La danza de las medusas

Hay un chiste algo sinsorgo sobre donostiarras y bilbaínos que habla sobre quedarse pasmado ante una pecera para acabar imitando el movimiento bucal de los peces. Supongo que es un chiste susceptible de adaptarse a cualquier rivalidad local. Son infinitos y surgen de mirarse con exceso el ombligo.

Con esos antecedentes visitaba yo el otro día el remozado Aquarium de Donosti. Y digo antecedentes porque soy de Bilbao, el aquarium lo regentan donostiarras y acostumbro a quedarme con la boca abierta ante unas instalaciones que ya las quisiera yo ver en Bilbao (pero lo digo de coña, no vaya a ser que a algún paisano le de por aumentar el presupuesto de San Mamés para adosarle la mayor pecera del mundo).

Tras la ampliación y reforma hay elementos novedosos y otros que continúan. Entre los primeros, sobre todo, me gustó el mirador hacia el Cantábrico, la nueva sala para las maquetas navales y los nuevos aquariums. Y entre los que continúan, respiré aliviado cuando nada más entrar volví a encontrarme con la danza de las medusas sobre fondo azul. Un espectáculo. Siempre acabo con la boca abierta y así continuo el resto de la visita.

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