Nueva Bilbao. Lo que no sucedió

Hace poco más de un siglo, Bilbao ya trató de reinventarse a sí misma. El origen fue similar, el remontar una crisis. Si tras la reconversión industrial de los años ochenta surgió el efecto Guggenheim, en 1901, tras la conclusión de las obras del puerto exterior y la superación definitiva de la embocadura de la ría (1) , pudo surgir  Nueva Bilbao en las orillas del Abra.

El proyecto, que no se realizó, se presentó en 1901 (2) al mismo tiempo que Bilbao se consolidaba en terrenos de Abando con el plan urbanístico del ensanche (3).

Reproduzco un artículo de prensa sobre el proyecto. Extraído de la revista Blanco y Negro. Madrid. 8 de marzo de 1902:

Una gran ciudad en proyecto. Bilbao La Nueva.

Sin empacho alguno hubiéramos encabezado este artículo con el título de Las grandes ciudades que solemos usar para hablar de Pekín o de Buenos Aires, de Nueva York o de Florencia.

En efecto, si el lector se fija en los grabados que ilustran estas páginas, se inclinará por un momento a creer que aquellas representan vistas de alguna gran ciudad de esas que los norteamericanos hacen brotar a fuerza de millones y de entusiasmo en parajes poco há.

Si decimos que esa ciudad se alza o ha de alzarse en tierra española, dudará el lector no poco; pero cuando añadimos que tal ciudad es Bilbao la nueva, la futura Bilbao, gran parte de sus dudas se desvanecerán en breve, porque España tiene fe en Bilbao, en la tenacidad, en la osadía y en el espíritu emprendedor de los bilbaínos, en el valer de aquel pueblo que sabe convertir su heroísmo bélico en esfuerzo industrial cuando el caso llega.

Nadie ignora que en los últimos treinta años el número de los habitantes de Bilbao se ha cuadruplicado. Ya en 1870 era plaza comercial de las más respetables; pero entonces fue cuando comenzó la explotación en grande escala de aquellas riquísimas minas de hierro, que han convertido a Bilbao en un verdadero emporio de riqueza.

Los habitantes de Bilbao no caben ya en las casas de la población vieja, en las construidas en el ensanche, ni siquiera en los suburbios de la invicta villa. Insuficiente resulta asimismo la red de ferrocarriles y tranvías que unen a la capital con los pueblos inmediatos.

Construido el puerto en la desembocadura del Nervión, y atrayendo ya hacia sí todo el movimiento de la actividad mercantil e industrial, se ha hecho patente la necesidad de emplazar el mismo puerto una población marítimo-comercial con vida propia y comunicaciones directas que la unan a toda Vizcaya y al resto de España.

Aspírase nada menos que a hacer del puerto bilbaíno el lazo que una el comercio de toda España con el del mundo entero por la vía marítima, y si tal aspiración se apodera enérgicamente del alma testaruda de los  bilbaínos, claro es que habrá de realizarse pronto.

Pocos españoles acomodados desconocen los cuatro pueblecitos que en semicírculo rodean al puerto. ¿Quién no ha recalado en excursión veraniega por Algorta y Las Arenas, Portugalete y Santurce?

Entre estos dos últimos pueblos, donde nadie había pensado que podría hacer la humanidad otra cosa que remojarse la piel en el mes de agosto y prepararse para asistir a las corridas de toros, famosas por su rumbo y tronío, es donde se trata de levantar la nueva ciudad. Hay allí unas marismas rocosas que, defendidas por baluartes y malecones, y terraplenadas convenientemente, llegarán a formar una extensísima superficie de terreno bien nivelada y plana, sobre la cual los bilbaínos piensan que caigan llovidas las enormes manzanas de casas de la nueva ciudad.

Así como la vida de la vieja Bilbao se concentro en la Ría o sea el puerto interior, donde no pueden atracar buques de gran calado, la vida de Bilbao la Nueva se concentrará en el puerto exterior, que puede albergar las escuadras más poderosas y formidables.

La forma de la ciudad, según acusa el plano que reproducimos, será aproximadamente la de un inmenso bacalao, simbolismo verdaderamente apetitoso, pues se trata de un bacalao a la vizcaína, cuya cola mirará a Portugalete y la parte ancha al puerto. Esta parte ancha la ocuparán edificios que se han de ceder al Estado para que en ellos establezcan la capitanía de puerto, aduana y demás oficinas y servicios administrativos. El centro de ella formará una gran plaza circular de cien metros de diámetro, bautizada ya antes de nacer con el título de Plaza de Vasconia y en medio de esta se alzará un monumento cuyo asunto aún no se ha pensado, pero que bien pudiera representar el heroísmo del pueblo bilbaíno en los dos Sitios.

Delante de la plaza y mirando al mar, se construirá un palacio para casino, balneario, teatro y todo lo demás que se tercie, coronado por una cúpula de 50 metros de alta, que ya son metros.

