Sobre la imprenta. Los nuevos tiempos del siglo XV

Sobre la imprenta. Tengo Sitio Libre. Blog de Willy Uribe

Reducidos los muchos copistas a la ociosidad, levantaron el grito contra un arte que los empobrecía, y que colocaba las obras en manos de mecánicos, arrebatándolas a los eruditos, que antes se ocupaban en coleccionar los códices. Los iluminadores se vieron despreciados (1). Los poseedores de bibliotecas, compradas a costa de tanto oro, se encontraban con que su valor se había reducido de golpe a la décima parte. Los doctos preveían, no sin envidia, que el saber se iba a generalizar, mientras que antes, necesitándose para adquirirlo dinero y fatigas, aseguraba honores y privilegios. Estos eran otros tantos enemigos del nuevo invento, y esparcían contra él siniestras voces, llegando hasta a acusarlo de magia. Decían que era peligroso divulgar la ciencia, pues así se facilitaba la corrupción de los ingenios. La corporación de los copistas de Génova presentó una súplica a aquella señoría, para que prohibiese un arte que reducía a tantas familias a la miseria, y se atendió durante algún tiempo a su solicitud. Por compasión mal entendida hacia los libreros, o en virtud del odio a las innovaciones, que parece hereditario en los cuerpos constituidos, el parlamento de París secuestró los primeros libros impresos en aquella capital; pero Luis XI cometió el asunto a su consejo de Estado, y se mandó devolverlos. Los copistas más sensatos se acomodaron a los tiempos, dedicándose unos a la tipografía, mientras que otros siguieron iluminando y dibujando las iniciales, o reproduciendo los caracteres exóticos, hasta que se supo prescindir de ellos también bajo este concepto.

(1) En el archivo de Siena, Denunzie de 1494, Bernardino de Miguel Angel Cignoni escribe: “En mi arte no se hace nada. Mi arte ha concluido; los libros se hacen de manera que no se minian ya.”

Historia Universal. Cesar Cantú. 1870. Tomo IV. Libro XIII. Cap. I. Pag. 275.