Nunca supe lo que es un hipster

Javier E. Sierra. Memoria moderna.

Javier E. Sierra - Memoria Moderna

Hipster… la primera vez que escuché ese palabro pensé en Tomás, el hámster que convivió conmigo durante diez años hasta aquel día funesto. Después, ojeando los suplementos dominicales, vi que lo hipster era algo muy diferente a un roedor. Estaba ante un movimiento cultural que me costaría comprender. Ese desconocimiento me disgustó. Me pongo muy nervioso cuando algo me ronda y no lo pillo. Y sí, estaba rodeado de hipster por todos lados. ¡Coño, si vivía en Barcelona!

Paseando por las calles de la ciudad, sin trabajo y sin dinero, comenzó a rondarme la posibilidad de ser un hipster… al menos sería algo, joder.

–          No colega, tú nunca serás un hipster. Tú eres un puto hippy chocolatero fuera de onda que aún flipa con Neil Young – me dijo un colega de confianza que está al tanto de lo que se mueve en la calle.

–          Pero llevo camisas de leñador, gafas de pasta y gorra de beisbol.

–          Sí, es la misma indumentaria, pero mientras ellos son hipster tú pareces un psicópata de Texas colgado de LSD y camino de la armería. Y además, eres pobre como una rata y vives en Hospitalet.

¿Nadaban los hipsters en la abundancia? ¿Cada cuántos años compraban camisas de leñador nuevas? ¿Realmente no escuchaban a Neil Young? ¿Dónde coño vivían? Joder, ya empezaba a hartarme de los jodidos hipsters. Y sobre todo, ¿por qué demonios quería transformarme en uno de ellos? ¿No podía ser sencillamente Javier E. Sierra? ¿No podía? ¿No? ¿Y por qué no?

–          Traslada sus limitaciones a parámetros que no puede comprender, señor Sierra, y eso acrecienta sus frustraciones – me dijo el psiquiatra del ambulatorio -. Tómese dos de estas, mañana y tarde, y pida cita para dentro de dos meses. Ya verá cómo todo va a ir a mejor en este tiempo.

Maldito cabrón. Todo fue a peor. ¿Tal vez debería haberme tomado esas pirulas? ¿Dónde encontraba yo a esa hora un hipster para cruzarle la cara a hostias? ¿En el barrio de Gracia? No, en mi casa. El pobre hámster. Tomás. ¿Qué culpa tenía él de convivir junto a un puto hippy chocolatero fuera de onda que aún flipaba con Neil Young? ¿O era un psicópata de Texas puesto de LSD y camino de la armería?

–          Si yo no puedo ser un hipster, tú tampoco.

Lo maté de un pisotón. Al hámster. Y de ahí a comenzar a odiar a los hipster medió una décima de segundo. Si yo no lograba comprender a los hipster, mucho menos ser uno de ellos, era porque utilizaban un lenguaje y unos modos tan obtusos que franqueaban lo intolerable. ¿Los hipsters como sociedad secreta? ¿Una especie de iglesia de la Cienciología entre nosotros? ¡Qué carajo era aquello! ¡No podía permitirlo!

–          ¡Malditos hipsters, malditos por siempre! ¡Habéis matado a Tomás, mi dulce hámster!

Tomé su cadáver en las manos y juré venganza antes de tirarlo a la basura.

–          Así os aplastaré a todos vosotros.

Para ello necesitaba drogarme como una mula. Como no encontré tripis por ninguna parte, me tuve que conformar con unos cogollos de la marihuana más fuerte que pude conseguir. Después de fumarme tres mochos, busqué un hipster para matarlo.

–          ¡Tú, hipster! ¡Ven aquí! – dije al primer pringao que me salió al paso, nada más llegar al barrio de Gracia.

Y el tipo vino a mi encuentro con una sorpresa.

–          Yo voy, pero no soy hipster.

–          ¿Cómo que no?

–          Para nada. A mí lo que en realidad me va son los mods.

–          ¿Mods? ¿Qué coño es eso?

–          Oye tío, ¿tú de dónde sales? ¿Y ese martillo?

Se lo clavé en la cabeza unas cuantas veces. Primero por la parte afilada, después por la parte chata. En mi mente resonaban las palabras de ese amigo de confianza al tanto de la calle: “Ningún hipster reconocerá que lo es”.

¿Hice bien? Claro que sí. Es más, tantos años después nadie me ha pedido cuentas por ello. Si algo me jode es la falsedad. Yo soy esquizofrénico y así me presento. Los fontaneros son fontaneros, los polis, polis, y las putas, putas. Entonces, ¿por qué los jodidos hipsters niegan su condición de hipsters? Yo os lo diré: porque son un peligro para regenerar esta sociedad de mierda. Sus ropas de segunda mano no son más que camuflaje. En realidad, todos ellos son agentes secretos del mundo de las finanzas empotrados en ambientes pseudo-culturales y pseudo-alternativos. Son los cachorros del sistema que mató a mi dulce hámster y nos matará a todos nosotros cualquier día de estos. Traté de detenerlos, pero fue imposible. Rodeado de hipsters, nadie reconocía que lo era.


Willy Uribe. Abril 2013

Javier E. Sierra. Memoria moderna

Comments

  1. GaddaDaVida says:

    Qué bueno!!😀
    Encontré esta entrada de blog buscando en google qué coño es un hipster, no tengo ni idea cómo son, parece ser que están entre nosotros pero no me entero…

  2. Willy, eres un crack !!!
    Sigue sin tomarte la pastilla, o toma sólo las que te gusten ! o fúmatelas si lo prefieres !
    Voy a leer algún otro escrito tuyo por si resulta igual de fresco y divertido o se ha tratado en un momentazo de inspiración.
    ¡ Muerte a los falsos que no regeneran nuestra sociedad de forma positiva !
    ¡ Indulto para los hámster y otros animales invalidos ! abusón ! asesino ! pedazo de genio !

Trackbacks

  1. […] Javier E. Sierra. Nunca supe lo que es un hipster […]

  2. […] Javier E. Sierra. Nunca supe lo que es un hipster. […]

  3. […] Javier E. Sierra. Nunca supe lo que es un hipster. […]