Dos sobre Homero

Ulises ofreciendo la copa a Polifemo. Tengo Sitio Libre. Cuaderno digital Willy Uribe

Una de Álvaro Cunqueiro en Las Mocedades de Ulises:

Buscar el secreto profundo de la vida es el grande, nobilísimo ocio. Permitámosle al héroe Ulises que comience a vagar no más nacer, y a regresar no más partir. Démosle fecundos días, poblados de naves, palabras, fuego y sed. Y que él nos devuelva Ítaca, y con ella el rostro de la eterna nostalgia. Todo regreso de un hombre a Ítaca es otra creación del mundo.

No busco nada con este libro, ni siquiera la veracidad última de un gesto, aun cuando conozco el poder de revelación de la imaginación. Cuento como a mí me parece que sería hermoso nacer, madurar y navegar, y digo las palabras que amo, aquellas con las que pueden fabricarse selvas, ciudades, vasos decorados, erguidas cabezas de despejada frente, inquietos potros y lunas nuevas. Pasan por estas páginas vagos transeúntes, diversos los acentos, variados los enigmas. Canto, y acaso el mundo, la vida, los hombres, su cuerpo o sombra miden, durante un breve instante, con la feble caña de mi hexámetro.

Otra de Eduardo Gil Bera en Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero:

La Ilíada y la Odisea aparecen juntas y de repente. Y las dos adquieren, en muy poco tiempo, un prestigio enorme. Poco antes del año 600 a. C. son conocidas y celebradas del uno al otro confín del mar Egeo.

Es imposible que un fenómeno tan extraordinario fuera consecuencia de la calidad de los poemas. Tuvo que pasar algo más.

… ¿Quién pudo tener el poder y el saber necesarios para promover esa empresa hacia la última década del siglo VII a.C.? Ese desconocido fue el primer editor de la Ilíada y la Odisea.

Tales fue el primer editor de la Ilíada y la Odisea. En él se conjugaron el poder y el saber necesarios para promover, de ese modo nunca visto, la ilustración de los griegos, en las décadas finales del siglo VII a.C.

Más sobre Ninguno es mi nombre: Raúl Argemí en Sigueleyendo

Comments

  1. En Logoi: una gramática del lenguaje literario, Fernando Vallejo introduce el asunto del lenguaje literario partiendo de su origen enigmático: los poemas homéricos. Dice Vallejo, en relación a la literatura de Homero, que es tal la riqueza de sus construcciones, de sus giros, tal el dominio de su técnica, que todo lleva a rechazar la teoría de un sol inicial. Argumenta que más bien Homero debió de ser la culminación de una larga y rica tradición literaria, pero cuyo esplendor fue de tal magnitud que condenó al olvido a todos los que lo precedieron. También he leído en alguna parte que Homero pudo sufrir muchas correcciones y mejoras a lo largo de los años. Lo que es seguro es que una vez se ha leído ya nunca se olvida esa manera de narrar, de adjetivar. El trono de la épica será siempre suyo.