De pozos y castillos

Castillos de arena

De no haber tenido una hija, uno de los muchos buenos momentos que habría perdido es el de los castillos y la construcción de embalses. Sin una criatura cerca, resulta extraño contemplar a un adulto clavado de rodillas en la arena húmeda, entregado a su tarea con fervor y deleite. En mi caso, creo que podría llenar el Nou Camp con la arena que han movido mis manos.

–         Joder, Willy, vaya pozo que te has currado – me dijo hace unas semanas un amigo que iba hacia el agua para surfear un poco.

Era un señor pozo. Unos seis metros de ancho por tres de fondo y con una profundidad máxima de palmo y medio. El muro de contención era firme, con refuerzos de maderas y piedras planas.

–         Tendrías que haber visto el castillo que hicimos ayer – dije, mirando a mi hija para buscar su aprobación.

–         Era enorme, aita.

Mi amigo, que no tiene hijos, nos obsequió con una sonrisa, se colocó el invento y remó hacia el pico. Era un castillo en forma de ele, con foso, doble muralla, baluartes defensivos, puente levadizo y torre del homenaje adornada con pequeñas conchas blancas. A unos cincuenta metros de la muralla meridional se tendían los campos de labranza, el molino y una aldea. Lo levantamos durante la bajamar. Al cabo de unas horas, las primeras oleadas enemigas llegaban al pie de las murallas. Pocos minutos después, dos olas montadas, sin reflujo que las frenara, barrieron la fortaleza y la aldea hasta sus cimientos.

Al pozo que elogió mi amigo, con una pizca de compasión hacia la figura paterna arrodillada y la alegría de contar uno menos en el agua, también le sucedió lo mismo. Y a los nombres que escribimos con un palo en la arena de la marea baja, también. Y a las huellas que dejamos en la orilla, tan hermosas y llenas de significado. Todo se lo lleva la marea. Todo menos el recuerdo de los buenos momentos.

Comments

  1. Los hijos nos hacen sacar al niño que todos llevamos dentro, nos hacen olvidar la vida de adultos, son naturales, sinceros y directos, son un bálsamo.
    Deberíamos ser más niños, nos iría mejor en la vida.
    Saludos

    • Ya es tarde para recrear nuestras infancias, pienso, o al menos para cortar la cuenta atrás, pero estoy cien por cien con lo del bálsamo.

      Un fuerte abrazo, Gonzalo.

  2. muy bueno, pedazo de aitatxo.

  3. ¡Me ha encantado! Echo tanto de menos las arenas compactas de nuestra costa. En Madrid tenemos los parques de arena, que no son más que viles y sucios placebos. Aunque empapes la arena, las estructuras se derrumban con facilidad. Además, al final del proceso constructivo acabas rebozado de polvo, como salido de un duelo en OK Corral. En fin…

    Un abrazo lleno de nostalgia

    A.

  4. A mí este verano me quedan también unos cuantos castillos. A ver quién conquista más. Un beso y pasa un buen verano, hasta la vuelta del taller

  5. Prueba a echarle arena empapada chorreando por los dedos, queda muy “gótico” o quizás como el castillo de Drácula, y es agradable sentir el barrillo escurriendo entre los dedos…
    A disfrutar del verano. Besos,
    Marga