5 historias de 5 continentes

Todos nosotros, sin excepción, vivimos en islas. Pero algunas de las que hay en nuestro planeta son mucho más grandes que otras y por eso hemos decidido que pertenezcan a una clase especial que hemos denominado continente.

Geografía, de Van Loon.
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África
Los pobres son hierba,
Son forraje para los caballos;
Trabaja, hombre pobre, para que podamos comer.
Canción tradicional de un recaudador de impuestos bornu. Antiguo reino africano junto a lago Chad.
Ben Bourgois. Sahara Occidental. WU PHOTO © Willy Uribe
Tengo un amigo en Marruecos que se llama Abdulláh. Vive cerca de Tarhazoute, en el sur del país. Tiene veintidós años, estudia castellano e inglés en la Universidad de Agadir, trabaja para ayudar en casa y surfea cuando puede. Le conocí en un viaje anterior y al igual que entonces nos acompañaba a buscar olas. Sabía francés y árabe y nos sacó de algún apuro con la poli.
Al tercer día consecutivo sin olas por la zona de Anchor Point me fui al desierto con Abdulláh. Queríamos entrar al interior hacia el sureste y al día siguiente salir a la costa a la altura de Sidi-Ifni para volver al norte echando un vistazo a las olas. El problema está en que el norte acabamos perdiéndolo. Habíamos metido unas cuantas birras en el coche y también algo de hachish. Salimos a las cinco de la mañana. Condujimos hacia el sudeste y al cabo de un par de horas entre tierras planas y polvorientas nos encontramos con las primeras montañas del Anti-Atlas. Para entonces ya andábamos algo desorientados. La carretera daba vuelcos y nuestro coche más. Así durante seis horas más. Hasta que al mediodía, coronado un puerto de montaña muy cabrón, paré el coche y pregunté a Abdulláh si sabía dónde estábamos. No he estado aquí en mi vida, respondió entre risillas alucinadas. No teníamos mapas, así que decidimos continuar hacia delante, creo que hacia el sur. Al cabo me pareció estar yendo totalmente hacia el este, al final comprendí que hacia donde íbamos directos era hacia la paranoia; El estómago vacío, las curvas, un paisaje montañoso y desértico, el sol y sobre todo la birra y el costo. Al final nos perdimos entre risas y pasamos la noche en el coche porque en nuestro estado no podíamos pedir cobijo. Al día siguiente, al despertar, nos encontramos con el desierto pintado de colores. Era una escena de videojuego y yo sólo esperaba que una nave espacial me detectara y me fulminara.
Es el desierto pintado de Tafraoute. Grandes bloques de granito pintados de azul, blanco, rojo y violeta por el artista belga Jean Verame. Lo hizo en 1984 y necesitó dieciocho toneladas de pintura. Casi veinte años después los colores han perdido su intensidad, pero la obra sobrecoge. Dicen que el tal Verame se volvió loco. Nosotros casi.
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América
(…) no golpearlos con un palo, ni apedrearlos o arrojarles baldosas, sino que, cuando un esclavo lo merece, hay que atarlo a una carro y azotarlo. Después de haberlo azotado bien, hay que pincharlo con una navaja o cuchillo bien afilado y restregar las heridas con sal, zumo de limón y orina, y después encadenarlo durante unos días.
Castigo recomendado para los esclavos en las plantaciones de azúcar de Sudamérica en normas de 1663.
Pequeño comercio en Santa Catalina, Panamá. WU PHOTO © Willy Uribe
En la costa caribeña de Panamá, en la ciudad bananera de Bocas del Toro, vive un hombre que construye aviones y los hace volar. No ha estudiado más allá de la escuela y un año de instituto, pero sabe de aerodinámica y fluidos más que muchos ingenieros. Las noches que no hay viento y no llueve se acerca a la calle principal y pone su avión en el asfalto, un aeroplano de cartón de un metro de largo, grandes planos y luces rojas y verdes intermitentes. El avión lleva una cuerda en el morro que él sujeta a una varilla de madera. La calle es amplia y despejada, pero hay mucha gente que se cruza, algún coche que avanza, algún perro perezoso. El hombre estudia mucho el momento y no se lanza hasta que todos los elementos coinciden. Cuando eso sucede el hombre comienza una suave carrera arrastrando el avión, en cuanto siente que el aparato se eleva unos milímetros levanta despacio la varilla de madera y el avión despega, la carrera es más intensa, en unos segundos el avión está volando, él no lo sujeta, simplemente lo guía con la varilla y la cuerda. El cacharro ese vuela al menos doscientos metros por la calle principal de Bocas y ese hombre merecería algo más que las bromas de sus vecinos y el alucine de nosotros, los turistas.
