¿Tendrá que morir el rey?

Policía Nacional y cóctel molotov en Bilbao. 1986. WU PHOTO © Willy Uribe

Veintitrés de febrero de mil novecientos ochenta y uno.

Tras una tarde de surf invernal en la playa Salvaje, llegué a casa poco después de que decenas de guardias civiles tomaran el Congreso de los Diputados. La radio de la cocina no se apagaría hasta el día siguiente. Recuerdo también algunas llamadas de teléfono de mis padres. La incertidumbre y los nervios contenidos. Si en Madrid triunfaba el golpe, en Euskadi lo viviríamos por partida doble.

Lo que no recuerdo, pero ahora tengo en mente ya que tenían a tres hijos en edad militar, es ninguna mirada de pavor en el rostro de mis padres. Fumaron mucho aquella noche en la cocina. Las cocinas de todo el país echaron mucho humo aquella noche en la que todo se cocía en Madrid.

¿Y cómo resultó el guiso? Y aquí me lanzo, que si tenemos el permiso real para inventar lo sucedido, qué menos para plantear suposiciones y dejar preguntas en el aire, espacio que aquella noche de febrero de 1981 fue sobrevolado por elefantes blancos con tricornio… y tal vez corona. ¿Por qué no? ¿Qué se firmó aquella noche en capós, despachos y demás? ¿Por qué el actual Presidente del Congreso dice que guarda papeles de esa noche en su casa? ¿No deberían estar en archivos estatales? ¿Y por qué esos archivos no se abrieron al público hace cinco años, como debería haber sucedido? ¿Se firmó en esos papeles el no enjuiciamiento de muchos de los guardias civiles que entraron en el Congreso de los Diputados y secuestraron la voluntad popular? ¿Cuánta mierda ajena se tragó Tejero? ¿Se firmó tal vez un indulto próximo, como así acabó sucediendo? ¿Y todo eso que se acordó, quién lo rubricó? ¿Cuánto dudó Juan Carlos de Borbón hasta aparecer por televisión? ¿Tendrá que morir el rey y toda su generación para que sepamos algo más? ¿Es ese el respeto debido al pueblo soberano?

Y dejando estas sospechas camufladas de preguntas, paso a reproducir las respuestas de varias personas que han querido responder al siguiente cuestionario:

  1. ¿Cómo viviste el 23-F de 1981?
  2. ¿Cuánto queda de la España que propició el golpe de estado del 23-F y cómo se manifiesta?
  3. ¿Cómo sería España de haber triunfado el golpe militar?
  4. ¿Consideras que el germen y la tradición golpista están erradicados totalmente en España?

Montero Glez.

  1. Lo viví con anticipación pues estudiaba en un colegio donde los compañeros, en su mayoría, eran hijos de militares. Una semana antes del golpe o así, faltaron un día todos ellos a clase. Al día siguiente comentaron que sus padres habían dicho que iba a haber un golpe militar. Yo tenía catorce años y andaba en otra, no hice mucho caso. Luego, la tarde que sucedió lo del golpe tampoco fueron y los profesores nos sacaron del colegio nerviosos, las madres a la salida, ha habido un golpe. Un golpe de estado. Cuando llegué a casa ya estaba mi viejo, con el transistor, siguiendo los acontecimientos.
  2. De aquella España quedan los mismos pero maquillados, quiero decir que ya no dicen: ¡se sienten, coño! ahora dicen: ¡se sienten, vagina! Cambia la forma, no el fondo.
  3. Igual que la de ahora pues el golpe fue un teatro con guión borbónico. Se hizo para reforzar la monarquía, la Restauración por la que Franco trabajó durante cuarenta años.
  4. La Restauración quedó instaurada definitivamente. Habría que ir pensando en un “golpe al estado”

Lucía Martínez Odriozola

  1. La noticia nos llegó cuando una buena cantidad de jóvenes del pueblo entrábamos a una reunión en contra de la construcción de unas casas que un mes después  estaba previsto inaugurar y serían ocupadas por la guardia civil. La reunión se disolvió sin llegar a juntarnos. Nos tiramos media noche pendientes de la radio, pero en la cama. Hace 30 años que la guardia civil vive en esas casas.
  2. Nada.
  3. No habría durado mucho. Sería casi idéntica.
  4. Sí.

