La palabra

Por un puñado de dólares... Tengo Sitio Libre. Blog de Willy UribeEl viento va y viene, la tierra gira, el sol no para de dar candela y el ser humano está condenado a llenar el bolsillo y el estómago cada día y a dejar patente que eso es maravilloso, o por lo menos interesante. Algunos privilegiados lo piensan de veras, la mayoría lo fingimos y los suicidas dicen que ellos no tragan.
Me encontraba en Hossegor y se celebraba un campeonato de surf. Imaginaros, agosto en las Landas, fin de semana soleado y los europeos de clase media sin un euro en el bolsillo para comprar un billete de avión a Canarias o Baleares. Una piscina japonesa con parada de metro directa al vestuario es una gilipollez en cuanto a densidad humana. Y yo era uno más, claro, y para nada quería sentirme diferente al resto de la manada. Era como si hubiera tirado la toalla y me retirara noqueado a mi esquina, a disfrutar del mogollón de la derrota.
En esas andaba yo, mediocre, indiferente y desangelado, cuando una mañana me acerqué a ver el mar. La duna olía a como huelen las dunas por la mañana y el mar brillaba cepillado por el viento de tierra. Entonces noté que alguien tomaba mi mano y tiraba de ella. Debía estar soñando, incluso algo peor. No había nadie a mi lado, pero mi brazo tendía hacia delante y era obvio que alguien tiraba de él. Acepté las cosas tal y como venían y dejé hacer. Al cabo de media hora, cuando ya me estaba cansando del asunto, la presión de la mano invisible que tiraba de mi mano visible desapareció y esta cayó a mi costado. Miré hacia un lado y vi una masa infinita de pinos, miré hacia el otro lado y vi una derecha con muy buena forma. Tras contemplarla durante un buen rato, bastante perplejo aun en mi sesuda indiferencia, caí en la cuenta de que no había nadie en el agua. Un bañito no me vendría mal, pensé, si es que lograba recordar cómo se pone uno de pie. Pero tendría que volver a por mi tabla y en las Landas los puntos de marea son vertiginosos, y además, ni siquiera tenía una tabla. Pensé que sería trabajo en balde y decidí seguir ausente de todo. Me recosté en la arena para ver cómo las flores se abrían al sol y estudiar las técnicas de escalada vegetal de los caracoles. Incluso cabía la posibilidad de que pensara en lo ocurrido. Extendí mi brazo para apoyar la cabeza y fue entonces cuando la vi, a mi mano, o mejor dicho, la palabra que aparecía tatuada en el dorso de mi mano. Lancé un grito. Mi corazón se detuvo un instante, después se puso en pie y tiró hacia delante si esperarme. Hinqué la cabeza en la arena, inconsciente sobre la duna. Desperté al cabo de una marea. El sol me había achicharrado y el mar estaba roto por el viento, pero en mi mano continuaba tatuada aquella palabra y su significado entraba a machete en mi conciencia.
Logré quitármela de encima en una clínica de Nueva York especializada en borrar los malos rollos que quedan a flor de piel. Me costó mil trescientos dólares y fue una intervención cien por cien satisfactoria, pero en realidad no solucioné gran cosa, porque dentro de mi cabeza, y a todas horas, no encuentro otros pensamientos que los que inspira esa maldita palabra.
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Comments

  1. Espero no verme nunca en esa situacion. Eso significaria vivir lejos del mar , jornadas agotadoras de oficinas y responsabilidades aun peores. Y todo por un puñado de "dolore$". No vale la pena. Surfing life…

  2. Anonymous says:

    ¿La palabra en general o una palabra en concreto? ¿Qué te pone en la mano Billy? ¿Te has tatuado el nombre de tu hija? ¿Pone vida? ¿Pone surf? ¿Pone dinero? ¿Pone palabra? Me ha gustado, bienvenue Bill. ¿Nos tomamos una cerveza, o esperamos a la fiesta del sombrero? Un abrazo. Brn.

  3. Interesante…… Rizal Tanjung lleva tatuado en su brazo "Make surf all days", quiza ponia algo parecido……