Marca Europa

En 1498, el navegante italiano Juan Caboto, al servicio de los comerciantes de Bristol y la corona inglesa, desapareció en viaje de descubrimiento en el Atlántico Norte junto a cuatro de sus cinco naves. Solo una de ellas consiguió alcanzar las costas de Irlanda y dar noticia del desastre. Poco después, el humanista Polydore Vergil escribiría sobre Caboto:

Se dice que no ha podido hallar las nuevas tierras más que en el fondo del océano.

En 2013, Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España, se hunde irremediablemente y no le importa que la población española también lo haga. ¿Habrá vida en la fosa de las Marianas? Sin embargo, Rajoy va más allá de representar la tragedia de las élites económicas y políticas españolas, podridas por la ambición, la ignorancia y la prepotencia. Mariano Rajoy ha pasado a ser una jodida metáfora del continente europeo. Christine Lagarde, por ejemplo, es otro Mariano Rajoy. Berlusconi también es Rajoy. Y Tony Blair, y Aznar, Y González, y Helmut Kohl, y todos los demás, que son muchos… y sumemos sus camarillas. Son Rajoy porque no cesan de mentir y enriquecerse mediante el robo y la falsedad. En su interior han decidido que son referentes políticos y éticos del continente. Se han creído esa patraña porque el criminal siempre tiene un limpio concepto de sí mismo y piensa que todas sus actuaciones pueden ser justificadas.

¿Qué ha hecho Europa en estos cinco siglos, además de alimentar las arcas de los poderosos? ¿Cuál ha sido el error para llegar a esta situación de descrédito? El legado cultural del que presumimos, ¿para qué nos sirve a nosotros y al mundo al que pertenecemos? Educamos en París y matamos en Nigeria. Negociamos con China y condenamos a Cuba. Levantamos tanto museos como necrópolis y siempre sacamos réditos. Aplastamos a Libia y ponemos laureles a Barak Obama en Estocolmo.

Europa, tal y como la imaginábamos los ciudadanos, ha sido una ocasión fallida. Los referentes éticos europeos son de mantequilla y el calor del dinero los funde a cada instante. El cinismo nunca ha sido un instrumento de navegación fiable. Ahí tenemos a Mariano Rajoy y todo el Partido Popular español como los naufragios más recientes.

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