Iñaki Anasagasti

  1. Estaba en la sede del PNV en la calle Marques del Puerto. Teníamos la radio puesta y oímos lo que ocurría. Fui al despacho de Arzalluz y le dije lo que pasaba. Volvimos donde estaba la radio y escuchamos lo que ocurría. Comentó:”¡Este es el país de Pancho Villa¡”. Pero nos preocupamos. Y desde aquella sede llamamos a la gente más comprometida para que escondiera papeles comprometedores.
  2. El nacionalismo español sigue existiendo. Pero el ejército se ha profesionalizado. Ahora ese golpismo es más mediático, y opinativo, y está muy envalentonado, pero ahí queda..
  3. De haber triunfado la principal víctima hubiera sido el estado de las autonomías. De hecho el espíritu de la Loapa, su gran logro, ahí está.
  4. Nunca se sabe, pero no le veo al ejercito español inscrito en un futuro ejercito europeo metido en esas aventuras.

Fernando Savater

  1. Yo estaba encerrado escribiendo en casa, con un fuerte ataque de ciática, sin radio ni tele. De pronto sonó el teléfono y escuché una voz llorosa de mujer, con un mensaje entrecortado que no lograba entender. LLevado por el sentido de culpa, creí que era mi ex-mujer, de la que acababa de separarme, contándome alguna desgracia ocurrida a nuestro hijo muy pequeño. Intenté serenarla y finalmente comprendí que era una amiga que me informaba del golpe de Estado, preocupada por mi seguridad. Respiré: “¡ay, mujer, menos mal, un golpe de estado! Ya creía que le había pasado algo al niño…”. Comprendí en ese momento el papel que lo privado y lo público ocupaban en mi vida.
  2. Quedan los fachas, en las teles marginales que proliferan con el cable, grillados y vociferantes: y los progres no menos estúpidos, los de la Sexta y “Público”, obsesionados con ellos y con refutar memeces con otras memeces aún mayores. Poco o nada demócratas unos y otros, pero ya afortunadamente inocuos salvo para quienes tengan el mal gusto de padecerles.
  3. Algo así como Cuba, pero más de derechas y no menos populista. En Europa, inimaginable.
  4. Ya no hay aquí ejército que pueda dar golpes militares. El golpe político permanente, de larga duración y siniestros resultados, es el que dan los nacionalistas. Lo único que lo alivia es que para que les resulte rentable no debe culminar nunca del todo…

David Torres

  1. Yo era un crío, volvía del colegio y de repente me encontré a mi madre pegada a la radio. Mi padre era camionero, le pilló de viaje, y toda nuestra angustia era pensar qué pasaría si la cosa iba a mayores, había una guerra civil y mi padre se quedaba en la otra España. Un amigo de la familia, un dentista que tenía una finca cerca de Barajas, llamó a mi madre y le dijo que tenía todo preparado por si las cosas se ponían feas. “Sé que David (mi padre) anda fuera”. Nos recogería en una furgoneta junto a su familia y nos llevaría a la finca, donde veríamos de lejos cómo se desarrollaban los acontecimientos. Al final no hizo falta pero nunca en la vida olvidaré ese gesto.
  2. Pues es difícil saberlo porque en este país los verdaderos detalles se quedan pegados en una especie de engrudo histórico y al final es muy difícil sacar algo en claro. Los GAL, el 11 M, un accidente aéreo… Siempre quedan cabos sueltos y el 23 F no es una excepción. ¿Hasta dónde llegó la participación del rey? ¿Quién o qué era el Elefante Blanco? Es como el asesinato de Kennedy. Evidentemente, de la ultraderecha que planeó el golpe quedan restos, bacilos latentes y resistentes a la inteligencia. ¿Poseen la misma capacidad de maniobra que entonces? Parece que no, afortunadamente. Sus manifestaciones se limitan a exabruptos públicos, a noticias puntuales y poco más.
  3. Eso daría para una novela tipo Philip K. Dick, el Dick de “El hombre en el castillo” una ucronía en toda regla. En mi última novela, “Punto de fisión” hay un pasaje donde sale una novela llamada “Franconstein” en la que, gracias a los avances de la medicina, el Caudillo es inmortal, va en silla de ruedas y se dedica a cazar rojos, republicanos y monárquicos por el Pardo para aprovisionar su vivero de órganos. Tiene un perro disecado y de vez en cuando desentierra a sus generales, atiborrados de Ambipur, para echar una partida de cartas. La España del 23 F triunfante sería algo así, supongo.
  4. Totalmente es un adverbio demasiado fuerte. Está bien que emplees la palabra tradición, porque el común de los mortales suele asociarla a algo bueno: es que esto es muy antiguo, es que esto viene de la noche de los tiempos… Ya, como la prostitución o matar perros a pedradas. La tradición no quiere decir más que eso, que, por desgracia, en España hay una larga y penosa costumbre de quitar gobiernos a pistoletazos. Nos vamos curando, creo. O espero.

