Didac Piquer Puigdemont.

Esta de Didac es una entrevista realizada en 2006 y publicada en el anterior blog y que cuelgo de nuevo por su interés. Didac Piquer, junto a Luis González, es autor del libro Summer Fun, la primera referencia bibliográfica en habla hispana que  relata la génesis, evolución, muerte  y rencimiento del género musical conocido como Surf Music.

Didac Piquer. Salinas Longboard Festival. WU PHOTO © Willy Uribe

Didac Piquer, alma mater de Montjuich Surfboards, es uno de los surfistas catalanes más conocidos. Irrumpió con ímpetu en la escena surfera del cantábrico hace unos años gracias a su verborrea, sus tablones, el personaje de Father Dick y, sobre todo, gracias a un atractivo que sabe esconder muy bien y que sobre todo reside en su conversación. Le visité en su taller de Alella, que además de su santuario, es también un lugar de reunión, birras, música y barbacoa para sus amigos.

Para entrar en materia, hazme una sinopsis de tu infancia y tus comienzos en el agua.

Me crié en la ciudad de Barcelona y en el 91, porque las cosas se ponían caras, nos mudamos a Masnou, un pueblo costero a 15 kilómetros de Barcelona. Con el cuento de que la playa estaba al lado presioné a mi madre para que me comprara un body board. Tenía trece años. Primero cogí olas los veranos, después durante todo el año.

¿Siempre en esta costa?

Sí, siempre en la parte norte de la costa de Barcelona, en el Maresme, vaya.

¿Y el shape, cómo entró en tu vida?

Si yo empecé a coger olas fue porque estaba obsesionado con la música de los Beach Boys y la música surf en general, y como había oído campanas quería saber de qué iba la cosa. Primero con el body, pero sabía que yo quería surfear de pie, con uno de esos tablones que veía en las fotos antiguas. Con 16 años conseguí una Ful & Cas, en Tak Tik, nueva, un ocho y pico, entonces las medíamos por metros y centímetros, unos dos metros y medio. Yo le dije a Paco, el dueño de la tienda, que quería un tablón, eran mediados de los noventa y él me dijo: No, no, tú eres muy joven para ir en tablón, máximo una tabla de dos y medio. Bueno, eres un crío y te dejas llevar por el tío que te asesora, pues vale, además era un buen precio. Me llegó la tabla, yo tampoco tenía mucho conocimiento, la tabla molaba y tal. Empecé a aprender a coger olas con esa y como entonces no había ni la mitad de la gente que hay ahora, tal vez ni una quinta parte, aprendí solo. Y cuando ya le cogí el truquillo, al cabo de dos o tres años, cuando tenía 19, me di cuenta que a esa tabla le faltaba algo, era muy finita, estrecha, con tres quillas. Entonces conseguí la película Endless Summer, cada vez me iba metiendo más en el rollo del tablón, llegaban ciertas revistas aquí y me compraba ciertos libros. Sabía que aquella tabla no era lo que yo quería. Entonces llegué a tener la convicción firme de que si yo pedía a un shaper la tabla que  yo quería, tenía la certeza de que nunca me la iban a hacer: con el grosor que yo quería, el rocker y toda la pesca. Entonces me fui a una surf shop de Barcelona, pedí materiales y como a través de ciertos artículos, revistas y libros, conocía las bases para hacer una tabla, a los diecinueve años me hice mi primer tablón. Completamente retro, pero como lo quería tan, tan retro, por ejemplo no le puse el puente para el leash… para forzarme a mí mismo. Me decía, sin en Endless Summer se les va la tabla a las rocas, a ti también se te tiene que ir. Esa tabla me costó todo un año el acabarla, porque el tema de la fibra y la resina… hoy te vas a internet y encuentras un montón de información, entonces en aquélla época era guiarte por cuatro fotos, aprender inglés para enterarte de qué iba la cosa… y hay cosas que no te las explica nadie, sufrí mucho haciendo esa tabla. Le hice su logo y todo, pero la construí como simple reto personal, nunca pensando en que me iba a dedicar a esto años después.

