El indulto y la deuda

Indulto y deuda. Tengo Sitio Libre. Blog de Willy Uribe.

Indulto: Gracia o privilegio concedido a uno para que pueda hacer lo que sin él no podría.

Esta nítida definición, extraída del Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, publicado por Montaner y Simón en 1892, se mantiene en sus mismos términos un siglo después. La usada por el  Diccionario Enciclopédico Nuevo Espasa Ilustrado, publicado en 1999, no cambia una sola palabra.

¿Qué puede significar esto? A mi entender, viendo que la palabra clave es “privilegio”, lo que encuentro es un mantenimiento férreo de las estructuras del poder, que actúa en defensa de aquellas personas que le han sido útiles o a las que se les debe algo. El indulto exime del cumplimiento de la ley. Una vía para que el poder incumpla las normas que se imponen para el común. La ley, ese concepto tan sobado por gobiernos de todo tipo y color, pierde entonces su sentido social. Legislar para después incumplir no parece una idea sensata. Incumplir para salvar al poderoso remite al pago de una deuda. ¿Qué deuda? Pues aquella por la que el poderoso tiene bien sujeto al gobernante.

Hay muchos ejemplos de estos privilegios desde la instauración en España del sistema parlamentario.  Lo sucedido con los GAL es uno bien importante, pero por cuestiones de espacio voy a fijarme en dos de ellos porque tocan de lleno al poder financiero y al poder policial. El primero es el indulto otorgado por José Luis Rodríguez Zapatero al banquero Alfredo Sáenz. Con esta acción, Zapatero salvó al PSOE del desahucio y pagó una deuda particular, pero cavó su tumba por humillar y faltar al respeto a la sociedad. Zapatero se plegó  al poder financiero, algo que el PSOE lleva haciendo desde hace décadas. Ese, entre otros, es el motivo de la descomposición actual de dicho partido político. Pagar deudas arruinando tu credibilidad no es una buena estrategia.

El segundo indulto a destacar, bien reciente, es el concedido por Mariano Rajoy a cuatro agentes de los Mossos d’Esquadra. Siendo el PP no un gobierno al servicio de la Banca, sino la Banca misma, cualquier indulto a un banquero sería una confirmación de dicha característica. Indultando a estos policías, condenados en firme por torturas, la más sucia expresión del poder y el comportamiento más execrable en cualquier policía, Mariano Rajoy vuelve a pagar una deuda. Este gobierno, elegido democráticamente en base a sus mentiras electorales, tiene en los cuerpos policiales un aliado fiel. Son los encargados de hacer cumplir la ley, por lo tanto, la ley debería obligarles. Vuelvo a remitirme a la definición: Gracia o privilegio concedido a uno para que pueda hacer lo que sin él no podría. Más claro, agua. Con dicho indulto estos cuatro policías podrán seguir torturando,  lo que deja patente que Mariano Rajoy y todos sus ministros dan cobertura a la tortura. El gobierno de España paga una deuda a las fuerzas policiales diciéndoles que no importa a quien torturen o a quien asesinen ya que el privilegio del indulto siempre les protegerá. La policía guarda al gobierno y el gobierno guarda a la policía. ¿Dónde quedan esas leyes que llenan la boca de nuestros gobernantes? Quedan para el pueblo llano, y ni Alfredo Sáenz ni la policía ni las cúpulas del PP y el PSOE, o cualquier otro partido con posibilidades de acceder al poder,  forman parte de ese escalafón social.

Con estos indultos, Zapatero y Rajoy han faltado al respeto al pueblo que representan. Sus firmas dejan bien claras sus prioridades. Están jugando con fuego y no son conscientes.  La corrupción política, ética y económica que demuestran a diario son dos factores de alto riesgo que como sociedad debemos combatir. Si Rajoy y Zapatero pensaron que dichos indulto son  justos, eso significa que piensan que la ley es injusta. Si no es así y opinan que la ley es justa, dejan patente que el indulto es un quebrantamiento de la ley. Ese es el motivo por el que ninguno de ellos ha tenido el valor de explicar dichos indultos. De hacerlo, dejarían aún más patente la naturaleza de su delito, que se llama prevaricación y está penado por ley. Dicho de otro modo, somos gobernados por delincuentes que se mofan de la ley y se indultan unos a otros.

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