Surf solo… Never surf alone?

Cormorán en Meñakoz. Euskadi. WU PHOTO © Willy Uribe¿Una pandilla de supuestos gilipollas?

¿Existe una saturación de surferos en nuestras costas? ¿Por qué vamos a los mismos sitios y al mismo tiempo? ¿Nos gusta realmente surfear a solas? ¿Tenía razón José Pellón cuando escribió en Surf Time que todos nosotros, menos él, parecemos gilipollas? Creo que a veces no solo lo parecemos, sino que lo somos. Y otras veces no lo somos aunque sí lo parecemos. Parece un trabalenguas, pero es sencillo; nuestras acciones son el resultado de combinar nuestra libertad con nuestras obligaciones.
Ir a la playa el 15 de agosto, sin una nube en el cielo y en marea alta no es una posible gilipollez, es un acto libre. Ir a un lugar apartado o quedarse en casa a la fresca el 15 de agosto no es un posible acto de inteligencia, es otro acto libre. Personalmente prefiero esto último, pero también practico lo primero. Soy, como todas, una persona libre… atada de pies y manos.

Un lugar apartado para surfear

En nuestro planeta existen aún zonas costeras con grandes áreas surferas por explorar. La península de Kamchatka, la isla de Sajalín y el archipiélago de las Kuriles en Rusia, las costas chilenas de la Patagonia y la gran isla de Chiloé, el archipiélago de las Tuamotu en Polinesia, las costas del Sahara Occidental, la península escandinava, el laberinto de arrecifes de Micronesia o los casi cuatro mil kilómetros de las costas de Gabón, Angola y Namibia…
Son lugares remotos para nosotros, costas que seguramente no conoceremos nunca. Aun así, una ola apartada no tiene por qué estar a diez mil kilómetros de distancia. Puede que esté a la puerta de tu casa o a tres kilómetros del pico de moda, de madrugada o al anochecer, en lunes en vez de en domingo, en invierno y no en verano, o viceversa. Hay miles de olas que rompen sin dueño. Son nuestras obligaciones y nuestras limitaciones las que nos obligan a dejarlas ir. Como surfistas no somos más libres que ninguna otra persona, aunque intentemos parecerlo y toda nuestra subcultura surfera incida machaconamente en esa idea.
Contemplar una ola romper solitaria es un placer para mucha gente, sea surfista o no. Pero verla sabiendo que en pocos minutos la vas a disfrutar en solitario es otra historia.
Recuerdo un día especial en la Triangular, de madrugada, yo aún no había cumplido los dieciocho. El mar rompía de dos a tres metros y entraba ordenado. En cada remontada hasta el pico saboreé intensamente la soledad y la quietud de esas olas que rompían solo para mí. No estaba en una isla desierta, sino en una de las playas de una urbe de un millón de personas. La sesión fue magnífica y estuve todo el día en una nube. Pero al volver a casa por la noche mi madre me cogió por banda.
– Me ha dicho tu hermano que hoy por la mañana has estado solo haciendo surf – dijo.
– Sí, había unas olas buenísimas – contesté.
Su respuesta me dejó confundido.
– ¿Pero estás tonto o qué te pasa? ¿A quien se le ocurre estar solo al agua con el mar tal y como está?
Había sido un sesión de surf excelente, pero para mi madre había actuado como un gilipollas.
Mundaka. Euskadi. WU PHOTO © Willy Uribe

Never surf alone?

Nunca surfees solo. Esa coletilla (y dejamos aparte la acepción que hace referencia a la soledad de algunos internautas) aparece decenas de veces en los buscadores web cuando escribes surf alone. Todas los manuales de surf inciden en ese aspecto. Yo buscaba surf alone because it´s excellent, o surfing alone is surfing´s cream, pero nada de eso. Por increíble que parezca, aparecen pocas referencias sobre esa faceta del surf en la documentación surfera existente. Una, y muy interesante, es la experiencia del surfero estadounidense Jeff Clark. Jeff descubrió las olas gigantes de Mavericks, al norte de California, hace más de veinte años y las surfeó en solitario durante quince, hasta que convenció a unos amigos para que le acompañaran. ¿Por qué hizo Jeff eso? ¿Se arrepintió de ello? Él mismo nos da parte de la respuesta: No fue hasta quince años después de empezar a surfear Mavericks que encontré a alguien dispuesto a entrar conmigo. Cuando eso sucedió la noticia de la existencia del lugar prendió como la pólvora. Parece que Jeff se refería a la discreción, una herramienta básica para poder surfear solo. Puede ser que ya estuviera cansado de quince años de intimismo entre olas gigantes.

