Rodrigo Rato y Christine Lagarde. Chatarra Social

Uno de los lugares más representativos de esta sociedad esclava del crecimiento son los desguaces de automóviles. Tengo un buen amigo que se sabe al dedillo  esos espacios. Desde que le conozco, y ya va para treinta años de ello, siempre está yendo o regresando de algún desguace. Unas veces con piezas sueltas, otras con vehículos enteros. Mi amigo conoce el país a través de sus desguaces y es capaz de conducir desde Bilbao a Noruega en una zapatilla.  Los coches nuevos le horrorizan. Ninguna máquina que tenga menos de treinta años merece su atención. Es un artesano de la mecánica y está empeñado en la reutilización y prolongación de la vida útil de los vehículos que restaura. Todavía recuerdo su disgusto cuando le dije que había mandado al desguace mi cuatro latas para comprarme un vulgar astra de tercera mano. Fue hace quince años y aún lo saca a relucir de cuando en cuando.

Cuanto más moderna es una sociedad, más desgasta, agota y desprecia. Esa modernidad de pastiche obliga a un intenso ritmo de consumo y producción, un crecimiento constante. Nos olvidamos de los dragones, seres no tan mitológicos condenados a crecer de por vida hasta quedar aplastados por su propio peso, pero deberíamos tenerlos en cuenta. En 2006 había en el mundo unos 600 millones de automóviles. No sé cuantos miles de vehículos se fabricarán al año, me da igual, todos ellos son el mismo. Un único e inmenso vehículo devorando recursos naturales y laborales excesivos. Una metáfora del absurdo. Poseer y mantener un coche es un lujo, también una necesidad en muchos casos, pero cambiarlo por otro nuevo con la regularidad que quisieran los mercados es un sinsentido alimentado por una trampa: lo viejo no sirve y lo que sirve debe ser viejo una vez adquirido.

Esto que escribo también es viejo, y vista la situación en la que nos encontramos no ha servido de gran cosa. “¡Recortemos más! ¡Al contrario, crezcamos!”, oigo por todos lados. ¿Y qué hay del repartir? Se me ocurre (y me considero igual de capacitado para hablar de economía que cualquier teórico economista actual, vista su zozobra respecto a la crisis actual, cuando no complicidad) que repartir el consumo sin incrementar la producción debería ser una vía a explorar. ¿Qué razonamiento lógico, además de la irracionalidad humana, puede explicar  la contraposición de millones de personas condenadas al hambre y un puñado nadando en la abundancia? Yo sólo encuentro dos: la avaricia y la ignorancia. ¿De qué pueden servirle a Rodrigo rato, por ejemplo, todos sus millones, sus títulos universitarios, sus altos cargos en el entramado económico? Por su avaricia e ignorancia social, Rodrigo Rato es en estos momentos un paria social. Sé que para otros es un campeón de las finanzas, se ha forrado y eso es lo que cuenta. La raya que trazó Unamuno entre violencia y razón también sirve para el terrorismo financiero, y el grito de Millán-Astray sobre la muerte es similar a la doctrina del anarquismo capitalista en el que se ha transformado el neoliberalismo.

Y eso quería decir partiendo del dos caballos que está restaurando mi amigo. Si no hay nada nuevo, ni en sus cacharros ni en mi discurso, más antiguo aún es el lenguaje de Christine Lagarde, presidenta del FMI. Una esfinge rodeada de oro deseando que pensemos menos, trabajemos más y fallezcamos antes. Ella no lo ha dicho, pero por su cabeza ya ha pasado esa idea común en las grandes finanzas y en el propio infierno: una guerra también puede ser considerada como una solución.

Citroën dos caballos furgoneta. Tengo Sitio Libre. Blog de Willy Uribe.

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Comments

  1. Eso e asin, primo.

    Cada vez escribes mejor.

  2. Aquí, un tornillo de rosca comida como yo, puede confirmar punto por punto lo que dice usted. Y visto lo visto, me voy a dar una buena rociada de 3en1 porque el panorama puede ir de muy malo a muy peor.
    (Benditos dedos que teclearon este análisis. Los adoro. Abrazos)

  3. Bendita restauración….entretenimiento mental y enriquecimiento del alma..