Proceso de toma e interpretación

La ola de Bawa, una de las más poderosas de Indonesia, aunque rompe sobre un arrecife de coral no lo hace de un modo tan apurado como otras del estilo de Padang, Bingin o Desert Point, donde las puntas del arrecife amenazan de continuo. En Bawa, el peligro más evidente es la propia ola, el poder que acumula en su labio y el torbellino creado por su avance. El fondo queda entre dos y tres metros, más o menos.

Interior. Bawa, Indonesia. WU PHOTO © Willy Uribe

El día que saqué esta fotografía el tamaño de las olas era de tres metros sólidos. Había unas buenas bombas en el pico y el trabajo fotográfico se complicaba debido al movimiento de agua. Las series eran constantes y prolongadas.  El terreno que ganabas a base de duro aleteo te lo quitaba cualquier serie desfasada. En esas estaba cuando llegó una ola grande y abierta. Impactó a poca distancia y tuve que sumergirme, buceé hasta el fondo y me sujete al coral. Si salía pronto, el rebufo de la ola me succionaría muchos metros, si salía tarde, la siguiente ola me cogería sin aire en los pulmones. A mi favor tenía una ventaja, las aguas claras de Indonesia. El punto de luz que aparece en la fotografía fue la referencia que tomé en el camino hacia la superficie, buscando un camino libre de turbulencias. Una voluta de esas te agarra y hace contigo lo que quiere. Así que la luz me guió hasta el exterior y pude tomar aire para volver a sumergirme ante la siguiente ola.

Escribo esto porque hace un par de días recibí un correo de Pablo Díaz. Un amigo suyo le guió hasta aquí (sección olas),  me escribió esto y yo le estoy muy agradecido por contarme aquello que no vi.

Hola, Willy:

Un amigo me ha guiado hoy hasta una de tus fotos–una imagen subacuática de la turbulencia de una ola, abierta por una puñalada de luz–y he de decir que me ha impactado tremendamente.  Llevo media hora hipnotizado por ella… es una de las fotos de olas más intensas y hermosas que he visto, quizás la que con mayor potencia ha sido capaz de transportarme al recuerdo de sensaciones profundas y de gran significado para mí.

Pocas veces forma y contenido simbólico llegan a aunarse de manera tan inapelable como en esta imagen.  Su densidad visual y emocional es tremenda; la carga del óculo de luz desafía toda descripción.  Lleva dentro el laberinto y la tormenta, el dinamismo del cosmos.  Se reviven en ella los anillos del infierno que uno deja atrás y se anticipa el crucero por el cielo hacia lo único que cuenta: la luz.

Creo que es una imagen preñadísima; no le veo fondo.

Disfruto mucho la inicial ambigüedad que su belleza, sin duda, desplegaría ante ojos no habituados a las olas: muchos verían en ella nubes girando en un ciclón, o una nebulosa estelar; quizás incluso una gran cordillera nevada, en el álgido amanecer soñado por un pintor chino, con tan solo su más alta cumbre besada por el sol.

Pero quien ha estado bajo una ola, pronto se ve abrumado por la energía de su vorticidad, de su dinamismo concéntrico y espiral–opino que esa es una de las claves formales de su magia; y determinante para ella, su asimetría, que nos lleva a percibir el campo de la imagen extendiéndose, sin fin, más allá del encuadre–por la densidad de la turbulencia, por el sonido.  Quien ha estado perdido en el fragor profundo de una gran ola y ha sido prisionero de la agitación, la presión y la fría oscuridad, quien se ha esforzado por impedir que el miedo desbocase su corazón y ha tragado saliva una y otra vez para apaciguar el fuego de sus pulmones, quien ha dudado ser capaz de volver a la luz, sabe lo que significa el negro infinito que rodea a esa foto.  Hay en él un instante, más allá del miedo, cuando la distancia aún parece insalvable, en el que uno siente la caricia de una clarividencia que discierne incontestable los valores de la vida; intentando aprehenderla, de pronto, cede la presión y la duda y uno comienza a flotar, a ascender atravesando el azul espiral cada vez más luminoso de la foto, hasta precipitarse vertiginoso como un géiser hacia la luz.  “Dar a la luz” es una expresión verdaderamente hermosa.

Nadie recuerda el sabor de su primera bocanada de aire.  Alguna vez me he preguntado, abrumado por su virginal intensidad al inundar mis pulmones tras cruzar pasajes hermanos de esa foto, si uno podría sobrevivir el recuerdo del primer aire que lo alimentó.

PS.: ¿Te has percatado de que hay varias caras en tu foto?

Comments

  1. HOLA WILLY!!

    precisamente quería yo comentar contigo, mas que comentar solicitarte informacion sobre tu experiencia, sobre este tema.

    podrías, si no te importa, enviarme un mail a la direccion que te ha quedado registrada en esta contestacion como mi correo electronico, 1000 Gracias!!!!

    ten en cuenta que te voy a soltar una cuantas preguntas, eh!! ejejej

  2. una de las mejores fotos que he visto, simplemente, jaaaaaarto, especialmente si eres surfer. Muy bueno willy,dale duro al click viejo rockero

  3. Joder, me he kedao pasmado viendo la foto y luego leyendo el bonito texto que te han enviado. También con la historia, como te dio tiempo de pensar que tenías que salir por la luz, hacer la foto, subir, respirar y luego volver a bajar. Sin duda admiro tu valor y sangre fría ante una situacion así.

    Un saludo mediterráneo!
    Antuan

  4. Intensa la sensación que provoca la foto…y profundo el comentario posterior….enhorabuena por la reacción en cadena¡

    • bufffffffff

      hufffffffff

      el otro dia me recogio una que no seria ni de un metro y me dio un paseo, se me lio el invento y no podia usar las piernas (que importantes son para volver a la luz…).

      Leo al compi con ansiedad y a la foto no le vi el detalle del hueco.

      Huffffffffff

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