Al día siguiente por la mañana le veo apoyado en la verja roñada del aeródromo de Bocas. Va allí todos los días y conoce a fondo los aviones que aterrizan regularmente. Los técnicos, pilotos y controladores le tratan con respeto y con distancia. En general le tienen como un loco, pero en el fondo saben que es un genio y le temen. Si a ese hombre le hubieran dado una oportunidad ahora estaría diseñando naves para Júpiter.
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Europa
¡Europa! Vieja y podrida prostituta, tu maquillaje no tapa el olor…
La Polla Records.
Inocent, totalmente inocente en Somo, Cantabria.
Nacho vive en la playa de Arrigunaga, en Euskadi, y tiene un montón de buenas historias. Además de surfear desde comienzos de los setenta, también ha ripado mucho con el skate.
Una vez, apoyados contra la pared encalada de su casa, ante la campa, la playa, el mar y en medio de una tarde de calor perezoso, me contó un viaje surfero que hizo en 1974 por la costa atlántica de la península y lo que le ocurrió en Portugal. Acababa de comprar una tabla Santa Marina a los muchachos de Casa Lola, en Loredo-Somo y tras embalarla cuidadosamente se la llevó para Madrid, donde residía entonces. Cuando dispuso de tiempo suficiente condujo hacia el sur y cogió olas por Cádiz y Huelva. Después entró a Portugal, primero en Carcavelos un tiempo y después, en una visión que por la forma en la que me la contó no olvidará en su vida, descubrió Rivera D`ilhas. Todas esas derechas, tantas olas perfectas y solo diez en el agua. Tenía una tabla nueva, olas sin cesar, sol y tiempo de sobra. Sin duda Nacho entró en el espacio de la ausencia de la realidad, un lugar magnífico, porque cuando salió del país camino del Cantábrico, en la frontera con Galicia se enteró que Portugal acababa de vivir un golpe de estado militar; la denominada Revolución de los Claveles de abril de 1974 que instauró la democracia.
¿Se perdió algo histórico? ¿Y qué más histórico que sesiones continuas en Ericeira con diez tíos en el agua?.
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Oceanía
Primero la sequía mató parte de mis ovejas, después las inundaciones se llevaron algunas más y ahora la hierba crece tan alta que no puedo encontrar al resto.
Lamento clásico de los granjeros australianos.
Granjero australiano en Gracetown, West Australia.
Tim Negus produce vino en East Witchcliffe, una localidad del suroeste de Australia. Es un viñedo tradicional, alejado en mucho de esas inmensas factorías de vino tan modernas y elegantes que comienzan a verse por la zona. Le conocimos porque queríamos comprar buen vino y nos lo habían recomendado. Tras un buen rato conduciendo entre pistas de tierra, viñedos y cercados, llegamos a su granja, que es también museo, santuario, carpintería, destilería, bodega y taller.
Era ya tarde, pero sin prisa alguna nos enseñó cómo manejaba la uva, como la prensaba y como la trataba en todo lo demás hasta llegar a un buen producto. Después fuimos a una pequeña habitación llena de cajas de botellas, etiquetas y corchos y probamos ese producto mientras nos iba explicando sus propiedades. Cabernet Sauvignon, Merlot y Cabernet Franc… al final compramos Merlot. Entre cata y cata dos de mis compañeros, con el presupuesto ajustado, le preguntaron si no necesitaba gente para vendimiar. Ya tengo casi toda la uva recogida, pero… ¿Quién sabe? Respondió Tim con la soltura de quien nunca se cierra puertas.
