Tensión en las cuencas mineras

Pozo Carrio. Concejo de Laviana. Asturias. 18 de junio de 2012.

Cuenca minera. Asturias. Pozo Carrio. 2012. WU  PHOTO © Willy Uribe

–          ¡Que no avance más! – gritó un joven tras la vagoneta, acercando el mechero a la mecha.

El cohete ganó velocidad y tensión ayudado por el tubo metálico e impactó en el vehículo de policía, que no dudó en dar la vuelta al instante. Seguido, alguien lanzó un par de tuercas con el tiragomas.

Tres horas después, cuando el capitán de la Guardia Civil alcanzó el puente del pozo Carrio junto a sus hombres, hacía ya diez minutos que los mineros se habían retirado. Solo encontró a un fotógrafo que se fumaba un pitillo. Me miró y me ignoró. Después, desvió su mirada a la barricada desierta formada por las vagonetas de la mina. Tras escuchar una ristra de insultos procedentes de la espesura, ordenó disparar unas cuantas pelotas de goma. Las mismas que mataron hace un par de meses a un chaval en Bilbao.

–          ¡Cobardes! – gritó, en dirección al monte.

Cuenca minera. Asturias. Pozo Carrio. 2012. WU PHOTO © Willy Uribe

Diez minutos antes, viendo la desigualdad de fuerzas (calculo unos 200 antidisturbios), los mineros se habían retirado de las barricadas del puente del pozo Carrio, desde donde bloqueaban las carreteras y el ferrocarril. Unos treinta jóvenes que, mandando al carajo las órdenes de los sindicatos mineros, habían decidido continuar bloqueando las vías de comunicación.

Desde luego, esto no es el 15M. Ni el pozo Carrio la Puerta del Sol. Cada gremio tiene su modo de protestar y no hay universitarios entre los mineros. Cuando lo prometido y lo firmado se incumple, tu país está siendo saqueado, tienes que trabajar en condiciones deplorables y tu puesto de trabajo, a seiscientos metros bajo la superficie, está condenado al desahucio, no es del todo extraño que a algunos les entren ganas de fabricarse una lanzadera de cohetes y un tiragomas potente.

–          Yo no soy minero, soy albañil. Pero no me gusta que me roben y me insulten a la cara.

Cuenca minera. Asturias. Pozo Carrio. 2012. WU PHOTO © Willy Uribe

La desorganización del piquete del pozo Carrio se hacía evidente, también su valor. Esto que vivimos es un maldito viaje en el tiempo. España se está repitiendo. Un ejemplo: en el puente del pozo Carrio conocí al fotógrafo Javier Bauluz, de Periodismo Humano. Su comentario fue esclarecedor:

–          En 1984, cuando comenzaba a sacar fotografías, estuve en este mismo puente y en una barricada similar. Ahora, veintiocho años después, vuelvo al mismo lugar.

Pero también hay diferencias. Una hora después, Javier Bauluz, junto a otros periodistas, era expulsado del lugar por los huelguistas. Su pecado: sacar fotografías. En otra situación no habría sucedido, pero los jóvenes que estaban en el puente del pozo Carrio no obedecían a los sindicatos y eso abrió otra vía, otro modo de comportarse donde los tubos lanzacohetes y los pasamontañas imponen sus razones. A nadie le gusta que le saquen una foto a cara descubierta cuando está lanzando un volador que bien puede reventar una cabeza. Si lo haces, tápate hasta el culo, pero no la pagues con quien trata de cumplir con el trabajo de informar a la población de lo que está ocurriendo.

Cuenca minera. Asturias. Pozo Carrio. 2012. WU PHOTO © Willy Uribe

Tras la llegada de las unidades especiales de la Guardia Civil y la retirada de los huelguistas a las laderas del valle, cubiertas de bosque, comenzó el juego de las persecuciones. Volaban insultos y algunos cohetes sobre los soldados que reemplazaron a la Policía nacional de días anteriores (no olvido el carácter militar de la Guardia Civil). Con el fusil terciado, recorrían una zona que desconocían más de lo que imaginaba. De cuando en cuando respondían con ciegos pelotazos de goma hacia la espesura, sin ver a nadie. Avanzaban con mucha tranquilidad, y eso me llevó a pensar si algunos de ellos no habrían andado por Afganistán, y si era así, en qué modo diferenciaban el disparar a sus propios paisanos en vez de a unos tíos con turbante. Aunque luego abandoné la reflexión. El oficio que escogemos nos condiciona. A todos ellos les pagan por dar palos y ejercer la violencia legal. Supongo que eso barre cualquier reflexión, que el mando obliga y cobija. Pero también tiene sus riesgos, aparte de una vida subordinada.

