Big wave surfing

Una breve mirada histórica al surf de olas grandes del siglo XX

Para surfear olas grandes se necesitan muchas cualidades. Tres de las más importantes son saber en todo momento lo que estás haciendo, entrar al agua con humildad y unas condiciones físicas al cien por cien. Ibon Amatriain, surfista vasco con gran experiencia en olas grandes a lo largo de todo el mundo, lo enfoca de esta manera:

El miedo es un estado que aparece cuando ves que la situación no la tienes del todo bajo control. Surfear olas grandes significa toda una lección de humildad. Saber lo pequeñito que eres tú y el poder que tiene aquello.

Peio Etxebarria. Meñakoz. Basque Country. Spain. WU PHOTO © Willy Uribe

Nada de vacilón playero

Adentrarse en el mar con una tabla de surf y dirigirse con decisión al encuentro de olas de entre cinco y diez o más metros de altura supone para quien lo hace una sensación realmente intensa. No estamos hablando aquí de surf veraniego, del de playa y vacilón y cervecita en el chiringuito. No, es algo muy diferente. La sensación de potencia que ofrece el mar en un día de olas grandes se escapa de cualquier descripción colorista. Además, generalmente, las olas grandes no rompen en las playas. El espectáculo está restringido a bajos alejados de la costa y arrecifes rocosos cercanos a los acantilados.  Por si fuera poco, las olas grandes acostumbran a dejarse ver en otoño e invierno, época en la que la movidilla surfera de verano está hibernando.

Ese puede ser el motivo por el que muchos piensen que el surf en España está muy alejado de las míticas olas hawaianas. Algo que para nada es cierto. La costa norte española alberga media docena de olas capaces de poner nervioso a cualquier surfista, por muy experimentado o hawaiano que sea. También tenemos gente dispuesta a surfear los metros que les echen. Hombres muy preparados físicamente y con pulmones de no menos de seis litros de capacidad. El californiano-hawaiano Greg Noll, “Da Bull”, uno de los surfistas de olas grandes más carismáticos de todos los tiempos, definió un día a la gente que surfea montañas:

Cada uno de los big waves riders que he conocido es un individuo radical.

Eso no quiere decir que vayan quemando cajeros automáticos, sino que su postura vital ante la naturaleza y ante sus límites en el deporte es completamente diferente a la de los demás. Van hacia lo diferente, hacia la fuerza, allí donde los demás se retiran. No es fácil coger una ola de más de cinco metros. Es necesaria una experiencia de muchos años, un gran conocimiento del mar y mucha decisión. La mayoría de las veces, en un día grande, no puedes tirarte atrás cuando has comenzado a remar una ola. Probablemente, si lo haces, la ola siguiente te pasará por encima o romperá con violencia sobre ti.

Las olas más grandes

Esta clasificación, que siempre se refiere a olas de más de 10 metros y sin la ayuda de motores mecánicos de arrastre, está envuelta en polémica porque la medición de las olas es un factor de discusión constante en el mundo del surf. Aun así, existen ciertas marcas históricas que nadie discute. Todas ellas en la costa norte de Oahu, Hawai.

Las olas mejor documentadas son las de Buzzy Trent en Makaha en 1958, Greg Noll, también en Makaha en el mar épico de 1969 y Mark Foo en Waimea en el invierno de 1986. Otros hombres que han pasado la barrera de los 30 pies son Peter Cole, Ace Cool, Reno Abellira y Eddie Aikau. Este último, componente de una familia de gran tradición surfera en Oahu, murió ahogado cuando trataba de auxiliar a una embarcación en apuros. Su gesto y su recuerdo propiciaron el nacimiento de la prueba con más renombre en el surf de olas grandes: el Memorial Eddie Aikau. Campeonato que únicamente se celebra cuando la altura de las olas sobrepasa los ocho metros.

Gary Elkerton. Lanzarote. Canary Islands. Spain. WU PHOTO © Willy Uribe

Los primeros tamañeros y algunos muertos

Para los primeros polinesios que se deslizaron por el agua sobre tablas, el surfear las olas enormes que veían romper en los arrecifes exteriores era misión imposible. Y no por falta de valor, sino porque sus tablas no estaba diseñadas para ello. Eran pesados tablones de madera sin quilla que únicamente servían para deslizarse con tranquilidad en olas fofas de dos metros como máximo. Los primeros individuos en coger olas realmente grandes en Hawai lo hicieron en la década de los 50, cuando la evolución de las tablas lo permitió. George Downing fue el primero. Otros fueron  Peter Cole, Pat Curren, Greg Noll, Mike Stange, Ricky Grigg y Buzzy Trent. Básicamente lo hacían en dos lugares: Makaha y Waimea, ambos en la costa norte de la isla de Oahu.

Tuvieron que pasar tres décadas para que el surf de olas grandes saliera de su retiro hawaiano y se difundiera por todo el mundo. A finales de los ochenta se descubrió una nueva ola gigante en la costa de Baja California. Su nombre es Todos Santos y marcó un antes y un después. Desde entonces, el número de surfistas de olas grandes ha ido aumentando.

En las aguas frías del norte de California, Jeff Clark surfeó en solitario las monstruosas olas de Mavericks durante algunos años hasta que algunos colegas se le unieron y entonces la existencia de esa ola se conoció en todo el mundo surfero. Así que los surferos de olas grandes tuvieron que ir a comprobarlo. Mark Foo, tamañero hawaiano muy experimentado,  murió allí en 1994. Justamente un año después, en la misma fecha, Donnie Solomon se ahogó en Waimea. Todd Cheser murió también atrapado por una serie de olas gigantes en Outside Alligators, cerca de Waimea, en 1997. Durante la última mitad del siglo XX, tan solo en la costa norte de Oahu se han ahogado veinticinco surfistas. En un rápido y frío cálculo sale a un muerto cada dos años. Como veis, una afición de riesgo extremo.

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