Tras una visita a Patricia, su mujer, que es bióloga e ilustradora de naturaleza, nos marchamos ya en plena noche y con las luces largas para esquivar canguros. Esa misma noche Tim llamó a la granja donde nos alojábamos para decirles a mis compañeros que como venía lluvia necesitaba recoger toda la uva cuanto antes. Al día siguiente fueron a la granja de Tim y trabajaron toda la mañana entre las viñas. Por la tarde estaban tirados en la cama, totalmente molidos y con pocas ganas de volver. Mientras tanto, cuadrillas de trabajadores vietnamitas recorrían la zona recogiendo en el mismo tiempo el triple de uva que ellos.
Pero lo interesante de Tim, aparte de lo del vino, es que ha construido una iglesia. Es una construcción de madera, piedra y adobe de unos cinco metros de alto por doce de largo. Lo mejor de todo es que no hay símbolos. Es sólo un lugar para meditar y para reunirse, dice Tim. En lo que sería el altar hay un juego de vidrieras en la pared orientadas para ver las estrellas de la Cruz del Sur, y en el centro, en vez de bancos hay una enorme mesa ovalada con un banco corrido. Sin embargo, casi escondido en un rincón, un pequeño buda de piedra guarda silencio. Significa la unión y la fuerza de todos los sentimientos, culturas y religiones, nos explicó Tim. Tenía razón, porque gracias a las culturas asiáticas que puso a trabajar en sus viñedos al de dos días tenía recogida toda la uva.
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Asia
Hay ciertos momentos del día, en los climas tropicales, en los que todos los ciudadanos se retiran para quitarse la ropa y transpirar. Es una de esas reglas que los más grandes bobos respetan porque el sol es demasiado sofocante.
Noel Coward, Perros e ingleses rabiosos.
Islas Hiinako, Indonesia.
Nunca he estado en las islas Mentawai, pero he visto muchas fotos de sus olas, he leído muchos reportajes de sus boat-trips y he oído muchas historias de los surferos que han estado allí. Todo ello en referencia a sus olas. Nunca una sola historia respecto a sus gentes. ¿Por qué? Porque las carencias que soportan sus habitantes no son cilíndricas, ni tubulares, ni azules, ni con vientos de cara. Se va allí para surfear y punto.
Lo último que se de las Mentawai es respecto a un viaje que hicieron hace un par de meses unos cuantos pros anglosajones, chicos y chicas, y mandamases del surf editorial y del surf bisnis. Hubo mucho desfase en el barco, dicen que se acabaron todas las pirulas del botiquín y todo el alcohol. También que en medio del descojono una de las surferas comenzó a excitar a un representante de una revista surfera y que acabaron montando una tienda de campaña en la proa para meterse dentro. La cosa sigue con el mosqueo de un surfero yéndose a la proa y estropeando lo que sucediera ahí dentro… una charla, unas risas, un polvo o una siesta. El sufero gritaba enfurecido que la tía esa se lo hacía con el tío ese por una puta portada en su revista, y que él, con muchos más méritos, nunca había tenido una. Y todos en el barco seguían partiéndose el culo en medio de la juerga. Al de unas pocas horas un barco rápido venía de Padang con más repuestos de alcohol y otras sustancias para que la fiesta no decayera. De mientras en la isla, ocultos tras un par de metros perfectos y una línea tropical de palmeras, sus habitantes se las pasaban putas.
Puede parecer moralina, pero no lo es, yo también estuve borracho y drogado en medio de aldeas marroquíes, pasando del vecindario sin agua y sin electricidad, sin un centro de salud o una escuela en cien kilómetros a la redonda. Así viajamos muchas veces los humanos, llevando nuestros vicios y nuestras mierdas a todos lados.
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¿No se os ha ocurrido pensar”, dijo, “que la civilización es algo condenadamente peligroso?
Ágata Christie, La sombra en el cristal.

Un libro recomendable: CIVILIZACIONES. La lucha del hombre por controlar la naturaleza. Felipe Fernández-Armesto. Ed. Taurus.

Comments

  1. Me impresiona cada vez más tu Blog.