Mucho trabajo

Tenemos por delante el trabajo de volver a convivir. Retomar aquello. Aunque hayamos sufrido varias contiendas civiles, los vascos supimos convivir aun en el mayor horror de la guerra. Después, llegaron los años en blanco y negro. Dos dictaduras, dos botas que se pisan los pies. El franquismo y ETA. Unos cincuenta años cada plaga. Súmese. Si en condiciones así una sociedad no sucumbe, es que es una sociedad invencible. La vasca no lo es. Ni legendaria ni romántica ni honrada, para demostrarlo, ahí está ETA, que no nació del aire.

El trabajo también incumbe a ese eufemismo que algunos llaman las consecuencias del conflicto. ¿Y cuál no? ¿Y dónde no? Porque las consecuencias también son, por nombrar alguna no poco importante, esas generaciones que han sentido pavor a definirse políticamente. No podría llamarle cobardía. No lo es. Es algo más sutil. Miles de guetos personales construidos desde dentro, desde el miedo inducido por la violencia física y el acoso diario a todos los niveles. Es lo que tienen las dictaduras y el quehacer de sus policías, la regularidad en la imposición. Jornada tras jornada durante decenios. Al igual que la libertad que asoma. Un futuro que también puede ser cotidiano. Que debe serlo.

Como la estructura franquista, la red de ETA deja profundas huellas de desolación, tristeza y silencio en nuestra sociedad. Huellas que condicionan su desarrollo. ETA ha sido vencida, era el final lógico, pero su veneno ha sido nefasto. Ahora debemos superarlo. Ahí no caben el odio y la ambigüedad, tan solo la aceptación plena de las reglas democráticas. Si eso no sucede, si hubiera una vuelta atrás, retrocederemos de golpe dos décadas. Como ya sabemos lo que hay allí, del mismo modo que sabemos lo frágiles, mezquinos y vulgares que somos los vascos, no vayamos también a pecar de estúpidos. En Euskadi, de la estupidez siempre se ha encargado ETA, con pistolas, por desgracia. Con una estrategia contraria incluso a sus propios objetivos. Esa pequeña frase de la declaración del 20 de octubre de 2011 es lo único sensato que han escrito sus comisarios políticos en toda su historia.

Hay muchísimo que echar en cara a los miembros de ETA y a quienes dicen qué se redacta y cuándo se publica. Esta decisión ha tardado demasiados muertos. Como sociedad, también a nivel individual en miles de casos, sufrir la amargura y la sinrazón de la violencia etarra es una condena superior a diez, quince o veinte años de cárcel. ¿No pensabais en ello? ¿En qué demonios pensabais entonces, txapotes y otegis de todos los calibres?

Los presos de ETA irán volviendo a Euskadi tarde o temprano, de un modo u otro, arrepentidos o no. Sus víctimas lo seguirán siendo. Habrá quienes perdonarán y tratarán de superarlo, asimilarlo. Olvidar, si pudieran. Otros, todo lo contrario. Todo ello en el día a día, jornada tras jornada. Pero con las armas convertidas en chatarra. Y no hablo de fotografías o vídeos, sino de las mentes de todas y cada una de las personas que han compartido, aplaudido, alentado o ejecutado los crímenes de ETA. Tenemos por delante el trabajo de lograr la libertad cotidiana dentro de las leyes que nos hemos otorgado o podamos otorgarnos el conjunto de los españoles, incluidas aquellas que en un hipotético futuro abran las puertas a la posibilidad de dejar de serlo.

Comments

  1. Veo un folio de terciopelo cargado de golpes certeros, sin un sólo hueco, ni una frase de relleno. Veo un texto lleno de aplomo, que expresa la opinión de tantos y tantos hombres sensatos, que están hartos de estar hartos.

    Ahora es más fácil ser sensato, tú lo has sido siempre, tanto como persona, como opinando, y estoy seguro de que has ayudado a seguir avanzando. Por ello te felicido, os felicito, y te mando un abrazo.

    Enhorabuena a todos.

  2. Willy, un abrazo, y mi enhorabuena a ti, y a los que como tú han preservado la lucidez.
    Tu valentía desarma a cualquiera que tenga un mínimo de frente. Y de dignidad.
    Bienvenidos al día después.

  3. ¿Qué mejor camino para superarlo que el de la alegría? Alegría porque no se va a volver a matar. Alegrarse por los muchos que anhelaban la paz y por los que se van dando cuenta que ninguna bandera merece ni un solo brote de sangre. Disfrutemos del presente que de momento es alentador.

  4. Que bueno,no saber que signo politico marca al vecino de arriba,el bar de enfrente,el barrio de al lado,el que camina por la calle a las 3 de la madrugada.No tener miedo mas que a carteristas , violadores , banqueros y demas morralla.No explicarle a los niños por que arden algunas fachadas y por que hay dos bandos de vascos.Que bueno dentro de un año.

Trackbacks

  1. Tras Eta dice:

    […] la libertad cotidiana dentro de las leyes que nos hemos otorgado o podamos otorgarnos”. Más aquí. […]