José Luis Muñoz

  1. Con miedo y rabia. Estaba en Barcelona, pendiente de la radio y con mucho temor a volver a un pasado del que acabábamos de salir. Jordi Pujol, que era president de la Generalitat, jugó un buen papel. Lo mismo cabe decir de Suarez y de Gutiérrez Mellado, que fueron valientes y consecuentes con el papel que la historia les estaba ofreciendo en esos momentos. Me enteré casi de inmediato, creo que por la radio, y estuve pendiente del televisor, sin dormir en esa noche un solo instante hasta que fracasó el golpe de madrugada. Eché de menos una movilización popular, que partidos y sindicatos de izquierda no hicieran un llamamiento para aplastar el golpe. Lamenté esa parálisis total en esos momentos.
  2. Lamentablemente las dos Españas siguen muy presentes. Tenemos una derecha que no acaba de ser democrática al cien por cien, que no se homologa con la derecha europea porque alberga en sus filas a demasiados nostálgicos del viejo régimen, que no ha condenado el franquismo, que se opone a la ley de la memoria histórica. La extrema derecha en nuestro país es residual, pero la derecha tiene, a veces, comportamientos de un conservadurismo extremo cuando va de la mano de la Conferencia Episcopal, por ejemplo, o cuando secunda los llamamientos de alguna de las organizaciones de víctimas del terrorismo que tiene un cariz político muy determinado.
  3. Bueno, eso es impensable, es ciencia ficción. Pero sería volver a la caverna, a la noche de los tiempos, a un nuevo enfrentamiento civil. Hubiera habido sangre y represión. Yo, desde luego, no lo habría admitido, e imagino que como yo, millones de españoles que luchamos por esa transición a la democracia. La vuelta al franquismo, que era uno de los ejes del golpe, o de los golpes, porque confluyeron dos al mismo tiempo, el de Armada y el de Tejero y Milán del Bosch, habrían sido insoportable después de haber respirado la libertad. El golpe no tenía ninguna oportunidad de triunfar, aunque fue resultado de un estado de tensión propiciado por una escalada insoportable del terrorismo de ETA que ayudó mucho a los golpistas fascistas.
  4. Sinceramente creo que sí, por la evolución de nuestras fuerzas armadas de las que han salido los últimos vestigios del franquismo. En aquellos tiempos de ruido de sables todos conocíamos los nombres de los capitanes generales, porque tenían una importancia más allá de su ámbito castrense. Ahora no me sé el nombre de ninguno de ellos. La modernización de nuestro ejército ha sido fundamental para que se erradique ese poso fascista que había en él desde la guerra civil. Ahora el ejército está al servicio del pueblo y no me lo imagino, ni en la peor de las pesadillas, alzándose contra él.

Txetxu Barandiaran

  1. Quizás sea no sólo importante el cómo sino también el dónde. Estaba en aquellos tiempos viviendo en Pamplona en una situación vital que poco tiene que ver con la de ahora. Recuerdo que estábamos en una reunión que paramos inmediatamente al enterarnos del suceso y la noticia me causó al mismo tiempo miedo y estupor. Desde el momento de conocerla los congregados no nos separamos de la radio para ir viendo las posibles evoluciones al tiempo que estábamos preocupados por alguna de las personas que nos acompañaban y/o que habían pasado por la casa donde vivía en aquel momento.
  2. Quedan, siempre quedan rescoldos. La vida, las personas, las ideas no desaparecen de la noche a la mañana. Es cierto que han pasado 30 años, pero siguen existiendo esas actitudes falsamente salvíficas llenas de autoverdad, sigue existiendo un miedo latente ante determinados temas e instituciones que nos convierten todavía en una sociedad inmadura en democracia.
  3. Pues no lo sé. No me gusta además hacer hipótesis sobre lo que pudiera haber sido porque en cualquier caso lo que pudo haber sido no lo fue. ¡Quién sabe si el golpe hubiera provocado al mismo tiempo otro tipo de reacción social más radical!
  4. Nada se erradica totalmente. Puede evolucionar y desaparecer. La historia está ahí y su mera existencia hace que lo ocurrido y vivido posteriormente esté también influenciado por lo sucedido.