Otro ejemplo, más doméstico esta vez, es el de David Bustamante, profesor de la escuela de surf del Peñatxuri Surf Taldea, quien guarda unas cuantas sesiones solitarias en Meñakoz, una ola “apartada” no por kilómetros de distancia sino por megavatios de potencia. David vive a tiro de piedra del pico, le gustan las olas grandes y acostumbra a madrugar, lo que le da boletos para premios de ese tipo. Recuerdo sesiones épicas de Meñaka para mí solo, por la mañana temprano. Sesiones mágicas ya sean en un metro, dos, tres o cuatro. Me gusta surfear sólo, es diferente, a veces el cuerpo te lo pide. En el último maretón que llegó a nuestras costas este invierno David entró sólo en Meñakoz con olas de más de siete metros. Le pregunto si eso no fue una gilipollez: Ese día prefería estar solo porque iba a estar más tranquilo, sin tener que preocuparme de nadie. No era un día para entrar y si lo hice fue porque algo fuerte me llamaba para adentro. De todos modos me parece mucho más peligroso Sopelana. Entro allí y me digo: me cago en la puta, qué miedo y qué acojono estoy pasando con puto medio metro. Hay más peligro allí que en Meñaka. Ya si pones seis o siete metros es otra cosa. Respecto a la coletilla del never surf alone de los manuales surferos David lo tiene claro con respecto a sus alumnos: Yo lo único que les digo es que se preparen porque si siguen con el surf algún día les tocará a ellos surfear solos. Únicamente hay que tener la técnica, la cabeza segura y tirar para abajo.

Opiniones desde costas superpobladas

Drew Kampion escritor y articulista surfero, experto conocedor de la realidad surfera californiana porque vive en ella, nos habla de la experiencia de surfear en solitario en una de las zonas surferas más masificadas del planeta:
¡Me encanta surfear solo! Cogí mi primera ola en Malibu el verano de 1962, y no estaba solo. Cogí mi última ola en Malibu en otoño de 1992, y si estaba solo. Era una tarde fría y despejada con una ligera brisa terral. Las olas tan solo tenían un pie y avancé caminando hasta la primera sección, con el agua por la cintura, para esperar la serie. Vino una ola, la cogí en ángulo y me puse de pie. La ola rompió perfecta como una cremallera con tan solo un par de pies de profundidad y terminó en un pequeño cerrón en la cala. Cogí ola tras ola solo. Fue un baño en olas muy pequeñas y perfectas, un baño totalmente satisfactorio.
También surfeé Rincón a solas en los años 60, era bastante, la poca gente que había se largó cuando el viento de la tarde lo dejo desordenado. Cerca del anochecer se puso glassy y las condiciones fueron excelentes — olas pequeñas rompiendo perfectas como cremalleras, discurriendo por encima de las piedras y las barras de arena orilleras. No hay nada más precioso que esos momentos, sensaciones de esplendor en cada ola, simplemente eso y nada más. Nadie con quien hablar, de quien preocuparse o evitar. Nada que decir y nadie a quien ver. Solo tú, testigo de tu fortuna.
He surfeado muchas veces solo con olas revueltas y generalmente lo prefiero a surfear mejores olas con mucha gente. Pero claro, nado comparado con surfear solo olas perfectas y divertidas – verte en un mar de perfección y sólo tú para disfrutarlo. Nada comparable y nada mejor… ¡Excepto surfear esas mismas olas con tus amigos!
Esta última exclamación de Drew Kampion, que casi derrumba su alegoría al surf en solitario, es muy común en la mayoría de los surfistas con los que he hablado del asunto. Según un habitual de Mundaka, lugar donde las sesiones en solitario son poco usuales, el número ideal es tres. Solo sí, pero con amigos mejor. El mejor número para una sesión perfecta es tres. Uno tú mismo, otro que no coja muchas olas y que marque el pico y un tercero para que mientras remonta vea los tubazos que te haces y luego los relate a la tropa. Esta reflexión nos pone delante de una realidad común en muchos surferos: el narcisismo. Que nos digan las excelencias de nuestro surf, creernos por boca de los demás nuestras propias habilidades. ¿Para qué vas a surfear sólo si nadie va a ver lo bien que lo haces, si no hay un notario que certifique y de fe? Pero de eso, que no es poca cosa, hablaremos en otra ocasión.
 