Tu cultura surfera, sobre todo en cuanto a California en los cincuenta-sesenta, es muy amplia ¿Cómo llegas a ello?

Para explicar y comprender esto, te tengo que explicar un rollo psicológico. Cuando era adolescente era casi agarofóbico. Era muy tímido, en la calle, en el cole, en todos sitios y por ciertas historias ocurridas en mi casa…

Eras un bicho raro.

Sí. La gente que sufre este tipo de historias se encierra en un mundo de fantasía e ilusión para evadirse de la realidad. Entonces mi mundo de fantasía fue meterme en el surf y la música surf, todo ese mundillo, esa cultura californiana popular de los cincuenta-sesenta. En vez de relacionarme con otras personas, hacer amistades, salir con chicas, durante toda mi adolescencia estuve haciendo los deberes que hoy me han servido para montar esto o para escribir artículos aquí y allá. Era mi única afición, coleccionar discos, revistas, enviar cartas aquí y allá. Estuve haciendo mi carrera sobre este tema… y todo se plasmó en las tablas que hacía, en la forma de vestir…

Didac Piquer. Salinas Longboard Festival. WU PHOTO © Willy Uribe

Hay surferos que piensan que en el Mediterráneo pecáis de iconoclastas, casi fetichistas. ¿Es cierto eso, es bueno, es malo?

Desde los veinte años que me subo allí cada verano y sé cómo son los surferos vascos y la forma de ser. Entonces, cuando vuelves a Cataluña, sí que te das cuenta de muchas cosas. Sé que los catalanes tenemos esa cosa fashion y modernilla, ese querer hacernos ver.

Se dice, o decimos: Como tienen pocas olas, tienen que mamar surf por todos lados.

Es verdad. Aunque se lo preguntes a otro surfero y te diga que no, yo creo que es verdad. No sé si es bueno o es malo, pero a veces parece que no lo queremos aceptar, cuando es muy vierto. A falta de olas, cuando no te puedes meter al agua cada día, tienes que estar en casa viendo una peliculilla o enredando en otras cosas siempre relacionadas con el surf. Y siempre he pensado que si aquí tuviéramos olas de verdad, yo no estaría aquí haciendo esto, no estaría con la tontería esta de las tablas retro. Y otras personas que conozco verían el surf de una manera mucho más sencilla e ingenua, sin tanta liturgia alrededor, tanta parafernalia.

Si Barcelona tuviera olas con regularidad sería una potencia surfera. Es una ciudad moderna cosmopolita, activa y con grandes deportistas… pero no es así..

A mí lo que me fastidia un poco, una minicrítica a la cornisa cantábrica, me pasó la primera vez que llegué a Zarautz. Me metí al agua con mi tablón bestial y oí muchos comentarios, incluso gritos. Yo surfeé mis olas allí, muy a gusto, con mi tablón bestial, y cuando iba por la orilla con mi tablón bajo el brazo todo el mundo me miraba como si fuera un bicho raro. En cambio, cuando crucé la frontera y llegué a la Cotte Basque, en Biarritz, vi que ahí no era un bicho raro y que nadie me chillaba. Pensé ¿Por qué a causa de una frontera hay un cambio tan bestial? Eso sí que es como una espinita, que por una frontera haya un chip tan diferente. En cambio, esa diferencia no se da tanto entre Barcelona y el Cantábrico. Eso me fastidia un poco, pero bueno.

En Biarritz te vi vender una tabla a un surfero que trabaja de barrendero por la Cotte Basque.

Creo que de todos los clientes, es de quien estoy más orgulloso que esté surfeando una de mis tablas. Después me ha enviado fotos o le he ido viendo en otros viajes. Me ha dicho que se ha metido algunos días con dos metros y medio y sin leash. La tabla se ha ido contra las rocas, la tabla está completamente machacada y el tío la continua surfeando. Es un placer que un surfer de verdad, entre comillas, lo haga. O Andrea Cerrutti, estoy muy orgulloso un tío tan estiloso lleve una tabla mía. Aunque por otro lado , pienso que el tema de  que amigos lleven mis tablas puede ser un tema de cierto fetichismo, del que peco yo mismo incluso… me mola esta tabla más porque la ha hecho el Didac, o Father Dick, como me quieran llamar, que por otra cosa.

