J.F. Kantera. Tan brusco como su nombre

J. F. Kantera. Poetas Imposibles


Poetas Imposibles. J.F.Kantera. Poeta norteamericano nacido en Florida en 1970 y desparecido en California en 1986.

Norteamericano era su pasaporte, si es que lo tenía, nada más. J.F.Kantera escribió su breve obra en castellano. Fue Miren Kantera, su madre, quien me la entregó.  Once páginas de buen papel escritas por ambas caras y arrancadas de un cuaderno mayor, casi con seguridad un diario. Pregunté por el resto y me dijo que lo había quemado. Lo que me entregaba era por salvar al  menos un recuerdo suyo. Después de todo, añadió con un deje lacónico y desilusionado, no era mal chico.

La poesía de J.F.Kantera es tan brusca como su nombre. Y tan explícita:

Corrómpeme

Ven a mí, dame aire, ábreme

Con tu lengua

Enséñame

Corrómpeme

Que aún sorbo las tetas

Ajadas

De mi madre

Y soy incapaz de negarme

Corrómpeme

Hazlo en el salón

Sobre el sofá, las alfombras

Sobre la mesa

Tu nombre a cuchillo

Corrómpeme

Que la suciedad sea

Gloria, inteligencia, libertad

Contradicción

J. F. K. solo hubo uno

En ningún momento se me pasaron sus iniciales. Kantera por Kennedy. Nada en común, de todos modos. Un apátrida plebeyo contra un príncipe elitista. El motivo de esconder su nombre y el apellido de su padre se debía, según Miren Kantera, a que su hijo aborrecía todo aquello que le dio su padre, y ese todo se reducía al nombre y al apellido, ya que el fulano se largó al cabo de pocos meses de nacer el crío. La J de John y la F de Fenton. El Kantera lo mantuvo, según la madre, porque J.F.K. solo hubo uno y no era cuestión de ir por la vida haciendo el ridículo.

Los antepasados

Con rabiosa escancia

Nos lanzaron al ruedo

Nos dieron memoria.

Abonaron sus vidas

Mierdas de todo tipo

Quien tuvo alma

La usó como supo

Ahora recogemos

Los silos están vacíos

La cosecha latente

Flexada la espiga

Contra el viento

Fue Miren Kantera quien dio el primer paso para nuestro primer y último encuentro. Era una mujer guapa y descarada. No creí de primeras en su intención, que quedara algo de su hijo, pero cuando explicó su propia vida para ponerme en antecedentes sobre el muchacho, intuí que aún guardaba media docena de suspiros de amor de madre. Me dijo que nació en Tampa y que era hija de un pelotari y una dominicana. Seguido añadió una serie de trabajos por diferentes lugares del sudeste de los Estados Unidos. La lista acababa en Miami y justo cuando J.F.Kantera cumple dieciséis años.

Automática la voz

Grabadas las manías

Digitales las expresiones

Comprimidos los asombros

Defragmentada la sonrisa

Soy un componente

Al pulsar

Me apago

¿Cuándo se apagó J.F.Kantera?

Según su madre, en cuando tuvo la edad legal para largarse por su cuenta. Dieciséis años. Como excusa, para ella menor, adujo el que ella se casara con un hombre que ni en sueños incluiría a alguien como J.F.Kantera en el lote. Le pregunté el motivo y ella respondió de seguido. Su carácter le obligaba, iba para delante. Dijo que su hijo, desde los catorce años, comenzó a llevar dinero a casa. No vivían mal, pero completaban la semana de refilón. Tenía que hacer equilibrios de continuo, dijo. El muchacho tuvo buena intención,  quería ayudar. Al principio, y solo algunos días, eran cincuenta o sesenta dólares, al cabo de pocos meses la cifra subió a cien dólares y casi a diario. En una ciudad como Miami ella tuvo muy claro cómo podía conseguir su hijo ese dinero.

Tengo un calendario

De hace cuatro años

Es un as de bastos

Es un as de oros

Él está desnudo

Él con tacones altos

Su madre lo siguió algunos días. Ella cree que el muchacho lo sabía y que le mostraba pistas falsas. Hasta que una tarde le vio subir a una limusina  en Biscayne Bouevard. Esa noche regresó a casa con trescientos dólares y cuando se los ofreció, ella los cogió para tirárselos a la cara. Y al cabo de poco tiempo desapareció. A los dieciséis años, repitió Miren Kantera, como si la cifra fuera un referente, una señal de salida hacia una mejor calidad de vida. Si quemé lo que no le enseño es porque en esas líneas mi hijo no es un poeta, sino un demente, dijo. Dos años después le llegó una carta desde Los Ángeles. La carta guardaba una postal y la postal dos palabras: Estoy bien. Eso fue todo. Ningún contacto más.

Allí estoy

En la vergüenza de tantos

En la memoria

Lejos de lo que debo amar

Desvergonzado

Le pregunté si intentó localizarle de algún modo. ¿Para qué?, exclamó, y quiso ir zanjando el asunto invocando de nuevo a los dieciséis años. Una edad terrible, susurró.  Nos dimos la mano para, segundos después, verla desaparecer tras la puerta del bar donde nos citamos. No he vuelto a saber de ella. Si, en cambio, de J. F. Kantera.

Si una palabra tuya bastará para sanarme

Qué no lograrás

Señor

Con una buena mamada

¿Cómo logró J.F.Kantera mis señas? No encuentro otra respuesta que su madre. Es posible que J.F.Kantera no haya desparecido y probable que no exista. ¿Todo fue un juego, sí? Yo no estaría tan seguro.

Vaciado el tuétano

Desarbolados velámenes

Náufragos dientes de león

Nos dejan sin sustancia

Han sacudido el manzano

Los cestos vacíos

La tierra con mondas


Poetas Imposibles – Puesta en valor de propuestas poéticas imposibles. Énfasis en la sutileza y la furia.
Un programa del Fondo Poético Internacional ejecutado por los Detectives Poéticos.