Comments

  1. Surfear solo es una experiencia. Hace un par de semanas pude disfrutarlo en El Pasillo (¿parece mentira no?). Entré un poquito antes de que se pusiese el sol y salí cuando ya no podía ver la punta de mi tabla. Uno de los mejores baños de todo el año. La sonrisa todavía me dura.

    Un saludo,

  2. GUILLERMO says:

    creo que todos deseamos surfear solos, ya sean días duros o fáciles, el surfista siempre está solo frente al mar y si gozas del premio y nadie se ha dado cuenta lo saboreas de manera infinita…

  3. sosmyboard says:

    El surf es mi yoga particular… me encanta surfear solo. Dejas tus problemas en la linea de marea alta al entrar, y al salir algunos ya no estan alli. Yo tambien me he ganado broncas por meterme solo, especialmente de mi novia…. es curioso que le parezca a la gente una temeridad surfear solo, pero sin embargo ir a 130km/h en el coche hablando con el movil y echandose un pitillo, todo a la vez, es algo que vemos a diario…. y nadie dice nada. No es tragico morir haciendo lo que a uno le gusta, no se me ocurre mejor manera de acabar mis dias… como las flores vamos muriendo… reconocer la vidad en cada sorbo de aire, en cada ola que remamos, en cada cerveza compartida, en cada muerte…. ese es el camino…

  4. azuldeultramar says:

    para mi es la mejor sensacion, el oceano yo y nadie mas, da lo mismo si es entrando al agua antes del amanecer, apenas empezando a clarear por el horizonte, si es un secret spot, en una ola mediocre al lado de una buenisima, un dia de olas realmente malas, haciendose de noche o simplemente por suerte, pero lo cierto es que soy absolutamente adicto a surfear solo y es algo que persigo constantemente… eso si, oficialmente no se lo podemos recomendar a nadie… ¿peligroso?

  5. Anonymous says:

    Me ha gustado mucho este ¿ensayo? sobre el surf en solitario. Añadiría a lo que dice Drew Txapeldun que además veas surfear y tubear a los dos colegas que entran al agua contigo. Por lo menos a mi me encanta ver a la gente pillándose olas guapas mientras remonto, y si son amiguetes, pues mucho más.
    Por otro lado, creo que si tienes tiempo libre, el surf solo aún existe. Afortunado tú, si eres de los que pueden. Si no lo tienes, hay que bregar con el baño popular. Como la gran mayoría de la peña, qué le vamos a hacer. Bienvenue mon ami. Brn.

  6. Anonymous says:

    Hola:
    + el surfing es maravilloso
    + hay gente maravillosa pero la gran mayoria es jilipollas y egoista
    + surfear con gente maravillosa es también maravilloso
    + merece totalmente la pena evitar una sesion de surf con jilipollas
    + ayer conocí un niño de 6 años bajo medicación.
    + tambien conozco a un antiguo macarra de mi barrio (un autentico h.p. al que el caballo parece ser que no lo mató) que tiene un hijo de la edad del mio.
    + tengo amigos que solo quieren tener buenos rollos por la vida y no les apetece ver que hay mucho gilipollas.
    + cada vez tengo menos amigos y más historia
    + cada vez sé menos de todo.

    Ba, gracias, willy, por dejarme este sitio para escribir cuatro cosas que seguramente mañana no me pertenezcan.

  7. Willy Uribe says:

    Un placer leeros, amigos.