Taller de Didac en Alella. Barcelona. WU PHOTO © Willy Uribe

Bueno, hay mucha gente que se compra un tabla con la R de rusty u otro logo, piensan que la ha shapeado el propio Rusty Preishendorfer y resulta que la ha shapedao una máquina.

Hay gente que le gusta el surf clásico y despotrica de la tabla corta y todo aquello que va implícito, cuando muchos de los que nos gusta el surf clásico pecamos de lo mismo, que si tablas Daniel´s, que si un traje en plan retro y cola de castor… Veo que es lo mismo pero con otros iconos.

¿Por dónde has andado además del Cantábrico y Las landas?

Estuve por California y México en el verano de 2001. Surfeé en Windansea y Malibú, nada más. Ni siquiera llevé tabla, fui de  alquiler y eso fue un handicap bastante gordo. Pero más que nada fui a hacerme toda la costa y visitar o investigar en todos aquellos lugares que en mi adolescencia he venerado y mitificado.

¿Y qué encontraste?

Hice muchas vistas a lugares moteros de los 50 porque también me gusta mucho el rollo ese de la cultura motera. Sí que conocí a bandas de surf de los años sesenta, los Chantais, que seguían en activo,  pero los veías y era como ver a Elvis en su peor época. Bueno,  pero al menos conociste  a esa gente que puede que no fueran en su día, ni menos ahora, muy famosos, pero para mí eran muy importantes porque me crié con su música. Y veía a los mismos con cincuenta y pico años, también conocí a Dick Dale. Pero fue la primera vez en la vida que me di cuenta que conocer a tus ídolos en persona no era ver a dios, sino ver a un tío mitificado que era un muerto de hambre más, como todos. Después he tenido la oportunidad de conocer a otros “ídolos” y esa percepción se ha confirmado. Al final toda esa gente que yo había mitificado eran americanitos corrientes, simples y llanos, con  sus trabajos anónimos, con su casita y eso, y que simplemente habían estado en el lugar adecuado en el momento indicado, al lado de tal o de cual, nada más.

¿Cómo te tomas el marketing tan especial que desarrollas? ¿Lo comercial te echa para atrás, hay que saber tragar? ¿No debe haber un malditismo en el surf y hay que vender?

Subjetivamente no me sientan bien ciertas cosas. Pero si me viene un chaval que lo conozco desde hace tiempo y va con sus camisetas, sus pegatas, su actitud surfer pro, no deja de ser un chaval de quince años y es un buen chaval. Que no es un surfer, sino una persona, porque surfers no hay, hay personas que cuando surfean se convierten en surfers, y cuando conducen en conductores. ¿El tema del marketing? Sí, hay muchas cosas que me joden, pero no porque seas así te voy a cerrar las puertas. Yo hago un poco de pitorreo con estas camisetas y pegatas que me curro con eslóganes como Jode la industria del surf y eso… pero por ejemplo, me llega una remesa de fundas para tablas de la marca equis y las vendo sin problemas. Cuando trabajé en una surf-shop yo decía que era una puta del surf porque trabajaba en una cosa que no me gustaba, pero al final qué mas da.

Un puntazo lo de las estampillas y pins de San Miguelito Dora.

Lo de San Miguelito Dora está un poco olvidado, pero fue un puntazo. Fue la primera cosa que hice, antes de comenzar a hacer tablas, para demostrar que el surf era un poco más que lo que se sabía. Y como aquí de cultura de surf no había ni papa, pues lo de San Miguelito Dora fue una excusa. Primero para hacer el imbécil, y segundo, con la historia de hacer el imbécil, para dar a conocer que hay otras cosas en el surf aparte de Kelly Slater, Joel Tudor y las tablas que se ven en las tiendas. Para poner una semillita y despertar la curiosidad, y aunque no te guste saber que existe, no quedarse en un concepto muy limitado del surf.

Taller de Didac en Barcelona. WU PHOTO © Willy Uribe

¿Cuánto  y cuánto de mal se le ha mitificado a Micky Dora?

