Los que hemos amado. Nueva novela de Willy Uribe

Los que hemos amado, de Willy Uribe. Los Libros del Lince, 2011.

La nueva novela de Willy Uribe, Los que hemos amado, es una espléndida  confirmación de la carrera narrativa singular de un escritor cada vez más reconocido por críticos y lectores. La obra de Uribe ya ha sido premiada con el Silverio Cañada en la Semana Negra de Gijón, y otra de sus novelas fue finalista del Premio Tusquets.

Su narrativa se distingue por su extraordinaria economía de medios, diálogos eficaces, ritmo trepidante, nada que no sea la pura historia… al menos en apariencia. Y un calado mucho más profundo de cuanto percibe el lector en un primer momento. Uribe cuenta sus historias con un estilo que parece directamente vinculado a la gran narrativa norteamericana de la Generación Perdida.

Por todo eso, las novelas de Uribe se leen de un tirón, pero no se olvidan fácilmente.

Dice Martin Scorsese que: “el cine negro siempre ha contado la misma historia: lo deprisa que un hombre corriente puede desviarse de su camino, y lo terrible que es el castigo”.

Así ocurre también con las novelas de Willy Uribe, y sólo en este sentido son novelas negras. No hay aquí un muerto en la primera página, ni un detective que busca al asesino. Nunca se sabe del todo quiénes son los buenos ni quiénes los malos, porque en esta clase de literatura la frontera que separa ambas categorías es muy fina, y estas distinciones parecerían simplificaciones. No hay tampoco costumbrismo, ni casi ninguno de los aderezos que pueblan la novela policial corriente. Sino una investigación narrativa en torno al mal, la tenue frontera que separa la inocencia de la culpa, la construcción de una atmósfera que se va haciendo tenebrosa poco a poco, que no mima los buenos sentimientos del lector sino que los pone en entredicho.

Fue Ramiro Pinilla quien me habló de Uribe hace unos años, cerrada la grabadora en la que registré una entrevista que le hice para Xl Semanal, cuando nos pusimos a hablar de novela y nos sorprendimos coincidiendo en lo que nos gustaba. “Tienes que leer a un chico que viene a mi taller”, me dijo. Y así lo hice. Poco después le publiqué su primera novela.

De modo que para Willy Uribe y para mí esto es un reencuentro, ya que a lo largo de los años de mi trompicada vida profesional reciente le he publicado tres libros en otras tantas editoriales (Nanga en leqtor; Sé que mi padre decía en El Andén; y Revancha en Ámbar). Estuve una temporada en el paro y, cuando Los libros del lince era apenas un proyecto, le aconsejé que se presentara al Premio Tusquets de Novela, y quedó finalista con Cuadrante Las Planas.

En Los libros del lince publicamos ahora la primera novela que ha escrito desde ese triunfo, y en otoño reeditaremos Sé que mi padre decía, actualmente inencontrable tras el cierre de su primer editor.

Los que hemos amado cuenta la historia de dos chicos de Getxo que viajan al sur de Marruecos buscando olas grandes, buen costo y algún remedio para el aburrimiento. O tal vez huyendo de no sé sabe muy bien qué. Del tedio, sí, pero seguramente de algo más. Antes de la partida ocurren ciertas cosas. Una chica se tira de lo alto de un acantilado, otro conocido aparece muerto en las vías de un tren. La atmósfera narrativa es todavía luminosa, pero hay algunos elementos que la ponen en entredicho. Por ejemplo, la peculiar relación entre los protagonistas: Eder es de buena familia, rico, y tiene un carácter dominante. Sergio no sabe ni quién es su padre, y es pobre, sumiso, y bastante ingenuo, aunque más valiente para las olas grandes que su amigo Eder. Si les unen las olas, hay cosas que les separan. Como dice el narrador, “el dinero de los ricos habla por sí solo, pero el de los pobres necesita una explicación.”

Finalmente, lo que empieza como una historia de aventuras, un viaje de iniciación, va complicándose hasta convertirse en una trama de engaño y codicia, mentira y traición, pero también en una peculiar historia de amor.

De nuevo, pues, una gran novela de Willy Uribe.

A mí me entusiasma su manera de escribir, y su capacidad de hacer sencillo algo tan difícil como construir una gran historia absteniéndose de hacer comentarios sobre ella, dejando que la propia historia diga lo que él tiene que decir. Como escritor y como ciudadano.

Saludos,

Enrique Murillo. Editor de Los Libros del Lince.