El parchís de Atacama

El parchís de Atacama, Chile. WU PHOTO © Willy Uribe

Dormíamos en una tienda de campaña junto a una chabola deshabitada, a unos treinta kilómetros de la ciudad Chilena de Huasco. En las colinas que flanqueaban la costa yacían bajo tierra miles de puntas de flechas fabricadas por los indígenas que hace siglos poblaban el área.

–         Puedes ir a buscar, seguro que encuentras algunas – me dijo uno de los dos algueros que habitaban una chabola cercana a nuestra tienda.

No fui porque la caminata era considerable y porque las víboras abundan en esa zona desértica de matorral bajo y seco. De todos modos, si aquellas puntas de flecha llevaban enterradas cientos de años, no encontraba yo ninguna razón válida para desenterrarlas. Las olas fueron bajando en tamaño y los tiempos muertos se prolongaban. Nos echamos unos cientos de partidas de cartas, hicimos kilómetros buscando vértebras de ballena por la orilla, charlamos con los algueros de esto y de aquello y, supongo, algunos nos haríamos unas pajillas tras alguna duna. El tedio en espera de las olas, ese fue el motivo que nos llevó a fabricar un parchís sobre la tapa de una caja de cartón. O mejor dicho, sobre tres tapas de cartón, porque hubo dos fracasos previos. ¿Habéis probado alguna vez a fabricar un parchís sin un modelo delante? Tiene su cosa, tíos, no es tan sencillo, sobre todo en un desierto, donde los recuerdos te traicionan mutando en formas diversas. Lo que eran dos casillas resulta que son cuatro y a aquella bruja que te rompió el corazón a los dieciséis resulta que la quieres con locura y que sus tetas son el doble de grandes.

Dado malo de Atacama.

Finalizado el tablero de juego, nos dispusimos a jugar. Guillermo Alonso manejaba las conchas con agujero, salía de la casilla de Ribadesella y debía llegar a Rodiles. Como surfista  escogió a Kelly Slater. Asier Muniain iba con conchas sin agujero, su casilla era Zarautz, su destino Roka Puta y su alter-ego Shane Beschen. David Sastre, con caracolillos, tenía por casilla la escalera número 10 de Xixón y como meta Rodiles. Se pidió ser Rob Machado. Yo tenía como fichas unos corchitos amarillos, mi base era La Triangular y mi final estaba en Sunset. Por representante elegí a Mark Richards. Como dado usábamos una piedra más o menos cuadrada cuyos lados numeramos con los rotuladores de Sastre, un hombre multifacético.

Decidimos que quien ganara la partida se llevaría el parchís. Tras reñida lucha y con múltiples discusiones sobre la fiabilidad de un dado irregular y caprichoso, fue David Sastre, el hombre multifacético, quien se alzó con el triunfo. Yo, no recuerdo cómo, me llevé el dado. Aún lo conservo. Supongo que David Sastre también conservará el tablero. Incluso puede que en el E-10 Surf Club se echen de vez en cuando alguna partidita mientras Sastre les cuenta cómo les dejé sin tablas en una de las mejores sesiones de aquel surfari a Chile. Cosas del desierto, que te dilata o te encoge a capricho.

Comments

  1. Qué bien vendría bajar un poquito la intensidad de la Wii, de la play, de Facebook, y de un largo etcetera, y jugar más con este tipo de juguetes.
    Imaginación al poder.

  2. Creo recordar ese reportaje jeje que se te jodio el coche en la aldea con todas las tablas encima jejje.Y la foto del parchis (y el parchis en si) es preciosa

  3. ¡Es brutal este parchís! No sé si te acordarás, pero Javi Verano y un servidor nos curramos uno en Puerto Escondido y lo dejamos en el bareto de Playa Zicatela que pertenecía a un italiano (he olvidado el nombre del sitio). El tío no se estiró ni un pelo, no invitó ni a una triste chela. Me pregunto si alguien habrá jugado después con ese conato de parchís.

    Certifico, por cierto, la dificultad de hacer un parchís. En el nuestro faltaban casillas, y las que dibujamos al final eran más gordas.

    Por cierto, ¿quién fué el ilustrador del parchís de Atacama? Los dibus están fenomenal.

    • No recordaba que fuisteis los ceradores del “make-parchis-passing-silly-times”, Aitor, pero con el platazo que nos comimos durante dos semanas no me hubiera extrañado, en vez de un parchís, ver, por ejemplo, una torre de babel hecha con raspas de sardinas.
      Y con esto de Babel, ¿no se llamaba parecido el local ese del que hablas, casa babylon o algo así. De lo que sí estoy seguro es de lo jula que era su dueño.

      Y respecto al ilustrador, myself. Si no aprendí a dibujar olas tras años de colegio e instituto en los que no hice otra cosa…