Sobre grafiti y grafiteros

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Tengo algunas fotos de grafitis tomadas junto a la estación de Metro de Astrabudua, en Erandio. El tipo de lugares que no aparecen en los recorridos turísticos de Bilbao. Arte callejero de extrarradio. Editando las fotos he pensado que le podría ir bien un texto. Como no sé de grafitis ni de grafiteros, y me da una pereza de cojones empezar a investigar, he decidido entrevistarme a mí mismo en el papel de un grafitero crepuscular llamado Burgos.

Estimado Willy:

Insistes en pedirme unas líneas sobre grafiti aunque te he advertido que jamás he escrito sobre ello. También vuelvo a comentarte que no me parece correcto documentar un artículo sobre grafiti recurriendo al primer grafitero que te sale al paso, pero viendo que tus conocimientos del asunto son escasos y que acabarás recurriendo a Internet, me he decidido a escribirte algo siguiendo a mi bola el cuestionario que me enviaste.

No fue la creatividad lo que me puso los colores en las manos. Sucedió al revés. Un día me encontré un bote de spray y al apretar el botón la creación comenzó a crecer en mi interior de un modo consciente.

Nací en un tren que permanecía bloqueado en la vía a causa de una nevada. De algo así pueden extraerse un sin fin de presagios. Sin embargo, no deja de ser una anécdota. Sucedió en Pancorbo, camino de Bilbao. De ahí que me llamen Burgos. Me gusta porque juega al despiste y, además, como mi verdadero apellido está lleno de zetas y equis, acorto un huevo con la firma.

Aprendí a pintar copiando. Pero no un copio-pego ramplón, sino una copia que trata de variar e interpretar el original. Y también gastando spray, claro. Muchos botes, mucha pasta.

Veo la calle como un lienzo. La ciudad es una galería libre. Busco una tapia, un muro y les doy un toque. Cuando me largo he dejado algo. Generalmente trabajo en lugares apartados de zonas industriales y extrarradios de la ciudad. Es donde me siento más a gusto. Mi cuerpo se siente parte de esa industria. Irme a Neguri a currarme un grafiti no lo veo por ningún lado. La aristocracia tiene sus museos en mansiones, de puertas para adentro. Lo que yo hago, en cambio, no sabe de puertas.

El muro de Facebook, las licencias Creative Commons, el gusto por compartir, las redes sociales. Todos esos son conceptos que los grafiteros ya manejábamos en los 90.

Uno de los mayores placeres que me permite el grafiti es el de ver envejecer mi trabajo. La humedad, la contaminación, la vegetación, el sol y la lluvia, van completando mi tarea hasta que el muro lo tiran, o se viene abajo, o… y esto es lo mejor, vienen otros y pintan sobre ello.

He pintado mucho por Bilbao, claro, es la ciudad donde vivo. De cuando en cuando visito Berlín, Londres y París, aunque nunca he visto la Puerta de Brandenburgo, el Big Ben ni la Torre Eiffel. Son ciudades tan grandes, con extrarradios y zonas industriales tan interesantes que nunca llego al centro. También me gusta mucho trabajar en la zona de Avilés, en Asturias. Sobre todo porque mi siento como en Bilbao, con la ría a un lado, los altos hornos, los barcos mercantes, el tráfico pesado, la zona vieja para tomarte un vino y unos pinchos. Como ves, asfalto y spray al ritmo de la marea.

Jamás me he planteado vivir del grafiti. Sería un suicidio. Curro en una panadería industrial y ahí estoy muy calentito. Sé de gente que hace algo de muralismo subvencionado, pero desconozco si les da para vivir. Con el grafiti puro y duro nadie piensa en hacer dinero. Absurdo del todo. Los tiros van por otro lado.

No estoy al tanto del tema grafitero en Internet. No tengo blog y las fotos que saco de mis trabajos solo las enseño a unos pocos colegas. Me gusta ir por libre sin hacer ruido. También me gusta que me llamen Burgos y que me tomen por un tío raro, que se confundan conmigo.

Los rostros funcionan cuando te sientes observado. Los ves atrapados en la pared y sabes que no hay posibilidad de rescatarles. Son rostros condenados a permanecer en el muro porque forman parte de él. Siempre guardan un punto de tristeza en la expresión.

No creo en la posteridad. Soy efímero. Lo que queda, y por poco tiempo, es el grafiti. El impacto que pueda tener es difícil de valorar. Ese camino junto a las vías del tren en Astrabudua, por ejemplo, ¿cuántas personas han visto estos grafitis desde el tren a lo largo de estos años? ¿Qué les han sugerido? ¿Cómo se han incorporado estas imágenes a sus recuerdos y de qué modo pueden surgir, al cabo de cierto tiempo? La ciudad es una sucesión vertiginosa de imágenes. Todo suma.