Almudena Cacho

  1. El 23 F de hace 30 años me impresionó mucho. Tenía 16 años, reforzaba mates y física y química por la tarde en una academia baracaldesa cuando el profesor suspendió la clase y dijo: “señores, se ha producido un golpe de estado. Los tanques han salido a la calle en Valencia. Esto es muy serio. Por favor, sean prudentes y vuelvan a casa inmediatamente. Espero verles en la próxima clase”. Me preocupó más su preocupación, que la noticia.
  2. Creo que cada vez es más residual, pero nuestra historia, que creemos muy larga, es corta y las cosas pueden cambiar con el tiempo. A veces veo resabios autoritarios franquistas en algunas personas. Pero el autoritarismo y la imposición no se manifiestan sólo en un golpe de estado. Aquella posibilidad enturbió mi posibilidad de un futuro libre, pero eso no lo percibía a los 16 años.
  3. No sé como sería España después del golpe. Pero sé cómo fue antes y no quiero eso para nadie. Como soy egoísta, para empezar, no lo quiero para mí. Unos vivirían mejor que otros, pero casi todos, sino todos, tendrían miedo. El miedo es peor que cualquier otra cosa. Vivir con miedo es un sinvivir.
  4. “Totalmente” es una palabra definitiva, absoluta y casi por definición, imposible en un contexto complejo como el social. Pero el trabajo cuidadoso a favor de la igualdad de derechos, de la educación en los principios de justicia y de libertad para todos los ciudadanos, son buenas herramientas para construir un refugio democrático más seguro contra los envites de la imposición, la fuerza y el sometimiento. Un golpe de estado hoy, no es imaginable en términos exitosos en España.

Juan Bas

  1. Estaba en el piso de estudiantes de mi novia de entonces, fumando unos canutos. Pusimos la radio y justo llegaron las primeras noticias de que habían entrado guardias civiles en el Congreso. Tuve la rápida intuición de que era un golpe de Estado y se me pasó el vacilón también de golpe.
  2. El PP integra a toda la ultraderecha. Hoy, se manifiesta en los canales de tv de extrema derecha y en la Iglesia católica española.
  3. Una dicatdura militar, pero creo que insostenible en un país europeo como España.
  4. Por parte del Ejército actual, sí. Pero desde luego hay fuerzas, grupos de presión que no dudarían en la involución y en intentar derrocar el parlamentarismo si vieran sus privilegios muy afectados. Pero el tejido social de la España del siglo XXI creo que lo haría inviable.

Francisco Javier Irazoki

  1. Me comunicaron la noticia cuando pasaba un día de descanso en Pamplona. Un policía, vestido de civil, exigió la documentación a tres amigos míos y juntos se dirigieron hacia mí, que los esperaba en un coche. Pensé que el policía era un conocido de mis compañeros y reaccioné con saludo simpático. Sólo yo sonreí; las palabras del agente cortaron cualquier intento de camaradería despistada. Regresamos a Lesaka. Allí, cerca de una chimenea, nos transmitimos los rumores y miedos.
  2. Resido en París desde hace dieciocho años. Quizá la distancia me ayude a analizar con ojos fríos, pero me priva de los matices que conocen quienes viven en mi país de origen. Sólo puedo asegurar que, alejado de sus peleas íntimas, veo una España moderna y con una democracia bien arraigada. También llama la atención el tamaño de su caos económico. De los nostálgicos del franquismo únicamente se perciben grupúsculos.
  3. No quiero imaginármela. Por mi fecha de nacimiento, solamente he conocido el final del franquismo. Suficiente tristeza. El anciano dictador pescaba o cazaba mientras los jóvenes aspirábamos a las libertades francesas. No soporto los sistemas políticos totalitarios, y opino que los extremistas de derecha e izquierda coinciden en similar miseria ética. Recuerdo las polémicas en grupos de izquierdistas donde algunos defendían que la libertad debía esperar inactiva hasta que se consolidase la justicia social. ¿De qué justicia disfruta un hombre que no es libre, que no puede asociarse, votar y transmitir sus opiniones? Volver a una España de partido único, de prensa controlada por censores del régimen, de libros prohibidos, de consignas y cantos políticos obligatorios, me dejaría sin aire.
  4. Sí. Y ojalá no me equivoque.

