Puerto Escondido. Oaxaca.

Los tubos más poderosos de América

Cuando en la playa de Zicatela no había socorristas los ahogados se contaban por decenas. Si en algún lugar del mundo hay una lista de playas peligrosas, la de Puerto Escondido debería ocupar los puestos de cabeza.

Raúl García. Puerto Escondido. Oaxaca. México. WU PHOTO © Willy Uribe

Puerto Escondido es una localidad pesquera que se asoma al Pacífico, destino de turismo interior mexicano, surfistas de todo el mundo y viajeros de paso. Y el mar no hace distingos, aquí se han ahogado turistas, surfistas y algunos viajeros han acabado su trayecto. La peculiaridad que hace a la playa de Puerto Zicatela tan peligrosa es la existencia de un cañón submarino frente a la costa. Eso hace que la fuerza del mar no encuentre obstáculos previos y descargue con ímpetu. Además los fondos de la playa, de arena compacta, están modelados por las intensas corrientes del lugar de tal manera que olas de hasta seis metros revientan en la propia orilla creando unos tubos amplios y poderosos. Pero más peligrosa que las olas en sí, aunque sus labios sean capaces de partir una espalda con facilidad, es la fuerza de las corrientes que esas olas generan. El Pacífico llega a la playa con fuerza y sale de ella de igual manera, siempre por la zona de la orilla donde no hay rompientes, la preferida por los bañistas menos precavidos.

Jacobo San Juan. Puerto Escondido. Oaxaca. México. WU PHOTO © Willy Uribe

El puesto de socorristas de la playa, donde se pueden escuchar cantidad de historias dramáticas, está adornado con placas de cerámica en memoria de la gente que colaboró con sus donaciones para la creación de un servicio tan necesario. Casi todas las placas son de ciudadanos norteamericanos, californianos principalmente. Si hoy en día el nombre de Puerto Escondido aparece en todas las guías de viaje, en los sesenta y setenta hizo honor a su significado. Fueron surfistas californianos en sus viajes hacia el sur quienes descubrieron la excelencia de las olas. En California no habían visto nada parecido, allí todas las olas de calidad rompen sobre puntas de arena o roca, nunca se habían enfrentado a olas de playa de tanta intensidad, ni mucho menos de tubos tan amplios.

Puerto Escondido, un pueblo accesible por avión desde DF o por autobús desde Oaxaca y Acapulco, alberga a pie de playa algunos pequeños hoteles, restaurantes y comercios de artesanía y ropa. Las tiendas de surf también están presentes con media docena de locales. La competición tiene un lugar especial con dos grandes pruebas internacionales al año, ganadas en ocasiones por los surfistas locales, quienes hace años que se convirtieron en excelentes deportistas. Surfear Puerto Escondido con olas grandes presupone una técnica y unas condiciones físicas especiales. Ya de entrada los surfistas van sin invento o amarradera, con olas de cinco metros y rompiendo de esa manera en caso de una caída es mejor que la tabla se vaya lejos. Después hay que nadar y pelear entre murallas de espuma y agua encabritada hasta alcanzar la orilla o, en ocasiones, dejarse llevar por la corriente, salir tras la línea de espumas y alcanzar con tranquilidad las aguas calmadas del puerto. Eso si la suerte o la elección de ola no acompaña, porque no todas las olas son buenas; algunas son muñones de agua sin forma, otras se muestran accesibles al principio y después se convierten en una callejón sin salida. Pero cuando se rema a la ola buena, se baja la pared a gran velocidad y se entra en un tubo casi tan ancho como alto y lleno de luz y de energía, cualquier contratiempo se olvida. Eso es Puerto Escondido para algunos surfistas: la posibilidad de permanecer durante segundos en tubos tan intensos que ninguno de los asuntos terrenos tiene importancia.