Surf menú

Qué, dónde, cuánto y cómo se come en un surfari

Pescado fresco de arpón y de anzuelo. WU PHOTO © Willy Uribe

Según los manuales de nutrición deportiva, se debe establecer el régimen adecuado de alimentación dependiendo del deporte que se realiza y del momento en el que se realiza. El objetivo es lograr un óptimo estado nutricional y las reservas de energía y nutrientes que permitan encarar con garantías cualquier esfuerzo. Los alimentos energéticos son los más importantespara los deportistas. Aportan al organismo hidratos de carbono y ácidos grasos utilizados como fuente básica de energía: pan, galletas, patatas, cereales, pasta y arroz, chocolate, frutos secos y aceites vegetales. Les siguen en importancia los alimentos reguladores ricos en fibra, minerales y vitaminas: verduras, frutas, hortalizas y legumbres. Por último los alimentos plásticos: carnes, pescados y huevos, encargados de aportar proteínas.

Este artículo no tiene ninguna base médica o científica y quien lo firma acostumbra a pensar más con el estómago que con la cabeza, como se demuestra a continuación. Más bien, su utilidad sería la de dejar caer que, por muchos conocimientos de salud y alimentación con los que abordemos un surfari, las olas mandan y son capaces de tenernos contentos con tan solo un par de bocatas de jamón y queso al día.

Recursos naturales saludables en el Cantábrico. WU PHOTO © Willy Uribe

Indonesia ¿Estaba sano el cerdo?

Llevábamos tres semanas en Indonesia comiendo arroz, pescado y verduras y mi organismo, acostumbrado a una dieta occidental rica y abundante en todo – tal vez demasiado abundante -, soñaba con comer carne. Las dos últimas semanas habíamos disfrutado de unas olas de ensueño, pero ya se habían acabado y al desaparecer su magia el hambre impuso su ley en mí. Volvíamos de las islas Hiinako. Cruzábamos Nias de sur a norte y después nos quedaba Sumatra. Debía comer algo “sólido” cuanto antes. El trasto en el que viajábamos tuvo que desviarse porque la carretera estaba cortada por desprendimientos y se internó entre pistas embarradas y pequeñas aldeas casi perdidas para nosotros. Llovía torrencialmente y estábamos cansados y hambrientos. Yo intentaba disimular un hambre que comenzaba a hacer daño a mi estómago. Lo estaba consiguiendo cuando el vehículo paró ante una fonda destartalada al pie de la pista. Una docena de personas comían en silencio bajo unas tejavanas de zinc. El menú consistía en una sopa de arroz y verduras. Pero había algo más.

En un pequeño cuenco de plástico viejo me sirvieron un trozo de cerdo. Sólo un pedazo de carne dura bañado en una salsa marrón y espesa que decía: no me comas, soy peligroso. Mis compañeros rehusaron y se contentaron con la sopa para contemplar en silencio cómo yo me disponía a comer ese pedazo de carne. Me lo pensé un poco cuando eché un vistazo a las mesas y comprobé que todos comían sopa. Al fondo del establecimiento se encontraba la cocina; oscura y humeante como una pesadilla. ¿Estaba sano el cerdo? ¿Cuándo mataron al cerdo? ¿Cómo conservaron al cerdo? ¿En qué condiciones cocinaron al cerdo? ¿Qué era la salsa que acompañaba al cerdo? Nunca me lo he pensado tanto ante un plato de comida. En realidad jamás lo hago. Pero aquella vez las condiciones eran harto sospechosas y las miradas de mis amigos, atentos a mi decisión, convirtieron la escena en un duelo: mi hambre contra el sentido común. Tenía en contra todos los consejos existentes sobre alimentación en áreas tropicales, a favor sólo mi hambre. Al final, saqué mi navaja y corté y comí aquel pedazo de carne apartando en lo posible la salsa. El trámite apenas duró un minuto. No pensé ni en el sabor, ni en la textura de aquel pedazo de cerdo. Sólo en las proteínas que me aportaría.

¿Hice bien o jugué a la ruleta rusa? Durante tres días, el tiempo que nos quedaba de viaje para regresar a casa, estuve expectante ante una posible diarrea que finalmente no se produjo. Pensé que mi estómago la aguantaba todo, y así ha sido hasta la fecha. Pero sé que mi exceso de confianza me pasará factura algún día.

En la zona rural de Marruecos es difícil comer mal. WU PHOTO © Willy Uribe

David Sastre. La pasta revuelta entre una mala salsa de tomate…

La verdad es que lo llevo bien con la comida cuando voy de surfari. Me adapto muy rápido y no tengo problemas; aunque reconozco que soy un poco tikismikis a la hora de comer. No como pescado, ningún tipo, ni crustáceos, ni marisco. Por nada en especial, simplemente no me gusta. Pero como ya he dicho me conformo con casi cualquier otra cosa, soy muy básico a la hora de comer y estando de surfari lo primordial es el surfing, si el surfing es bueno comeré lo que sea y lo que más emergía me aporte para alargar las sesiones lo máximo posible. Suelo perder algo de peso, no demasiado. Cuando estoy de surfari no paro quieto, sobre todo si estoy en un sitio nuevo. Me gusta verlo todo, ir de aquí para allá y experimentar con lo que me rodea, además siempre se hace mucho surfing. Esto me hace perder algo de peso, no el cambio de mi rutina dietética o gastronómica. Por mucho que eche de menos una buena fabada o un buen filete de Xatu Culón.

