La creación del espacio vasko

La Tierra tras el diluvio.
Según los primeros vaskos, al principio sólo existían los vaskos. Unos dos millones de años después, Tzeux  se inventó un río. Este río era enorme y fue su flujo incesante desde la cima del Olimpok lo que creó el mar. Los vaskos, aplicando la lógika, llegaron a la conclusión de que en un futuro no muy lejano el mar se llenaría del todo y la tierra se inundaría. Entonces se atemorizaron. La estirpe de los vaskos, junto a sus coalas, kanguros y lirones karetos (animales totémicos del Espacio Vasko), se encontraba a dos txaparrones de la extinción.
La sensación de peligro desapareció cuando, en una nueva sesión de lógika, concluyeron que el mar era tan profundo que jamás se llenaría. Ya podía el río soltar el agua que quisiera que el mar se la tragaría toda y aún le quedaría sitio para cien mil veces esa cantidad. El Espacio Vasko no corría peligro.
En esas estaban, tan tranquilos, cuando el gigante Hepitemeok, errante desde que Pandereta le engañara con el mismísimo Tzeux, llegó a la orilla del mar. Tenía hambre, así que armó su caña de pescar dispuesto a procurarse al menos un par de katxalotes. Largó sedal, tomó impulso y lanzó con todas sus fuerzas. Pero el anzuelo se enganchó con el Espacio Vasko y, de ese modo, los vaskos fueron lanzados al mar subidos a un pedazo de sustrato terrestre. El impulso que le metió Hepitemeok a la caña fue tal que el Espacio Vasko fue a parar al rincón más lejano del piélago Kantáurico, mucho más allá de donde se unen el mar y los cielos.

 

Durante cientos de días y noches, los primeros vaskos navegaron a la deriva sobre el Espacio Vasko. Primero se sintieron desconcertados, después, creyéndose lejos del alcance de Tzeux, comenzaron a pensar que tal vez tendrían una posibilidad para trazar su propio camino. Pero Tzeux gozaba de tal poder sobre la tierra que ninguna de las criaturas que se movían en ella, sobre ella y bajo ella, escapaba a sus designios. Aun así, los primeros vaskos, excitados ante un futuro Espacio Vasko alejado de Tzeux y su camarilla de dioses menores, desafiaron la autoridad del Olimpok. El resultado de esa apuesta fue el gran diluvio que envió Tzeux y que duró lo suficiente como para inundar la tierra. Paradójicamente, el Espacio Vasko, sustrato terrestre flotante, fue el único lugar que quedó a salvo y los vaskos los únicos seres vivos que capearon la furia de los dioses.
Un millón de años después, cuando las aguas se retiraron, el Espacio Vasko quedó varado sobre un terrible desierto que le sería hostil desde el primer día. Aun así, los vaskos intentaron adaptarse al entorno. Habían perdido a sus totémicos coalas, kanguros y lirones karetos, pero invirtieron en I+D+I y el resultado fue la invención de las masas korales, la salsa berde, el akordeón y la lendacaricha.