Surfari del 83. Lanzarote y La Graciosa

Alfonso Escudero, surfista veterano de la zona de Getxo-Sopelana y compañero de Gonzalo Gandarias en la aventura de las tablas de surf Génesis, en la década de los ochenta, narra un surfari en 1983 a Lanzarote y La Graciosa en compañía de los hermanos Gonzalo y Juanma Gandarias y Javi Amezaga, uno de los fundadores de la revista de surf 3SESENTA. Precisamente, algunas de las fotos de este viaje serían publicadas cuatro años más tarde en el primer número de dicha revista.

Surfari del 83, por Alfonso Escudero

En 1983, un surfari a Canarias, Marruecos o Portugal tenia más componente de aventura que muchos desplazamientos actuales hasta el otro lado del mundo. Eran viajes de exploración a los que ibas, como mucho, de oídas.

Las principales hibernadas de surf se hacían al sur de Tenerife. Gonzalo Gandarias, su hermano Juanma, Javi Amézaga y yo, decidimos pasar las Navidades de 1983 en las olas de Lanzarote… algunas de ellas, entonces, todavía por desvirgar. Estos son algunos recuerdos de aquellos días.

Las tablas tardaron en llegar porque me empeñe en enviarlas como mercancía por si las rompían. La insoportable espera nos dio tiempo para explorar la costa: La Santa, La Graciosa desde el mirador, Arrieta… Pero la celebración del cumpleaños de Juanma, unas ruedas gastadas y mis malas artes al volante en un camino de tierra, se conjugaron para dar vuelta de campana al 850 alquilado. El único consuelo fue no llevar todavía las tablas encima.  Cuando llegaron, nos instalamos en La Santa, en una tienda de campaña encajada entre las rocas en una parcelita de arena. Javi Amézaga se compro una cámara y se disponía a sacar las fotos de la primera revista de surf que todavía no sabía que iba a editar.

Al amanecer nos despertaba la música de Carros de Fuego a todo volumen. Resultaba un tanto surrealista. Venía de La Santa Sport, un fortín inexpugnable en el que se encerraban guiris vigoréxicos a los que despertaban a golpe de música.  Allí no había casi nadie surfeando, si acaso, durante las fiestas, aparecía alguien de la capital o de otra isla, como el canario con camiseta roja en la foto de grupo del todoterreno, que fue por allí por fiestas. Trabajaba en una librería en Arrecife o en otra de las islas. Creo que también era nadador o socorrista. Un tío feliz. De la Península estaban “Chanca” y sus dos secuaces asturianos, uno de ellos aprendiendo a surfear. Gente maja.  A “Chanca” le gustaba alimentarse bien y no paraba de comer. En un despiste de un camión repartidor de carne, se descolgó media vaca y se la llevó en su todoterreno pa’ la parrilla. También solía pescar bajo el pico con su arpón. Era la manera de pasarse el invierno surfeando con lo mínimo. En cuanto podía escaparse, también aparecía por allí uno de los empleados de La Santa Sport,  un catalán muy divertido que despotricaba del estricto régimen germánico de la institución despertador.

En La Santa celebramos la nochevieja con una hoguera, algunos alimentos y muchas botellas. El día uno, buenas olas y algún mareo en el agua que mejoró la pesca. Conocimos al auténtico “Quemao”, un pescador que se abraso al incendiarse una lata de gasolina en su bote en la mar. Puso un bar frente al pico; allí comíamos algún día y estudiábamos las fotos de la pared para distinguir olas de otras épocas. Viéndolas, soñábamos poder surfear El Quemao sin saber que se convertiría en mítica. Javi y Juanma la cataron, pero no se puso suficientemente gordo como para tener algo de fondo, por eso preferíamos la izquierda y la derecha de La Santa, que cogíamos hasta hartarnos.

Habíamos oído de las olas de La Graciosa porque Jon Susaeta y Estanis Escauriaza nos contaron que Txema Elexpuru cruzó el canal de El Río remando en su tabla con la mochila en la espalda para coger una rompiente que había visto desde el Mirador. Nosotros, más cómodos, fuimos el barco pesquero que surtía a los isleños de lo necesario por encargo. La mayoría se apellidaba Páez; endogamia obligada. La isla todavía no tenía electricidad y la luz la producía un generador de gasoil con un ruido constante que se apagaba a las 21:00 h. La diversión se limitaba a un par de bares y un teleclub con radio de pilas. La cabalgata de Reyes no estuvo muy concurrida, tres chavales con barbas torcidas, tiraban caramelos a mala leche y con buena puntería desde un todoterreno con cuatro arbustos secos a modo de carroza. La Guardia Civil y el Médico hacían su visita dos veces por semana.

Javi y Juanma probaron otras olas al oeste del pueblo, pero ninguna como las que descubrimos en el norte. Para ver las posibilidades del litoral que no se veía desde la isla grande, nos subimos a la montaña del centro de la isla –creo que se llama “Las Agujas”– ; 200 o 300 metros desde donde se veían todas sus rompientes y desde donde decidimos probar el norte. A la mañana esperamos a que el hijo del panadero hiciera el reparto en el otro todoterreno de la isla y por mil pesetas (seis euros), nos llevó a varios de los lugares donde los pescadores decían que la mar rompía peligrosamente. Allá por la Punta del Hueso, el subidón de encontrar una ola que todavía no tenía nombre. Una rompiente que levantaba rápido en un fondo que cambiaba del azul al negro profundo en una línea cortada que indicaba el sitio de remada.

Del texto y las fotografías de tierra: © Alfonso Escudero
De las fotografías de agua: © Javi Amezaga/3Sesenta

Comments

  1. Se lo imprimo al Chanca veras que risas, un abrazo.

  2. Joer con Escu, es un master. Todavía aparece cuando la izquierda de la Tri rompe con entidad y masa de agua. Da gusto verle, y aún mejor es hablar con él, con esa ilusión que aún mantiene por el surf. Esa foto del take off es brutal. Grande Magoo, bonito relato.

  3. que fotos mas guapas!
    un saludo
    clau

  4. Fotos chulísimas y un relato precioso. La de aventuras que debieron darse en esos viajes. Enhorabuena!!!

    Niegà

  5. Qué envidia no haber existido en esos años… se comenta que son los mejores y… que no volverán. Recuerdos en fotografías que no viví. Una pena.

  6. Muy buenas fotos Willy! Las olas siguen iguales en Lanzarote aunque las tablas y sus gentes se han modernizado un poco🙂

    Un abrazo