Lo más asqueroso que he comido, y nunca lo olvidare, fue la pasta revuelta entre una mala salsa de tomate en lata y algo parecido al atún, con un olor intenso y un sabor que prefiero ni recordar. Un menú que se repetía a diario en el “Nasrruali”, barco en el que recorrí los atolones al sur de Maldivas. Las olas, las sesiones, la compañía y los desayunos fueron espectaculares… pero las comidas marcaron mi vida.

En cuanto a lo más delicioso…  me quedaré con un garito o restaurante en el que cenaba a menudo en Hawaii. Un brasileño situado a escasos metros de Pipe. Un tótem enorme recibe tu llegada al aparcamiento y un ambiente que, bajo el intenso manto de estrellas y las calurosas noches de Hawai, te hace recordar la magia que la isla desprende y lo afortunado que eres por sentirla desde dentro. Comida fácil y deliciosa en menús acompañados con batidos de frutas tropicales recién exprimidas. Menús con nombres como “Triple Crown”, “Sunset Beach” o “Pipeline Master”. Buen ambiente, buena música y una propietaria encantadora “DE TOMA PAN Y MOJA” ¿Qué mas se puede pedir?

Aritz Aramburu. Menú ideal

Cuando estoy fuera de casa todo es muy variable segun al pais que viaje. Puede llegar a ser una pesadilla el encontrar algo que me de la sensacion de que sea sano. Normalmente suelo empezar el dia con unos huevos revueltos con un par de tostadas, unos cereales en un tazon de leche y un zumito ‘’no casero’’ para empujar todo lo dicho. Despues del primer bañito del dia algo de fruta fresca o frutos secos me satisfacen bastante. Para la comida y la cena me gusta mucho comerme una buena ensalada acompanado de carne o pescado. El arroz y la pasta tambien suelen ser muy comunes…

Restaurante callejero en Lago Toba. Sumatra. Indonesia. WU PHOTO © Willy Uribe

Eneko Acero. Comida, entrevista y cafecito

Eneko Acero lleva más de veinte años rulando por el mundo con una tabla bajo el brazo y su experiencia es muy amplia en cuanto a alimentación en los viajes. Le propusimos estas diez preguntas y las respondió durante su última estancia en Hawai, supongo que ante un plato de sushi o cualquier otra delicatessen – Eneko es un amante de la buena cocina y sabe apreciarla –  o tal vez ante un simple plato de pasta o una pechuga de pollo de laboratorio – porque Eneko también sabe tirar con lo que haya.

¿Cuánta pasta has comido a lo largo de todos tu viajes?

La verdad es que toneladas, pero como es energética y muy fácil de cocinar, es un alimento muy cómodo para los viajes.

¿Qué es lo que más echas de menos, en cuanto a papeo, en los surfaris?

La verdad es que cuando viajamos por ahí, también se come de lujo, pero la comidita de ama es la comidita de ama… ¡Una buena tortilla de patatas!

¿Qué es lo más asqueroso que has comido en un surfari?

Me acuerdo una vez que viajaba con John Franks y mi hermano Kepa, de Perth a Margaret River, y paramos a mitad de trayecto en el típico “take away” australiano. Nos sirvieron unas hamburguesas que olían a podrido… a los tres nos entraron arcadas, fue realmente asqueroso.

Hacer un surfari y comer mal, puede pasar, pero llevar 20 años viajando… ¿Cómo planteas tu dieta viajera?

Creo que en ese sentido llevo una dieta equilibrada. Cuando viajo me suelo alimentar a base de cereales, pasta y arroz, principalmente. También carne blanca y verduras. Lo bueno es que hoy en día, cuando viajas, encuentras de todo.

¿Se abusa de la comida basura en los surfaris?

Hay gente que sí porque, claro, es comida rápida y todo lo consigues al momento. No tienes que hacer compras ni cocinar… y nosotros siempre hacemos compras y cocinamos.

¿Sale caro comer bien y sano estando de viaje?

Creo que si vas al súper y cocinas te lo puedes hacer muy económico. Pero salir a restaurantes y comer sano, es muy caro hoy en día.

¿En qué destino has comido peor y en cual mejor?

Creo que los peores sitios para comer son sobretodo los continentes que utilizan mucho la comida basura o fast food: Norteamérica, Inglaterra y Australia. Por el contrario, en Asia se come mucho mejor y más sano.

En Galicia los percebes tiemblan cuando te acercas por allí ¿El marisco es tu debilidad?

La verdad es que Galicia es una gozada por todo; la gente, las olas y cómo no, la comida. El marisco, el pescado… sí, la verdad es que los últimos años me he pegado unos cuantos buenos atracones de percebes. Aunque la última vez comí tanto que estuve mal de las tripas unos cuantos días.

¿Se come bien en los boat-trips?

Hay de todo, pero creo que en general se come de lujo. Las veces que he estado en Indo siempre he comido de lujo, y el año pasado en Maldivas también comimos muy bien… aunque un poco picante.

¿Y tu relación con el café? ¿Es cierto que llevas una cafetera de bolsillo en la maleta?

En mi casa siempre hemos sido muy cafeteros. Kepa y yo, cuando viajamos, siempre sacamos tiempo para tomarnos el cafecito de la tarde. Es una manera de pasar el tiempo y hacer un poco de tertulia. ¡El café por la mañana y por la tarde es sagrado! De hecho, ahora que estoy respondiendo estas preguntas me estoy tomando un coffe. En cuanto a lo de la cafetera, he dejado de viajar con ella porque ahora, afortunadamente, hacen buen café en todos los continentes.

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