Globalización surfera

De la colonización a la globalización

Globalización es una palabra contradictoria. Con sólo escucharla pueden encenderse los sentimientos más opuestos. Los movimientos antiglobalización han aumentado en los últimos años en respuesta a un sistema económico que quiere imponerse por la fuerza, ya sea mediante el uso directo de las armas o por terribles presiones a los países y conjuntos de población más débiles. Es curioso, pero podría decirse que quienes más a favor se muestran de la globalización son los menos dispuestos a compartir la riqueza que genera el planeta. Para ellos, globalización significa acapararlo todo. Lo que antes era un sistema colonial (término políticamente incorrecto en la actualidad) intentan colarlo hoy en día como el único sistema posible. Pero eso no es verdad.

Kelly Slater, punta de lanza de estrategias globales de marketing.  WU PHOTO © Willy Uribe

El ejemplo de Francia

Entrando en el mundillo que nos interesa, el surfero, tampoco somos ajenos a esa globalización. Mil y un aspectos nos tienen atado a ella de pies y manos. Francia es un ejemplo importante. Como país colonialista por excelencia, Francia posee o ha poseído territorios en muchos rincones del mundo. El surf francés no sería lo que es sin esas colonias y muchos de sus mejores surfistas no son nacidos en Francia; Micky Picón nació y se crió en Marruecos, Frederic Robin,  y Jeremy Flores son de Isla Reunión, Alian Riou de Tahití, Marie Pierre Abgrall nació en el Congo, Marine Bourroux en Guadalupe y Patrick Beven es oriundo de Brasil, lo mismo que Eric Reviere.  Pero no nos engañemos, eso no es fruto de la globalización, sino una herencia del carácter colonial de Francia. No hay como darse un paseo por alguno de los barrios de París, Burdeos o Marsella para comprenderlo.

¿Se puede hablar de globalización en el mundo surfero?

Las grandes marcas dejan claro que sí. Tanto Quiksilver, como Billabong, Rip Curl, O´Neill, Reef y pocas más han logrado que sus productos circulen por todo el mundo (los suyos y los de imitación) y sean muy apreciados por millones de consumidores, surferos o no. Esas marcas serían para el surfing algo así como el G-7, el grupo de países más industrializados. En otro escalón estaría el resto de marcas internacionales que luchan por hacerse un hueco en el mercado. Ellas serían los países de importancia económica mediana. En tercer lugar están todas las marcas surferas nacionales y locales. Ellas son el tercer mundo surfero y, sin duda, la base del deporte. Son ellas las que guardan una relación más estrecha con los surfistas que entran al agua todos los días. Las grandes marcas, en cambio, cotizando en bolsa, encumbradas en un castillo aislado y de cristal, corren el riesgo de alejarse de su razón de ser: el surfing. La gran fuerza comercial del surf no está en las grandes cifras de ventas, sino en el invisible pero vigoroso tejido que crean los miles de pequeñas marcas del universo surfero.

Adam Tye, de una punta del globo a otra con el respeto como actitud. WU PHOTO © Willy Uribe

Compartir y respetar, la mejor globalización posible

Si llevamos el término globalización a un terreno más apropiado, el del entendimiento entre personas de distinto origen y condición social, entonces el surf adquiere un sentido mayor. Con el surf nos relacionamos, compartimos experiencias, conocemos realidades diferentes. El surf nos impulsa a abandonar nuestros guetos playeros y adorna nuestro camino. Globalización, para el surfista no encerrado en “su” ola, solo puede significar compartir y respetar. Como ejemplo tenemos el de Surf Aid Internacional, una ONG norteamericana que lucha en las Mentawai por implantar una asistencia médica digna. O el de Raval Surf en Barcelona, que trabaja para integrar a chavales con problemas y que usa el surf como herramienta para ello. Esos dos son buenos ejemplos de una globalización bien entendida, lo demás, las estrategias globalizadoras del G-7, el FMI y el Banco Mundial, son nuevas vueltas de tuerca de los poderosos.

Comments

  1. Ponías 2 buenos ejemplos de globalización surfera bien entendida (¿siguen en marcha? Recuerdo haber leído hace años la iniciaiva del Raval Surf y me pareció preciosa). La globalización también se ha notado en la proliferación de viajes de surf (no digo surfari porque eso tenía otras connotaciones más aventureras, ¿no?). Hoy, irse a surfear a Indonesia o Filipinas es como veranear en Santo Domingo con la pulserita del todo incluido. Siempre hemos creido que los viajes de surf eran viajes con alma, diferentes a todo lo que nos venden los touroperadores. No nos engañemos, no hay mucha diferencia: mientras a su alrededor reina la miseria, unos buscan enchuzarse a piñas coladas en la piscina y otros hacerse el tubo de su vida.

  2. Ambas iniciativas siguen en pie, Aitorelo.
    En cuanto a lo de la piña colada y el tubo de tu vida, lo que marca la diferencia es el modo de llevar a cabo ambas acciones.