Cachorros

Esqueleto de mammut. Tengo Sitio Libre. Cuaderno digital de Willy Uribe.

Son pequeños, peludos y se dejan acariciar por sus amos. Les tranquiliza ver cómo su plato rebosa de pienso. Con el estómago lleno, se tienden frente a la chimenea para jugar con el ovillo de lana mientras en el exterior, donde sólo salen a mear y a cagar (nunca más allá del jardín), el invierno se multiplica.

El régimen laboral español era impropio de una democracia moderna en un mundo globalizado.

Dominan el retorcido arte de hacerse querer en los salones y gustan del cepillado para después ronronear en las faldas de las marquesas.

Se le puede reprochar que es algo tímida en comparación con el régimen laboral de los países más exitosos; pero por razones de historia, cultura y contexto, ya es bastante.

Los domingos por la tarde les dan galletas a discreción. Sentirse llenos es una necesidad para los cachorros. El elemento esencial que asegura en el largo plazo una digna barriga, unas dignas canas y un cuerpo blando.

Si el empleo, como el capital, no opera en un sistema flexible donde las cosas se puedan mover con agilidad, no es posible la multiplicación de negocios y contrataciones.

Por las mañanas, recién despertados, se asoman a la ventana y ven un mundo que no pisan. En la pared continúan colgados sus diplomas. Descolgando el teléfono con elegancia, llaman a donde sea para ver qué hay de lo suyo.

En China, aunque hay otras formas de proteccionismo, se da una gran movilidad de factores de producción como el capital y el empleo.

Conoce las órdenes al dedillo y las ejecuta, si no con maestría, sí con empeño y tesón. Es un cachorro fiel y lo demuestra.

Si el capital y el trabajo no se mueven como liebres, salir del pozo tarda infinitamente más.

Debido a todo lo anterior, los cachorros tienen la autoestima por los suelos. Siendo su máxima meta convertirse en jefes, y dado que saben que son los jefes quienes llenan sus platos de pienso, es normal que ello suceda.