Ramiro Pinilla como tractor

Ramiro Pinilla paseando por la Galea. Getxo, 2009. WU PHOTO © Willy Uribe

No es este un artículo de análisis literario. No podría. Mis saberes en la materia son escasos. Si tiro del hilo podría llegar a la conclusión de que solo me sé capacitado para escribir y hablar de aquello que veo y palpo. Una novela histórica, por ejemplo, la considero un imposible. Y la ciencia ficción del pelo. Así que tras pedirme desde esta casa que escribiera algo sobre la obra de Ramiro Pinilla (y yo acepté en cero coma) me quedé un poco acojonado. ¿Escribir un paisa como yo, de la FP pura y dura, un análisis sobre la obra de uno de los grandes escritores españoles? Ni jarto. Pero ya me había comprometido.

En esas estaba, dándole vueltas al modo de salir del aprieto, cuando en un paseo por mi pueblo vi a un hombre que entrenaba una pareja de bueyes para las tiradas del próximo verano. De golpe encarné la tríada con lo que Ramiro Pinilla significa; la fuerza de una yunta de bueyes, un cerebro al mando y una intención. De acuerdo, pensé, entonces limitaré el asunto a escribir sobre Ramiro. Alguien que para mí vale mucho más que cualquier obra escrita.

Decir que Ramiro Pinilla (Bilbao 1923) estuvo ausente durante treinta y cinco años no es del todo correcto. Del “panorama literario” (y que las comillas hablen) seguro que sí, de la literatura y la sociedad en la que vive, ni mucho menos. Sugerir eso, como entiendo que se hizo en algunos artículos tras su revival a raíz de la publicación en Tusquets de su trilogía Verdes Valles Colinas Rojas, es apoyar el tópico del escritor en su cueva. Algo que solo ocurre cuando el escritor escribe. El resto del tiempo el escritor convive, y en el caso de Ramiro Pinilla también aporta: fuerza, experiencia e ilusión.

Cuando Ramiro Pinilla ganó de seguido el Premio Euskadi de Narrativa, el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa y mucha gente pensó que alguien resucitaba a alguien, al mismo tiempo que la prensa de Madrid y Barcelona supo que aún vivía (algunos incluso su mera existencia), fuimos unas cuantas las personas que compusimos una sonrisa de alegría por su reconocimiento y una mueca irónica por todos los comentarios sobre su resurrección tras treinta y cinco años en el outback. Qué lejos queda Andra Mari de Getxo de la vida literaria de nuestras dos capitales culturales. En qué otro planeta se encuentra la playa de Arrigunaga, donde la voz narrativa de Ramiro Pinilla afirma que todo dio comienzo.

Tras ganar el Premio Nadal en 1960 por Las Ciegas Hormigas y quedar finalista del Premio Planeta en 1971 por Seno, Ramiro Pinilla no hará otra cosa que volcarse en escribir y ayudar a otros en su empeño por adentrarse en la escritura.  Si eso es desaparecer, que me cambien el concepto por favor. Además de su intenso trabajo como escritor, durante esos años desarrolló tres iniciativas que fueron una ayuda inestimable para muchos aprendices de escritor. Una fue Libropueblo, iniciativa editorial desligada del beneficio económico y en apelación directa al destino último de la obra escrita: el lector. La segunda iniciativa se llamó Galea y fue una publicación periódica de información local en la que colaboraron muchos escritores, fotógrafos y periodistas de la zona de Getxo y municipios cercanos. Se fundó a principios de los años ochenta del pasado siglo y los cócteles molotov de Jarrai lo clausuraron en octubre de 2000.

La tercera iniciativa, la más importante, fue el taller de escritura que creó a finales de los años setenta. Una tertulia donde leer y ser escuchado y valorado, donde escuchar voces diversas y opinar. Jamás ha habido matrículas ni ejercicios de ningún tipo en el taller, tan solo dos consejos constantes: leer y escribir. Ramiro Pinilla, como buen conocedor de la vida y obra de Henry Thoreau, es un hombre terco y sencillo. Una vez le escuché decir que su único objetivo al crear el taller fue ofrecer un receptor a los chavales que escribían y que a nadie podían leer sus escritos. En mi caso, y creo que puedo hablar por boca de mis compañeros del taller, acertó de lleno. Los lunes a las ocho de la tarde, la hora de cita del taller, pasó a ser un referente en nuestras vidas, la puerta de entrada a otra realidad.

Echando la vista hacia atrás puedo considerarme muy afortunado por haber tratado a Ramiro Pinilla durante esos treinta y cinco años en los que en Madrid y Barcelona, por desgracia para muchos lectores, fue borrado del mapa. Y si estas líneas les suenan a ustedes a homenaje, más que artículo de análisis, estarán en lo cierto. No hago otra cosa que dar gracias al maestro de muchos.

Referencias WEB:

http://www.tusquetseditores.com/autor/ramiro-pinilla

http://es.wikipedia.org/wiki/Ramiro_Pinilla

Sobre Libropueblo:

https://willyuribe.wordpress.com/2011/02/01/ediciones-libropueblo-la-cultura-no-debe-ser-comerciable/

Sobre el Taller de escritura:

http://www.asnabi.com/revista-tk/revista-tk-21/tk21_maruri.pdf

Dos opiniónes sobre Ramiro Pinilla:

http://marketingpositivo.blogspot.com/2009/05/lo-que-podemos-aprender-de-ramiro.html

http://euskalshow.bitacoras.com/archivos/2006/10/16/ramiro-pinilla