Margaret River. Sudoeste de Australia

Toda la fuerza del océano

El sudoeste de Australia tiene frente a sí una inmensa extensión de océano que conecta directamente con el extremo sur del hemisferio austral. En ese vasto espacio, donde se encuentran los océanos Indico, Atlántico y Pacífico, y donde los navegantes miden su pericia y resistencia enfrentándose a latitudes borrascosas con nombres aterradores (los 40 rugientes los cincuenta aullantes) se forman las olas que tiempo después llegarán a romper en costas muy lejanas.

North Point. Gracetown, West Australia. WU PHOTO © Willy Uribe

El tramo de costa comprendido entre el Cabo Leeuwin y el cabo Naturaliste, de cien kilómetros de largo, es una de las primeras tierras que encuentran esas líneas de ola. Fue una costa habitada por la tribu aborigen Nyungar hasta la llegada de los primeros colonos, a finales del siglo XIX. Al contrario de lo que puede sugerir nuestro inconsciente geográfico al asociar el oeste de Australia con una tierra desértica, la zona de Margaret River, a trescientos kilómetros al sur de Perth, es rica en bosques, viñedos, pastos y ganadería bovina. Su relieve es agradable, casi plano, a lo sumo un dulce subibaja entre bosques de eucaliptos, colinas arboladas y granjas muy distantes entre sí. El número de habitantes en la zona llega a las treinta mil personas. Los principales núcleos de población, con Margaret River como lugar más significativo, quedan a más de diez kilómetros de la costa. Y en esos cien kilómetros de litoral hay únicamente tres pequeños pueblos, el resto es una sucesión de playas y arrecifes salvajes poseedores de una belleza total. Un sendero discurre por la costa entre los dos cabos y es posible recorrerlo andando, con una tienda de campaña y una tabla bajo el brazo, pero las posibilidades para surfear aumentan si disponemos de un vehículo, y se amplían mucho más si nos hacemos con un todo terreno.

El surf comenzó aquí hacia comienzos de la década de los sesenta, cuando ya estaba bien instalado en la orilla este del país. No eran más de una docena de surfistas y tenían para sí uno de los mejores lugares del mundo para surfear. La fuerza, tamaño, regularidad y forma de las olas son aquí excepcionales. Hoy en día, aunque el número de surfistas ha crecido, siguen siendo relativamente pocos y la posibilidad de coger olas con muy poca gente es muy alta. Ahora bien, es importante tener los ojos bien abiertos. Esta es una costa salvaje y totalmente abierta al océano, lo que significa que la naturaleza y sus riesgos no dejan de acompañar al visitante. El tiburón blanco en el mar y la serpiente tigre en tierra, son los principales peligros, con estadísticas que lo demuestran. No es recomendable internarse fuera de los caminos y sendas, ni surfear o nadar en solitario. Los surfistas locales, en una estrategia defensiva, suelen rifar para ver quién se queda a ojear las aguas cercanas al pico. Siempre existe la posibilidad de una aparición no deseada.

En el mundo del surf, la zona de Margaret River tiene fama de olas poderosas y nada sencillas de abordar. Lugares como The Box, rompiendo sobre un bajo rocoso que forma un escalón de agua donde los labios de las olas se retuercen y los tubos ganan un metro más de altura, han otorgado esa reputación a base de romper tablas y espaldas. Otros lugares como Boodjidup, una rompiente de playa rabiosa, rápida y con tubos de cristal, Gas Bay, con el arrecife a dos palmos, The Left, grande, peligrosa y alejada de la costa, o Injidup, rompiendo sobre una mullida arena, con paredes largas y una forma admirable, han elevado su reputación. Hoy en día, la costa de Margaret River está entre las cinco mejores del mundo en cuanto a calidad de sus olas. En otros parámetros, como nivel de vida, tranquilidad, compromiso ecológico y otros aspectos positivos, puede que esté a la cabeza.