería

en la que aún sabían quién era,

cual era su nombre.

Pobre Jesucristo, lúcido en la cruz,

solo, vendido y asustado,

con esos cielos que no se abren,

esos ángeles que no aparecen

ni a la de tres, entre dos ladrones

y una madre, a sus pies, llorando

porque no llegará a tiempo

de ver su programa favorito.

¿Qué no daría yo por volver atrás

y hacerlo igual de mal?

Reventar cuerpos y cerraduras,

entallar la vida a mi sombra

y jugarlo todo a una única noche.

¿Qué no daría yo por acabarlo todo antes

en el momento justo,

el instante preciso

en que todo el mundo

aún conocía mi nombre?

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Factor humano. Foto © Willy Uribe

Las operaciones de estética

visten el desorden y la rebelión

con cualquier cosa que se pague.

Ayúdeme, de mesa en mesa,

vendiendo gramos o cedés,

flores, poemas, frases hechas.

No tengo nada con que afrontar

esta derrota que es la vida.

Sólo mitología y manos sucias,

recetas químicas y harapos de pasión

que cada vez cuestan más

y saben a nada.

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Factor humano. Foto © Willy Uribe

Doce del mediodía.

Los ángeles se perfuman

en el pañuelo de un niño

que hace ciudades y pirámides

sobre la misma arena

en la que se esconden

muertos y cangrejos,

el agua bendita que mana,

el mito del eterno retorno.

Doce del mediodía.

La eternidad es un mensaje

enviado a lo más lejos.

No olvides nada, no trates de recordar.

Los muertos sólo son aquellos

que no van a acudir

a las próximas mil citas.

Nada más ni nada menos que eso.

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Versos de Carlos Zanón. Tictac Tictac (Ediciones Carena, 2010).

Factor humano. Fotografías de Willy Uribe.

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  1. [...] Fragmentos y fotografías… Factor humano. Carlos Zanón. [...]

  2. WU+CZ dice:

    [...] a paladear el cruce de mi Uribe con mi Zanón. Sí, he dicho MI & MI. Qué rico, joder, qué [...]

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