Saliendo de la plaza hacia la Villa se encontrará como la espina dorsal del bacalao en cuestión, una grandiosa calle central, la Avenida de Vizcaya, de 700 metros de larga por 30 de ancha, eje de la ciudad en proyecto; y las dos líneas exteriores del plano las formarán: la Avenida de Álava, por la parte de tierra y la Avenida de Guipúzcoa por el lado de la Ría, y del puerto, ambas de 780 metros de longitud por 20 de anchas.

Cortarán estas tres líneas nueve calles transversales, cuyos nombres aún no se han decidido.

La edificación habrá de hacerse con la más absoluta simetría, obedeciendo todas las casas al mismo plan arquitectónico y monumental, y de su futuro aspecto puede juzgarse por nuestros grabados. Todo será amplio, lujoso, limpio y hasta se asegura que se elaborarán unas Ordenanzas municipales “ad hoc”, y que serán cumplidas, si bien esto último nos parecería ya infinitamente más maravilloso que la ciudad nueva.

Por último, para que se vea hasta qué punto llega la previsión de los proyectistas bilbaínos, los habitantes de la nueva ciudad desecharán por inútiles el impermeable y el paraguas que constituyen parte integrante de todo bilbaíno. La nueva Bilbao tendrá porches o soportales en todas sus calles, y así podrán librarse sus vecinos del terrible martirio del “sirimiri” o chaparrón crónico de que en la rica ciudad se disfruta un día sí y al otro también… hasta que los bilbaínos, a fuerza de dinero y audacia, acaben por expulsar a las nubes y suprimir el “sirimiri”.

Que todo podría ser.

W. & B.

Bilbao la Nueva. Tengo Sitio Libre. Blog de Willy Uribe

Bilbao la Nueva. Tengo Sitio Libre. Blog de Willy Uribe

Bilbao la Nueva. Tengo Sitio Libre. Blog de Willy Uribe

Nueva Bilbao. Plano, 1902. Tengo Sitio Libre. Blog de Willy Uribe

(1) En 1877, las condiciones que entonces tenían la ría y su barra eran deplorables. La barra, situada en la embocadura de la ría, formada por un banco de arena cuya posición era variable y donde la profundidad en bajamar viva apenas llegaba a un metro ordinariamente, ofrecía grandes peligros para la entrada y salida de los buques cuando el estado de la mar se alteraba, siendo inabordable en épocas de temporal, lo que obligaba a los buques a refugiarse en Santoña cuando viniendo en demanda de la ría la encontraban cerrada con rompientes. En el invierno no era prudente aventurarse a entrar en la ría, aun en mareas vivas con calados superiores a doce pies ingleses o sea 3,60 metros y poco más durante el verano, sucediendo entonces que el banco de arena de la barra se ponía en tan malas condiciones por los temporales, que los buques cargados tenían que esperar dentro de la ría por semanas y aún meses sin poder salir con su carga, como sucedió, entre otros casos, desde noviembre de 1875 hasta febrero de 1876 en que permanecieron sin poder salir todos los buques surtos en la ría, hasta el punto de verse obligados a alijar para poder pasar por la barra, todo lo cual hacía grandes perjuicios al comercio en general y en particular al de minerales que había adquirido gran desarrollo, elevándose en consecuencia los fletes y primas de seguros. Memorias de Don Evaristo de Churruca. Bilbao, 1906.

Perfiles del fondo de la ría de Bilbao en 1878 y 1908. Tengo Sitio Libre. Blog de Willy Uribe

(2) Carlos Petrement y Laurin, el 1 de julio de 1901, estando próximas a terminar las obras del rompeolas, solicitó permiso para desecar la marisma rocosa formada en la costa Oeste del Abra, de fácil saneamiento y buena urbanización, y aprovechando todo el espacio comprendido entre la costa de Portugalete y Santurce y el muelle de hierro, urbanizarla y construir una extensa población que uniera ambas villas, a lo que se opuso la JOPB (Junta de Obras del Puerto de Bilbao). El Puerto de Bilbao como reflejo del desarrollo industrial de Vizcaya (1857-1913) Natividad de la Puerta Rueda. Autoridad Portuaria de Bilbao, 1994. Pag, 94

(3)  En 1890 se produjo la anexión definitiva del municipio de Abando, lo cual supuso una ampliación del original proyecto del ensanche. Sobre este nuevo entorno se asentaría el nuevo Bilbao del siglo XX, una nueva ciudad, alzada a lo largo de varias décadas, y a la que se irán desplazando progresivamente los centros de decisión del municipio. Historia de Bilbao. De los orígenes a nuestros días. Pedro Ugarte. Ed. Txertoa, 1999. Pag. 95

Comments

  1. Without Google’s translator I probably never would have know that this was such a great history article.

  2. La burbuja del Gran Bilbao. ¡Muy bueno! Abrazo, A.

  3. ¡Hey! En la página 94 y ss del libro que tú ya sabes, tienes datos muuuuuy interesantes sobre este asunto. Con nombres y apellidos. ;-D