Santos y dragones

El ojo de la Barceloneta. Barcelona. Marzo 2012. WU PHOTO © Willy UribeLes sucede a algunas ciudades que:

Cuando menos se lo esperan sus administradores, nacen dragones y la cosa se transforma en cuento. Barcelona tiene un dragón-alfa en su frente de mar. Le ha brotado un ojo luminoso en esa mierda de dique que pusieron frente a la playa de la Barceloneta. Visto el dragón desde ciertos ángulos, incluso tiene pinchos en el lomo. Podría ser esta ciudad una de cuento fantástico; una de dragones que hablan todas las lenguas; de dragones de diez lenguas; de lenguas como dragones.

En Barcelona me convierto en cuento. Me tiende sus callejones y sus calles, con sus plazas y plazoletas, y me las regala. Son tuyas, Billy, tómalas. Y al cabo me siento un Sanjorge, con ojos en vez de espadas, con aire en lugar de miedo, que eso tenían los santos de antes: Miedo al dragón.

Los de ahora, los santos, digo, ni son de cuento ni de broma. Los santos de ahora van sobrados. Ya no temen al dragón, ya no temen a nada. De largo alcance, se piensan los muy malditos. Y ese es, precisamente, su punto débil. Ringo Bonavena, boxeador y dragón argentino del que habla Raúl Argemí en su última novela (*) sabía zurrarse en las distancias mínimas. No tuvo otra que aprender porque era corto de brazos y con pies planos. Todos sus rivales eran muy ágiles y con brazos como lanzas. Todos santos por destronar. Ringo lo logró. Acabara como acabara, de mala manera en la puerta del Mustang Ranch, un garito cerca de Las vegas, por donde los casinos.

(*) El ángel de Ringo Bonavena. Ed. Edebé, 2012

Comments

  1. barbakana says:

    Ayer comia con un amigo que me decia:la gente del campo es igual en Peru,Estambul,Irlanda,Croacia…es amable,curiosa ,considerada y amistosa.Las ciudades
    ya son otra cosa…
    Las ciudades animalizan.
    Fabrican dragones

Trackbacks

  1. […] empiezan a hablar de la novela nueva de Argemí. No me […]