Mira, aun hoy en día me fastidia que me venga gente pensando que soy una especie de loco fanático de Dora. Me pones en una frasco de formol el prepucio de Micki Dora y lo tiro a la basura. Y lo que hiciera o dejara de hacer ni lo defiendo, ni le acuso, me da igual . Lo que me gusta de Dora es que siendo un surfer como lo fue, fué  más allá del surf. Aparte del surf en su vida había otras cosas y esa faceta de vividor o de cabron… Mira, a mí hay una cosa filosófica de Dora que me gusta mucho. Las personas siempre tendemos a ofrecer nuestra cara bonita y decir, cuando vas por la calle ¿Has visto que guarra es la gente, que tira mierdas y colillas al suelo. ¿La gente? La gente somos todos y todos tenemos la capacidad de ser guarros. Todos somos justos y pecadores, lo he dicho simpre y no me cansaré de decirlo. No me creo que haya buenos y malos. Y como Micky Dora era un tío que sabía hacer cosas buenas, en su surf lo demostraba y era su parte positiva, pero a la vez era un cabrón. Como personaje dentro del surf lo encuentro fascinante, porque era un surfer cojonudo pero también  tenía la capacidad de ser un cabrón y no esconderse de ello. Aunque tampoco estoy diciendo que se tenga que hacer apología del gamberrismo.

Mira, hay una cosa que me revienta, que es ese gran cliché del surf de aloha-spirit-soul surfing. Es muy tentador, yo lo veo aquí mucho, y yo soy también catalán, pero cuando alguien se mete en el surf a veces creo que se siente obligado a identificarse a lo bestia como surfer. Entonces, como ha oído unos cuantos estereotipos tiene que decir este tipo de mamonadas que si qué guay, que aloha, que la ola perfecta, que si el soul surfing  y yo eso lo encuentro una patochada. Lo piensas bien y parece respetable, pero si hacemos un poco de ejercicio de humildad ves que eso no, que no. Micky Dora le daba una patada en los huevos a todo eso. Y esa parte es la que me gusta de Micky Dora… más allá de que él pusiera esvásticas en su tabla, o que estuviera en la cárcel por no se qué. Te digo una cosa, prefiero un Micky Dora cabrón a otras cosas más postizas.

¿Qué significado tenían esas cruces nazis en el surf californiano? Una pandilla de pijos sin cultura o memoria histórica?

La cruz de hierro venía de antes. Lo que pasa es que el hecho de que la llevara Dora en sus tablas, y los motoristas Hot Roaders en sus cascos y chupas, viene del hecho de que en la segunda guerra mundial… es algo controvertido, no eran nazis…

Eran fascistas.

Tampoco, déjame explicarte de donde viene todo. Cuando Estados Unidos entró en guerra con los nazis mandó a sus tropas a Europa, se ganó la guerra y muchos de los veteranos se llevaron a casa recuerdos de guerra capturados al enemigo, como cascos, uniformes, cruces, puñales de las SS, etc. A su regreso muchos de ellos se encontraron con algo parecido a lo que pasó en Vietnam, que no pudieron reinsertarse en la sociedad. Estaban o demasiados tocados o tenían más ganas de  guerra y la vida tranquila les parecía poco. Entonces aparecieron las bandas de motoristas. Y como una forma de tocar los cojones y transgredir la sociedad carca norteamericana en los años 40, estos motoristas empezaron a llevar esa parafernalia de cascos con esvásticas, insignias de la Lutwafe o cruces de hierro al cuello. Y  al americanito de a pie le jodía mucho ver eso y se decía: Si es esto contra lo que hemos luchado, contra lo que ha peleado nuestra patria americana liberadora del mundo occidental, ¿Cómo estos cabrones que se hacen llamar americanos se van paseando con cruces de hierro? Entonces, a finales de los años cincuenta esa parafernalia se traspapeló a la escena surfer. Es cuando se habla de los surf nazis y tal vez hayas visto películas o fotografías del Windansea Surf Club vestidos con toda la parafernalia.

