La búsqueda y la recompensa

Antes de descubrirse como una ola excelente, Lagundry Bay, en Nias, era una bahía más de las miles que existen en Indonesia. Hasta que los ojos de un par de surfistas australianos se posaron sobre ella en un mapa y dijeron: Aquí tiene que entrar un mar excelente. Y fueron hacia allí. Sacrificaron la comodidad de las olas ya conocidas y apostaron por la búsqueda. No fue fácil, casi fue un infierno, pero llegaron allí y tuvieron su premio.

A Mariña. Lugo. Galicia. WU PHOTO © Willy Uribe

¿Quedan olas por descubrir en el Cantábrico?

Salvando las distancias de jungla, kilómetros, manglares, malaria, magia negra, hambre y tribus agresivas, Tony Butt y quien escribe hicimos algo “similar” durante un maretón invernal hace unos pocos años. Por separado, ambos nos planteamos lo que está en la cabeza de muchos surferos pero que pocas veces llevamos a la práctica: renunciar a sesiones seguras en lugares conocidos e invertir ese tiempo en explorar la costa. Antes de salir hice algunas llamadas para ir con un par de surferos, pero todos tuvieron la misma respuesta, que Mundaka estaría bueno. Vete sólo, me dije entonces, sin surferos, sin tablas, dispón todo tu tiempo para patear la costa, mira tras ese acantilado, husmea el socaire de aquella punta, el extremo de ese arenal, esos fondos de piedra, esa pequeña ría. Al fin y al cabo una ola apenas ocupa espacio en una costa tan dilatada y con tantas posibilidades como la del mar Cantábrico. Es muy posible que más cerca de la que pensamos haya una ola que no conocemos.

Todas las olas “cómodas” del Cantábrico hace años que se conocen; parking, arena y tal vez un café caliente después del baño. Son las olas imán, las narcosalas surferas, el reflejo de nuestra comodidad o nuestras prisas. Gracias a ellas un buen número de rompientes quedan a salvo a lo largo de la costa. Esas olas van saliendo a la luz en un lento goteo o tal vez continúen escondidas aún por un tiempo. Las olas son muñecas caprichosas que necesitan ciertas condiciones para ponerse a bailar; fuerza y dirección del mar, fuerza y dirección del viento, marea y un fondo adecuado. Con esos factores en juego las posibilidades son muy amplias.

Tony Butt surfing El Canouco. Asturias. WU PHOTO © Willy Uribe

El Canouco

Supe que Tony Butt, surfista y científico británico, había tenido la misma idea que yo cuando le llamé para que me diera algunos datos sobre un tramo de la costa cantábrica que él conoce bien. Resulta que estábamos a pocos kilómetros de distancia. Él en Burela y yo en Ribadeo. Fue una agradable coincidencia, porque Tony es un buen tío con quien compartir el tiempo, porque se aprende mucho a su lado y, sobre todo, porque para él el surf, además de placer y muchos metros, también significa búsqueda y esfuerzo.

Tras encontrarnos y estudiar el mar y las predicciones, desplegamos un mapa y fuimos concretando objetivos. Al de unos minutos, la posibilidad más destacada era una punta en el Cantábrico occidental con buena orientación para los mares del oeste y del noroeste. Tony la vio muy desfasada dos días antes y yo le confirmé que hace años los locales de esa zona me hablaron de un lugar de olas grandes al que nadie le había hincado aún las quillas. Es el Canouco. No es un nombre inventado, así le llaman los pescadores del lugar. Tras una entrada complicada y una gran remada, lo que parecían olas de metro y medio en la distancia, pasaron a ser de dos metros y medio e incluso series de tres metros. Apenas había luz y Tony sólo pudo surfear un par de olas. No es un buen lugar para quedarte a oscuras. La entrada no es fácil, hay corrientes fuertes que pueden dejarte en una zona de cerrones peligrosos y con el acantilado cerca. Después, tras una remada larga, el campo de juego donde rompe la ola es muy amplio. Las series pueden llegar de un par de direcciones y la ola arrastra mucha agua, chupando con un buen hueco en un par de secciones. Una ola con muchas posibilidades que los tamañeros cantábricos deberían encontrar y marcar en sus agendas.

Big surf. Costa da Morte. Galicia. WU PHOTO © Willy Uribe

Al final hay premio

Puede que hablar de lugares nuevos lleve a algunos surfistas a recelar de este artículo, pero estarían equivocados. El motivo de este trabajo es el de invitar a los surfistas, y tal vez a algunos no surfistas, a ir un poco más allá de lo acostumbrado, a observar mejor lo que nos rodea. El Canouco ha sido para mí un soplo de aire fresco y la confirmación de que aún quedan lugares por descubrir. Este fue el premio principal que me traje de ese breve surfari por el Cantábrico, pero no el único. En Cantabria descubrí una izquierda de roca, fuerte, tubera y maniobrable. En Asturias una derecha mixta de arena y roca, rápida y hueca, muy buena, además de una izquierda en la desembocadura de una pequeña ría. En Galicia, junto con Tony Butt, apuntamos otro lugar con posibilidades para olas de tamaño y otras olas más resguardadas. Todas ellas, al igual que El Canouco, son olas cien por cien surfeables, incluso puede que alguna de ellas haya sido surfeada alguna vez. Pero eso no importa, lo importante de la búsqueda, además del propio camino, es que eres tú quien encuentra, por mucho que otros hayan estado antes allí.

Comments

  1. Muy buenas,la foto de la derecha que descubristeis en galicia es un spot que solemos visitar para surfear tamaño,el invierno pasado surfeamos cerca de 6 metros de ola a remada en eses bajos,me gustaria poder contactar contigo (willy uribe) para saber si sacastes mas fotos a ala ola

  2. Hola, Brais.

    Contactado. Te mando un mail.

  3. Desde luego; ese tipo de experiencias son 100% recomendables. Yo recorrí todo el litoral desde Hossegor a Malpica, en pleno verano sin más que un parte meteorológico y un mapa a gran escala. Ciertamente pude encontrar joyitas (tras kilómetros y pateadas) donde surfear solo o casi solo con un colega. No hablo de olas grandes, pero sí de olas preciosas.

  4. Olas preciosas… tienes razón, hoy las cambio por una tonelada de olas grandes, Miquel.

  5. al canouco los oriundos, la llaman a cascareira.

  6. No lo dudo, Cascareira.

    El nombre de Canouco no nos lo inventamos ni Tony ni yo. Tras salir Tony de ese primer baño le dije que le tocaba bautizarla. No se le ocurría ningún nombre, así que preguntamos a un par de pescadores que iban para las rocas. La punta del Canouco, dijeron. Después, investigando un poco, supe que Canouco es el nombre local de un tipo de algas.

    Y añado un post de Puerto de náufragos sobre la ola, para quien le interese:
    http://puertodenaufragos.blogspot.com/2009/08/historias-de-surf-primer-dia-en-el.html