Desperté en Fisterra

Cercanías del cabo Finisterre, Galicia.
Desperté en Fisterra. Había dormido diez mil años. Miré al mar y comencé a caminar hacia mi derecha. Me detuve diez días después para preguntarme cómo es que en ningún momento había sentido hambre, cansancio y sueño, y la única respuesta válida que encontré fue la del ruido del viento. Caminé durante otros diez días. Creía recordar algunos lugares; una cala de media luna, una roca con forma de león, un acantilado blanco. Pero eso era estúpido porque nada podía recordar. Diez mil años son muchos años.
Por fin llegué ante la boca de un río que discurría manso entre un paisaje de campos llanos y bosque bajo. En la otra orilla me pareció adivinar una playa sin final. Me detuve tan solo unos segundos y di media vuelta. Lo ya caminado sería un camino nuevo. Y volví a recordar lugares; una peña redonda en medio de una playa, una isla llena de conejos, porque brincaban y en la distancia parecían pulgas de arena, una roca a cien metros sobre el mar. Pero no podía ser. Diez mil años son muchos.
Me detuve a mitad del camino. Estaba en la punta de un cabo que penetraba el mar como la punta sumergida de un iceberg. Y entonces las vi. No puedo afirmar que no las había visto antes, o que no las había escuchado antes, pero el caso es que ahí estaban, una tras otra sin cesar, como si fueran un sembrado sin final, como la lengua de un camaleón enredada en su rabo. Contemplé aquel espectáculo deseando que los recuerdos me asaltaran de nuevo. Pero ninguno apareció. Ellas no dejaban de llegar, con su ruido y su furia, pero los recuerdos no regresaron. Volví a Fisterra e intenté dormir de nuevo. Los ojos se me abrían cada diez segundos. Ellas continuaban allí y yo era incapaz de imaginar nada. Algo parecido debe ser el infierno.

Comments

  1. Me gusta el sonido y me gusta verlas golpear contra las rocas

    No creo en el infierno, pero caso de existir, debe de ser algo parecido, sí.