–          Hace dos días, persiguiendo a unos cuantos por el monte, nos lanzaban por las laderas cilindros metálicos de este tamaño – me dijo un guardia, marcando un espacio de unos treinta centímetros entre sus manos -. Si eso te coge, te puede hacer mucho daño.

Cuenca minera. Asturias. Pozo Carrio. 2012. WU PHOTO © Willy Uribe

Al final, abiertas de nuevo las vías de comunicación, la cuenca del Nalón se preparó para la manifestación que se celebraría por la tarde. Una marcha entre La Felguera y Sama. Unas treinta mil personas luchando por su futuro y el de sus hijos. Allí escuché decir a un sindicalista:

–          Hay una tremenda campaña de descrédito hacia los trabajadores de la minería. No es nueva, pero ahora se intensificará.

Los mineros y el carbón forman parte de la riqueza de este país. Fuerza de trabajo y recursos naturales. Solo un necio y un incompetente en compañía de una hiena, es decir, un ministro  y un banquero, son capaces de transformar esa riqueza en vacío y drama.

Cuenca minera. Asturias. Pozo Carrio. 2012. WU PHOTO © Willy Uribe

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Comments

  1. Zorionak y grácias por la información tan fresca y en directo. Te has jugado un par de hostias compañero. Has sido valiente, bien por los que se atreven como tú. Besarkada bat.

  2. Llamar soldados a los guardias civiles es cuanto menos arriesgado… Son policías con una naturaleza militar, pero nada tiene que ver con soldados. Son policías, así los han formado y con los mismos cometidos que un policía nacional, a pesar de su condición. A pesar de intentar utilizar esos terminos para darle un toque más peliculero al relato, llamemos a las cosas por su nombre, que el proceso de selección, concurso-oposición, formación, cometidos y estatus está muy lejos que el de un soldado.

    Así como la comparación de disparar en Afganistán a disparar a sus paisanos, por favor, creo que hay ser más objetivo y menos sensacionalis, en Afganistán hay un conflicto bélico y estos agentes utilizan fuego real, aquí en Asturias, como en cualquier desorden público se utilizan balas de fogueo y pelotas de goma, por cierto nada que ver con las que “mataron” al seguidor bilbaino, esas son de la Ertzaintza. La G.C. todavía no ha matado a nadie con un pelota de goma.

    Me ha gustado tu crónica, pero si se me permite el consejo, que lo dudo, habría que ser un poco más objetivo y ponerse en la piel de los GRS (los antidisturbios de la G.C.), esos policías que visten de ver, no soldados. No creo que por 1500 euros les guste que un volador les reviente la cabeza o una tuerca les deje sin un ojo, cuando sólo intentan hacer cumplir la ley, nos guste más o menos, pero es la que hay para todos.

    Saludos.

    • Jaido:

      Discrepo contigo en lo básico. Pienso que la Guardia Civil es un cuerpo militar porque personalmente ese es el concepto que tengo de ella y porque todas las policías de este país tienden a lo militar. Me lo han demostrado en varias ocasiones.

      Respecto a las pelotas de goma, me da igual que sean de la Ertzaintza, de los Mossos, o de la Guardia Mora de Franco. Son munición, matan y hay mucho incompetente con escopeta.

      La comparación entre Afganistán y España pienso que no es gratuita. Se obedece al mando y es lo que hay. Munición de goma, o munición de guerra, tanto da cuando hay que mantener el “orden”. Un “orden” que putea al humilde, premia al sumiso, beneficia al poderoso…. y condena a la Guardia Civil a continuar siendo un cuerpo militar. Es ese “orden” el que machaca con un discurso repleto de mentiras y que algunos conocemos como Propaganda.

      Un abrazo.