Taller de Didac en Alella. Barcelona. Love & Glisse House. WU PHOTO © Willy Uribe

Eso era un magma que no alcanzo a comprender. Me parece cosa de gente que no hacía sino exteriorizar su subconsciente.

Hay que mirar las cosas con pies de plomo. No estamos hablando de nazis norteamericanos, estamos hablando de chavales con ganas de dar la nota. Pero no debemos olvidar que la sociedad americana y el surf eran de raza blanca alta y clasista, también había wildtrash, clase baja blanca, que se metían al surf, pero eran los menos y también esta clase, como la alta, siempre se ha caracterizado por mirar a la derecha. Hay que tener en cuenta que la  sociedad USA en los 50 y 60 era fascistoide y carca. Eso sí.

¿Con qué tipo de tabla te encuentras más a gusto?

Te puedo decir el tipo de tabla que hago  más y el tipo de tabla que hago para mí, que es una tabla… bueno, al final llegan a ser lo mismo. Pero debo reconocer que aunque me gusten mucho las tablas de los 50 y 60, una réplica de esas tablas en el agua es más difícil de mover, con esas quillas gruesa, mucha superficie, unos cantos gordos, mucho peso… lo que pasa es que cuando haces una tabla más cerca de los años 65-67, donde los cantos empiezan a ser mucho más afilados, las quillas más estilizadas,  incluso con cóncavo en el nouse, y no tan gruesas, entonces te das cuenta de que te facilitas mucho las cosa en el agua. Entonces ese es el tipo de tablas que hago ahora. Yo ahora me voy a hacer un 9’6’’ e iré por esos derroteros.

¿Father Dick sigue existiendo?

A ver, Father Dick, a mí me consta que en el mundo del surf, cuando me acerqué por el Cantábrico, la gente se quedó con que Father Dick es un tío que se viste de cura, que va pasado de birras, que se le va la cabeza y hace cojonadas…

Pero cojonadas entrañables.

Sí, entrañables, y que a todo el mundo les gustan mucho, o no a todo el mundo. Pero ahora, no se si debido al tema profesional que llevo o a que no me apetece tanto, sacar de nuevo a Father Dick en el mundo del surf no me lo pide el cuerpo. Ahora sí, cuando hacen ciertos festivales de rock, porque en ciertos círculos del rock&roll más rancio de España Father Dick sigue existiendo, si me llaman y me dicen: Oye, que hacemos un festival de  rock and roll instrumental ¿Te puedes venir con toda la parafernalia tuya a hacer el imbécil, las presentaciones y todo eso? Entonces para eso sí voy a hacer el idiota, para eso  sí sigo siendo Father Dick

En la más pura tradición teatral mediterránea.

Eso es, salgo ahí, salga lo que salga, sin guiones. La última vez fui a Madrid a un festival de principios de junio pasado, desfasamos como siempre, salí al escenario y me puse a dar un espich de Micki Dora, que no hay ni papa. Pero hay gente del  rock&roll a quienes les gusta la música surf e iconográficamente están muy abiertos a que les cuentes historias de los mitos y eso. Entonces para eso sí que no hay problema en ser Father Dick. Ahora, en el mundo del surf ya me estoy guardando los papeles.

A tus tablas les llaman los hijos de Didac.

Las tablas que hago son como hijos porque me cuestan mucho de parir. Yo estoy solo en el taller y no tengo quien me ayude. Entre las reparaciones y tal… además, para que una tabla se shapee, se glasee, se pula, se  haga la quilla y de más, cuesta mucho de salir, porque estoy haciendo cosas que nadie me ha explicado, siempre haciendo pruebas, cosas nuevas, y a veces sufro mucho con el parto. Y después las paro y los hijos se van con el primero que pasa, que es el cliente…. cosa que no está mal porque tampoco es cuestión de tener familia numerosa. Sí, son como hijos y cuando se van pues cojonudo, que se vayan con su nueva familia de acogida.


Entrevista realizada en Alella, Barcelona, en 2006.

Comments

  1. Olé por Dídac! Una gran persona y excelente shaper, mi retro fish lo atestigua🙂

  2. los mejores tablones de toda Catalunya como minimo!!una abraçada!!