El faro y el relato

Faro del Cabo Villán. Costa da Morte. Galicia.  Tengo Sitio Libre. Blog de Willy Uribe

Una vez conocí a un farero en las Azores. Fue en la isla de Sao Jorge y coincidí con él en un autobús.  Dijo que se iba para seis meses al faro de la punta do Topo. Llevaba un arcón de madera y una maleta de cartón. Se llevaba a él mismo. Yo iba de mochilero y él de farero, así que aparte de algunas frases secas, hicimos el viaje en silencio. Pero le observaba y llegué a la conclusión de que aquel hombre era de piedra. Sin problemas habría tenido su lugar en cualquier expedición de descubrimiento portuguesa del siglo XV. Mascaba tabaco, olía a alcohol y su piel tenía la textura del cuero. Las tempestades que habría resistido. Siempre he pensado que hay que tener un par para trabajar en un faro.

Esa misma noche traté de escribir un relato sobre un farero, pero el asunto no fue más allá de un par de páginas de cuaderno. No tenía nada, tan solo un rostro duro y una voz escasa y grave.

Años después, acampado cerca del faro del Cabo Villán, en la Costa da Morte gallega, retomé la idea de escribir aquel relato. Tampoco pudo ser.  El paisaje era acojonante, la propia estructura del faro también, y el poderío del mar, que en el Atlántico Norte va de sobrado… pero no tenía nada más.

Así que ahora, a 2013, tengo personaje y escenario, lo que significa que no tengo nada. Un faro y un farero perdido en casa dios… ¿de dónde llegará, si es que sucede, la idea que de vida a ese relato?

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