La de Astrabudua es una excelente galería de grafitis. Avanza junto a la ría de Bilbao entre industrias, escombros y maleza, y finaliza en lo que debería ser un río pero más bien parece una cloaca. Ahora está un poco dormida, pero ha tenido momentos cojonudos. En Astrabudua y Erandio siempre ha habido buena mano y buenas ideas.

Sobre lo de Banksy, creo que es un pequeño genio. Ya me gustaría tener su inteligencia y su capacidad de aunar grafiti y realidad. Es un poeta. Yo, en cambio, soy un grafitero del montón que no hace nada por destacar. Ni siquiera me gusta la música que se supone escuchan los grafiteros. Si te digo que me paso el día escuchando a Edith Piaf y Leonard Cohen.

La cosa del espacio para trabajar ha mejorado. En Euskadi los muros y las tapias siempre han sido lugares de culto muy concurridos. Encontrar uno vacío y trabajar sobre él oscilaba entre el milagro y la herejía. Por supuesto, el grafiti acostumbraba a ser visto y no visto. A veces no pasaba ni una hora y ya habían puesto encima un montón de carteles y un par de pintadas. Ahora, como por una pintada de Gora ETA te mandan al talego, el asunto ha mejorado un poco. Además de que hay menos grafiteros, claro. De todos modos, como somos una sociedad mucho más limpia, más ordenadita y llena de abogados, tampoco es como para echar cohetes. Depende de dónde te pongas a pintar puede salirte caro. El grafitero siempre ha tendido al extrarradio, a lo humilde. Es su sustrato. Vive el barrio, se viste de barrio e interpreta el barrio, características que son un imán para la policía y las leyes sobre el decoro urbano.

No me veo muchos años más en esto. En realidad ya estoy viejo para el grafiti, que es un poco como el skate: todo el día dándote de hostias contra el cemento. Mejor me voy preparando para dejarlo. Creo que los cuarenta será una buena edad. ¿Después? Tal vez echarme novia, o comprarme una moto, o hacerme con un montón de buenos libros y leer. O las tres cosas. Y también tener un hijo y enseñarle algún día las fotos de todos mis grafitis para que flipe y pueda preguntarme: ¿Veinte años pintando tapias, viejo? ¿Para qué?

Atentamente,

Burgos.

.Galería fotográfica. Grafitis en Astrabudua, Erandio.

Comments

  1. Las fotos me fascinan y el texto es sublime…aunque, sinceramente, excesivamente poético y reflexivo para un grafitero (¿O será que yo me muevo entre imágenes e ideas juicios plagadas de prejuicio?) Me ha gustado mucho.
    Gracias Willy.
    P.D. Comparto ternura y poesía:( “¿Para qué?”) seguro que “el para” tiene respuesta …”el qué” …es una interrogante.
    Saludos,

  2. Me gusta mucho.Lo he leido bastantes veces.Me hace un cosquilleo en el hipotalamo o por ahi…me veo dentro y no soy grafitero.Me saco el gorro.

  3. Me ha gustado mucho el texto, y como lo has planteado.
    Aunque tampoco creo que el grafitero común se exprese de esta manera, he conocido a alguno muy capaz de mostrar con palabras sus pensamientos, atinando y exteriorizando con cada una de ellas.
    Las fotos también son muy buenas, y me gusta verlas por aquí, ya que suelo observar los grafitis siempre que uso el metro.
    Muchos de esos murales se han ido quedando viejos, y más de uno ya habrá superado el lustro. Estaría muy bien que surgiese una generación verdaderamente inspirada, con ganas de expresarse de esta manera, y reivindicar la prevalencia de este tipo de expresión de calidad.
    Gracias por compartir!🙂

  4. Aupa ,soy un dinosaurio graffitero..obviamente si alguien quiere vivir a base de ese “arte” vandalico (copia del bronx puto yanky) a base de firmas y dibujos de comic repetitivos..lo tiene bastantante chungo…cuando uno es un profesional del spray ,capaz de pintar retratos a tamaño edificio con una calidad aceptable ..y no desea vivir de la vanidad sino del dinero..saber que los comerciantes y clientes PAGAN por que les realicen murales ,pintura publicitaria o pintura decorativa..podiendo disfrutar asi de lucir galeria artististica urbana con obra VENDIDA . COBRADA y exenta de problemas con la policia… agracezco inmensamente a todos los graffiteros vandalicos .que por amor al arte y sentimiento de adrenalina gastan su dinero y tiempo en destrozar pictoricamente la urbe ,dando un aspecto urbano americano ..ya que gracias a ellos me sale mucho trabajo y puedo vivir muy dignamente de mi aficion graffitera urbano vasca , digase hacer obras que al publico en general ,les agradan visualmente debido al estudio , tecnica y buen gusto decorativo
    atm Emilio de Bibao (primer stencil de la ciudad ..TURMIX 20 años con el spray)