Pedro Ugarte

  1. Recuerdo la radio, dando las noticias por la noche. Yo iba en coche con un par de amigos. Pensé que era un asunto preocupante. Ellos apenas le dieron importancia. Yo entonces le daba importancia a la política. Ellos no daban ninguna importancia a la política. Realmente, pienso que en aquellos años ellos hicieron cosas más importantes que yo.
  2. Sinceramente, nada. ¿Cómo se va a manifestar lo que no existe? Sigue existiendo una extrema derecha, claro, pero no tiene relevancia política. Eso es bueno. ¿Cómo se llama el secretario general del Partido Comunista? Pues también.
  3. Las posibilidades de triunfo de aquellos tipos eran nulas. De haber llegado más lejos, con más tanques en más ciudades, se habría producido una crisis diplomática, digamos, europea, pero el golpe no habría podido durar. El país ya no estaba para semejantes historias. La inviabilidad de las dictaduras, mas que la posesión o no de armas, se cifra en el nivel cultural de la gente. Y en nivel cultural de 1981 no era el de 1936.
  4. Ya está contestado arriba, ¿no?

José Antonio Redondo

  1. Yo tenía 13 años, creo que la primera en enterarse en casa fue mi madre, por la radio, no tengo un recuerdo muy nítido de aquella nche. A mi padre juraría que no lo vimos hasta última hora de la noche, entonces era taquígrafo de ABC, así que supongo que estuvo trabajando en este número señalado. Supongo que se pegó una panzada de atender noticias pero en casa se seguía oyendo la radio y viendo que pasaba. Lo más destacado creo que es que los vecinos llamaban a casa unos de otros para comentar el punto. Aparentemente no había un sólo conocido en la calle. A la mañana creo recordar que no fuimos al colegio y estuvimos siguiendo el tema que ya se veía que no marchaba a ninguna parte.
  2. Creo que de aquella España queda sólo algún resto si hablamos del “caldo de cultivo” en que germino aquello, pero algunas cosas que pudieron parecer difíciles de sostener como la Constitución lleva otros 30 años con pocas modificaciones o amenazas, y lo mismo sucede con la propia monarquía, que quizá por su acción entonces sigue con una estabilidad importante. Hoy día han renacido problemas que existían entonces como el desempleo, pero actualmente es un país netamente europeo que hace tiempo acabó casi todas las “transiciones” que se vivían entonces. En el catálogo de problemas persiste uno de entonces: ETA, aunque con una intensidad bastante menor.
  3. Veo imposible que hubiera triunfado, era una acción extemporánea, pero de haberlo hecho quizá tuviéramos aquí una especie de Mubarak al que ya habría echado la sociedad.
  4. La tradición golpista, que provenía del XIX, se borró desde mediados de los ochenta, por un lado con el sometimiento del ejército a ministros civiles, la cooperación con ejércitos homologables como los de la OTAN y posiblemente un control más férreo de esas tendencias por parte de Interior. Debe haber pocos mandos o ninguno que en su día juraran fidelidad al “Movimiento”.
Jerónimo Tristante
  1. A penas lo recuerdo, era un niño. Recuerdo a todos pegados junto al transistor. Al día siguiente recuerdo que fui al cole y hubo cierta normalidad.
  2. No queda demasiado, creo yo. La ultraderecha es, para mí, algo meramente residual. Sí hay sectores muy conservadores ligados al Opus Dei y organizaciones afines pero me da la sensación de que no quieren meterse demasiado en política sino en el mundo de los negocios.
  3. Creo que o bien hubiera habido una guerra civil o bien el golpe hubiera estado abocado al fracaso en unos cinco o diez años, no hubiera sido posible una dictadura en plena Europa en aquellos momentos, creo.
  4. Creo que sí: el capital y las fuerzas de la reacción siempre existirán pero el cambio de reglas de juego les ha llevado a actuar de otra forma. El factor determinante en este aspecto es el cambio producido en el Ejército. Tras el 23 F se produjo una gran depuración e incluso se prejubiló a mucha gente que en principio no era sospechosa. Las nuevas generaciones de militares han nacido profesionalmente en democracia y eso se nota. El Ejército de ahora nada tiene que ver con el de hace 30 años y no olvidemos que en los países con tradición golpista el desencadenante de las asonadas es siempre un Ejército tendente a intervenir en política.