Surf en La Galea

Olas en La Galea. Getxo. Basque Country. WU PHOTO © Willy Uribe

La Galea. Big Wave Point

Hace unos meses, con un mar de entre tres y cuatro metros, me acerqué a media mañana para ver Meñakoz y otras olas. En la cala rompían unos cuatro metros atrás y el pico de los Calvos chupaba de lo lindo en las series medianas. No era un día perfecto porque el mar entraba del oeste y no venía limpio del todo, pero había buenas olas. Aun así no había nadie en el agua. ¿Por qué?

Los habituales de Meñakoz también lo son de La Galea, una ola en la base del acantilado del mismo nombre (tal vez el acantilado más hermoso del Cantábrico) que flanquea la desembocadura del Abra de Bilbao y marca el límite exterior del puerto. Aquí, frente a lastras de piedras que entran en el mar como cuchillos, rompe una de las olas más poderosas de Europa y una docena de surferos se empeñan en disfrutar bajando y corriendo unas olas que aquí siempre tienen un metro más que en otros lugares.

David Bustamante. La Galea. Basque Country. WU PHOTO © Willy UribeLa Galea, reminiscencia de las muchas galeas que hubo en la costa vasca y escenario en el que el escritor Ramiro Pinilla situó su magnífica novela Las ciegas hormigas, es uno de los puntos totémicos del municipio de Getxo; hablar de La Galea es hablar de suicidas. Y entre la tropa surfera, hace años también la Galea sonaba a suicidio. No había el nivel adecuado. A finales de los ochenta, si mal no recuerdo, fueron Asís y Jaime Fernández quienes abrieron el juego. En los noventa se fue domando la ola, pero a ritmo lento, sólo algunas incursiones. Desde comienzos del siglo XXI las sesiones han ido en aumento y hoy en día la Galea ya es una ola surfeada regularmente.

La Galea es un pico muy amplio. Al igual que a Meñakoz, también le llegan series cruzadas de distintas direcciones. Vistos desde lo alto del acantilado, los surferos parecen piezas en un tablero de ajedrez desplegando sus estrategias. De vez en cuando algún silbido les avisa de la llegada de una serie gigante. Entonces, si lo consideran oportuno, reman hacia dentro para evitar los muros de espuma que como un alud se dirigen hacia ellos. Tal vez esa sea una de las características del surf en La Galea: esquivar las series. Otra es la de evitar caerte en la ola. Porque si una serie te cae encima o te caes en la ola que surfeas, cabe la posibilidad de perder la tabla. Ese momento en el que el invento, tensado al máximo, dice basta y se rompe adquiere en La Galea un significado especial: estás en pelotas sobre unas lastras anárquicas y salvajes que son como un centenar de Calvos de Meñakoz, es decir: estás en peligro.