Salomón el africano

Salomón el africano. Relato. Willy Uribe. Barcelona 2013.

Me llamó el casero diciendo que un hombre iba a permanecer en el piso durante un par de días. Preguntó si nos molestaba que se quedara en la sala durante ese tiempo.

–          Bueno, es una zona común. Pero si son dos días.

–          Solo dos días. El hombre está en apuros y pronto se irá de Barcelona.

Estar en apuros, pensé nada más cortar la comunicación. ¿Hay alguien en este piso que habito que no lo esté? De los que han pasado y de los que permanecemos; aquel joven lituano que ni siquiera tiraba las chutas a la basura; el ucraniano que dormía sobre la caja del ascensor; ese gallego desahuciado que quería casarse pero no encontraba con quién; el camarero ecuatoriano que no cesa de hablar con su familia; el húngaro que no tiene con quién jugar al ajedrez y estudia sin cesar aperturas varias, echando de menos su país en casa movimiento de peón; la pareja de rumanos, abiertos, alegres y grandes comedores de cerdo pero con un pequeño caniche que enseña los dientes a cada instante; el vasco qué escribe y también está solo.

Estar en apuros. Claro. Y pincho una que Johny Cash tituló Hank and Joe and me.

Una noche regreso a casa y la persona de la que me habló el casero ya se ha instalado en la sala. Es un camerunés de unos setenta años que lee El País y la Biblia. Carga unas cuantas maletas, pequeños trastos y algunos cacharros de cocina envueltos en papel. Es un hombre grande. Yo también. Por eso, y entre tanto equipaje, en el pequeño salón se agota el espacio. De inmediato observo que es de buena conversación. Le digo mi nombre y le tiendo la mano. Él la acepta. Se llama Salomón. Su mano es grande y vigorosa. No ha tenido suerte en los negocios. Dice que se ha esforzado mucho, pero que todo ha sido en vano y se vuelve para Camerún. Dice que Europa ni le quiere ni le necesita ni le echará de menos. Dice que aunque yo sea escritor no conozco un solo escritor africano actual. ¿Un nombre de algún fotógrafo africano? ¿Algún actor, actriz, artista en general? ¿Algo además de Nelson Mandela? Y si los europeos con inquietudes culturales no conocen nada de eso, ¿cómo lograr que África progrese? ¿Cómo comprenderán que nos esforzamos el doble que ustedes para que el fracaso sea también el doble?

África en Barcelona. De golpe en la pequeña sala. Todo África mirándome de frente. Salomón mueve sus manos, se expresa con todo su cuerpo y me increpa. Con educación, con respeto, pero implacable. Su rencor es profundo, incluso hermoso. No puedo más que afirmar que todo lo que dice es verdad y real. Europa, ese Premio Nobel de la Paz, ahora, en este momento, no deja de pringarse las manos con sangre africana.

Entonces, ¡maldita sea!, tomo conciencia de cuál será el final de esa conversación. Yo, el europeo, le diré a Salomón el africano que tampoco tiene sitio en ese piso de Barcelona. No ha venido para dos días. El casero le ha prometido al menos dos semanas, según me confiesa. Eso en principio, tal vez sean meses. Y no puede ser. Aquella sala es de uso común, un pequeño pulmón. En el piso ya no cabemos más. La patera está llena, amigo Salomón. ¿Amigo? ¿Puedo llamarte así a la vez que te expulso? ¿Me comprendes, Salomón? Tú que eres sabio, porque lo vi en tus ojos y en tu lenguaje, ¿tienes alguna respuesta adecuada para un cínico europeo como yo?

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Salomón el africano. Willy Uribe. Barcelona. Junio 2013.

Hank and Joe and me. Johnny Cash