Dani el Rojo inaugura Sant Jordi en Negra y Criminal

Dani el Rojo. Barcelona, 2013 WU PHOTO © Willy Uribe

Tan solo conocía su nombre y apodo, Dani el Rojo, y una vaga referencia a sus años de atracador de bancos. Nada más oír ese apodo por primera vez conecté con el hombre que narró su historia a Ramiro Pinilla y éste la llevo al papel en Antonio B el Rojo, una de las novelas más estresantes que he leído nunca, junto con alguna de Céline.

Dani el Rojo también narró sus andanzas a Lluc Oliveras, quien las relató en los libros Confesiones de un gánster de Barcelona, El gran golpe del gánster de Barcelona y Mi vida en juego. No he leído ninguna de ellas, por lo que poco sabía sobre Dani el Rojo. Me lo encontré ayer en el pre-Sant Jordi de la librería Negra y Criminal y él mismo se encargó de ponerme al día.

–          Oye, Dani, ¿tú los bancos los atracabas porque te gustaba la pasta y la buena vida o había otro motivo?

–          Joder, yo era jonky hasta las cachas, jonky de vena.

Supongo que con su gran estatura y volumen corporal, la cantidad de jaco que necesitaba superaba la media, por lo que el monto de dinero diario que se iba por su sistema sanguíneo sería abultado. Su físico me recuerda a otro jonky, también alto y grande y también atracador a mano armada especializado no en bancos, sino en farmacias. Este último murió, pero Dani el Rojo logró escapar de la trampa del jaco y tuvo la habilidad de saber narrarlo, porque Dani el Rojo no es escritor, sino narrador oral. Y lo hace muy bien.

–          Mucha pasta diaria, mucha. Y mucho vicio. El LSD me lo chutaba.

–          Nosotros lo comíamos y después íbamos a coger olas.

Chutarse LSD es una barbaridad. Sube directo. Si lo comes impregnado en un cartoncito, el clásico tripi, la cosa va despacio. El LSD es una droga bastante técnica en su consumo. Cuando me dijo que se lo chutaba, supe al instante que Dani el Rojo encarnó la especie de jonky más peligrosa, esa que además de medir casi dos metros y usar una recortada, le da por el culo llevarse por delante a quien sea. Desconozco si Dani el Rojo ha matado a alguien. Colegueamos bien y sería cojonudo volver a charlar con él, pero jamás le haría tal pregunta. Una vez, en Centroamérica, un hombre me contó cómo mató a otro hombre. También era un buen narrador oral, por lo que el relato fue duro de encajar. Es algo inevitable cuando transitas desde la ficción hacia la sangre de verdad.

Continuamos charlando poco rato más. La librería Negra y Criminal y sus alrededores estaba llena de gente, vino negro, patatas fritas y mojojones. Me despedí de Dani y me puse a charlar con Carles Quílez.

–          Me he venido a vivir a Barcelona, Carles.

–          Entonces tenemos que celebrarlo con un chuletón en un lugar que frecuento. Te va a gustar, está lleno de lumpen. Van cantidad de policías.

Pues eso. Que Negra y Criminal dio el pistoletazo de salida a Sant Jordi.