Medio siglo de surf en España

Entre la ilusión y el negocio

Según la historia aún no escrita del surf en nuestro país, son ya cincuenta años desde que el santanderino Jesús Fiochi surfeara por primera vez en las playas de El Sardinero en 1963. Debería ser un aniversario redondo, sin embargo, hay otras versiones de esa historia no escrita que dicen que la primera vez que se cogieron olas en este país fue en Gijón, otras que en las playas de Getxo, algunas que en Cádiz, incluso en Málaga. ¿Dónde ocurrió? ¿Quién fue el primero? La verdad es que poco importa, porque la aparición del surf en nuestras costas sucedió cuando todo volvió a suceder… es decir, en el tramo final del franquismo. Cuando los Seiscientos, Benidorm, Fraga, las suecas y todo eso.

Primeros surferos cántabros. Década de los 60. historia del surf en España

Las tablas llegaron de Francia, lo mismo que los buenos libros, las buenas películas y el aire fresco. Allí, el surf llevaba ya una década instalado. En una primera fase, durante los años sesenta, quienes trajeron aquellas primeras tablas eran jóvenes de familias acomodadas que podían permitirse el viaje a San Juan de Luz o a Biarritz y el dinero para su adquisición. Después, en la década de los setenta, la demanda fue en aumento, pero no la oferta. La carestía se sobrellevó con las tablas y los neoprenos que vendían los surferos extranjeros, de paso hacia el sur Marruecos, y con una incipiente industria artesanal de fabricación de tablas. Surgieron pequeños talleres que fabricaban a demanda. Instalados en sótanos o garajes, eran lugares de encuentro para la reducida población surfera de aquellos años. Entonces era muy normal surfear en invierno con neoprenos de buceo, incluso a pelo o con jerseys de lana embutidos en bolsas de plástico. Ninguna de las facilidades que hoy encuentra una persona que quiera iniciarse en el surf existían durante aquellos años.

Sopelana. Euskadi. Década de los 70. Historia del surf en España

El verdadero cambio tanto en adquisición de equipo como en número de surfistas llegó en los años ochenta, con la apertura de empresas importadoras, tiendas de surf y los primeros talleres profesionales de fabricación de tablas. Zarautz, Getxo, Santander, Gijón, A Coruña y Las Palmas serían los núcleos principales desde los que surgiría esta nueva oleada. Si en los setenta fueron unas pocas decenas los jóvenes que comenzaron a  surfear, ahora serán muchos más. En la segunda mitad de los ochenta, la marca de tablas de surf Pukas traería una prueba del campeonato mundial de surf a Zarautz. En 1987 comienza a publicarse 3Sesenta, la primera revista de surf en España. Esto significó que las marcas comerciales, tanto de ropa como de material duro, comenzaban a expandirse y necesitaban un lugar donde publicitar sus productos. En otras palabras, se vio claro que el surf no era solo un pasatiempo de cuatro hippies melenudos y que se convertiría también en un negocio.

Surfistas gallegos en Razo. Década de los 80. Historia del surf en España

Los noventa certificaron ese negocio. Muchos campeonatos dejaron de ser pruebas locales para pasar a formar parte del circuito europeo. Las tiendas de surf comenzaron a surgir como champiñones, incluso en localidades alejadas de la costa. La mayoría de ellas, en una inercia que continua, dejaron de vender tablas de surf y neoprenos para centrarse exclusivamente en el textil. Esa política mercantilista contrastó con esa facción del surfing conocida como soul surf, un amplio número de surferos convencidos de que para coger olas no se necesitan pantalones de cien euros. La comercialización traería la masificación de algunas olas. Y así ha sucedido.

Locales de Meñakoz, Bizkaia. Década de los 90. Historia del surf en España

A comienzos del siglo XXI el surf se disparó, tanto en número de practicantes como en volumen de negocio. Entonces, las instituciones comenzaron a acogerlo en su seno. El surf significaba turismo. Ya no eran cientos, sino miles las personas que entraban al agua. Nuestros mejores surfistas comenzaron a destacar en las pruebas mundiales y a conseguir algunos triunfos. Eneko Acero estuvo a punto de ingresar en la élite del ASP World Tour. Un escalón que alcanzaría Aritz Aranburu en 2007. Comenzaron a aparecer las escuelas de surf y ahora hay una o dos en cada playa. Y esta masificación es un proceso inevitable porque somos los surferos los principales propagadores de las excelencias de este deporte, tanto por sentimiento como por interés profesional.

Surfistas en La Barceloneta. Comienzos siglo XXI. Historia del surf en España

¿Cuál es el precio? Personalmente, el coste es la pérdida. Jamás volveré a encontrar en las playas y arrecifes de mi entorno lo que sentí cuando era un crío de doce años y surfeé por primera vez. Por supuesto, yo era el rey del mundo. Fue un placer tan intenso que ninguna de las olas que he cogido después ha podido igualar lo vivido en esas primeras sesiones. Por otro lado, cuando me acerco a la costa y veo a los chavales en el agua y después les escucho hablar de las olas cogidas, vuelvo a encontrarme con la ilusión que mis amigos y yo sentíamos hace treinta y cinco años. Y les envidio, por supuesto.

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Comments

  1. “Jamás volveré a encontrar en las playas y arrecifes de mi entorno lo que sentí cuando era un crío de doce años y surfeé por primera vez.”
    Yo con más de 12, supongo que 15 o 16, cuando surfeé con tabla, pero, que gran verdad!