Fotografía en la Patagonia. Fotografía etnográfica

Trasteando por el estudio de Nevenka Pavic en La Gloria de L’Hospitalet, vine a dar con un libro que trata de historia, fotografía e indígenas de Patagonia. Ahora que conozco más a Nevenka, solo un poco más por desgracia, sé por qué estaba ese libro en su biblioteca: Nevenka adora a los fantasmas. Desde siempre mantuvo con ellos (en quienes no cree) una relación de tú a tú.

Son fantasmas ya tantas sociedades indígenas, tantos modos de ver la tierra o de sentirse seres humanos, tantas lenguas ya muertas. La globalización no comenzó ayer. La fotografía, por desgracia, llegó demasiado tarde. Si James Cook hubiera llevado maestros fotógrafos en sus barcos, nuestra visión del mundo hoy sería otra.

El libro del que hablo se titula Introducción a la fotografía étnica de la Patagonia, está escrito por A. Prieto y  Rodrigo A. Cárdenas y transcribo este capítulo por considerarlo de interés para todos los amantes de la fotografía,la geografía y la historia.

La fotografía etnográfica en Fuego-Patagonia

Prieto, A. & Cárdenas, R.

Introducción a la fotografía étnica de la Patagonia.  A. Prieto y  Rodrigo A. Cárdenas. 1997. Santiago de Chile. Patagonia Comunicaciones. Andros Impresores.Cuando los primeros navegantes se encontraron con los indígenas de la región austral, tomaban, como era costumbre, a alguno de ellos como lenguaraz, lo subían al buque y lo llevaban como muestra a Europa. Era el rapto de un trofeo racial, de una extrañeza, un signo de otras tierras. Tres siglos más tarde, Robert Fitz-Roy haría otro tanto aunque con otro fin, supuestamente más noble, el de evangelizar. Se llevaría a los célebres Fueguia Basket, Jemmy Button y York Minster a Inglaterra. Pero a partir de entonces y exceptuando el caso de la exposición universal de 1898 con su grupo Kaweskar, los indígenas recorrerían el mundo como fotografía, solo como un rapto de lejana luz.

En lo que respecta a la etnografía de Magallanes, la primera fotografía de que se tiene conocimiento fue tomada a un indio fueguino (hoy desconocida sin embargo); su noticia se debe a Geoffroy Saint-Hilaire (1861). Se trata de una fotografía realizada por un comandante Cabaret de Saint-Cervin unos años antes. Le sigue en antigüedad una fotografía de un Aonikenk realizada por el fotógrafo de la comisión Científica del Pacífico en 1863 en Punta Arenas. Esta fotografía parece haber servido de base a un grabado publicado en la revista de la South American Missionary Society. Los grabados continuarían siendo utilizados en esa época junto a la fotografía, sobre todo para realizar composiciones didácticas. Ello, fundamentalmente debido a su fácil impresión y a la posibilidad de corregir con ellos defectos de las fotos que los inspiraron.

Luego, en 1874, el fotógrafo Peter H. Adams dejaría uno de los primeros registros de Aonikenk en sus tolderías.

En adelante, las fotografías aumentarían. La expedición científica de la Challenger (1875-1876) dejaría algunas fotografías de indígenas tomadas en Punta Arenas. Una de ellas exhibe ya una clásica postura antropológica tal como fuera recomendada por las instrucciones del viaje: toda oportunidad debería ser aprovechada para obtener fotografías de razas nativas a una misma escala. Por su parte, las fotografías del viaje de la Alert (1878-1882) aparecían movidas y se optaría por normalizar utilizando grabados en su publicación. De hecho, la tapa interior del libro señala: “Con 16 grabados a página completa sobre fotografías de F. North”. La fotografía y el grabado se entrecruzaban con frecuencia e incluso se utilizó una técnica de retoque fotográfico en algunos casos, como en el de la goleta Bélgica de la cual tenemos registros.

Introducción a la fotografía étnica de la Patagonia.  A. Prieto y  Rodrigo A. Cárdenas. 1997. Santiago de Chile. Patagonia Comunicaciones. Andros Impresores.El próximo evento que dejaría abundantes fotografías de indios de la región sería el triste espectáculo de los indios llevados a las exposiciones de Hamburgo y al Jardín de Aclimatación de París. En esa oportunidad se hicieron fotografías para que los asistentes se llevaran un recuerdo, aunque también se hicieron fotografías con fines de apoyo a la antropología física, cuyo interés era fotografiar más bien a “tipos” que a personas, posando de frente y perfil, con escalas de medidas, etc. En aquella época se llegó a recomendar afeitar la cabeza de los individuos para observar mejor ese rasgo.

Otro evento fotográfico de importancia sería el arribo de la Misión Científica del Cabo de Hornos y su larga estadía en la Bahía Orange, en la isla Hoste (1881). En esta oportunidad se tomarían centenas de fotografías de yámanas y lugares de las cercanías del Cabo de Hornos. En esta ocasión, los indios, como buenos observadores, denominarán al fotógrafo: toumayacha alakana (el que mira con la cabeza cubierta). El análisis de las fotografías antropológicas de esta exposición ha sido realizado espléndidamente en la última reedición de las mismas. (Chapman, 1995).

La misión llegaría al momento en que la técnica fotográfica había tenido un significativo avance en cuanto al tiempo de exposición requerido para las tomas: “Vista la imposibilidad de lograr que estos individuos permanecieran absolutamente inmóviles (se refiere a los indios del Jardín de aclimatación de París), la reproducción por los antiguos métodos era extremadamente laboriosa. Un fotógrafo profesional que nos había antecedido ha debido permanecer durante cinco horas seguidas y recomenzar sus operaciones durante otras seis horas. Por el procedimiento de la gelatina-bromuro seco, nosotros hemos podido operar de una manera instantánea”.

Hacia 1900 ya existía una centena de fotos de indios de Fuego-Patagonia en publicaciones de distinta índole y un número indeterminado (pero seguramente mayor, inédito) en distintas instituciones alrededor del mundo. Muchas de ellas fueron tomadas ex profeso, pero un grupo no menor debieron ser tomadas en el paso de las naves por el estrecho. No es descabellado pensar que los canoeros fueran los más fotografiados y los Selk’nam los menos con anterioridad a esa fecha.

Introducción a la fotografía étnica de la Patagonia.  A. Prieto y  Rodrigo A. Cárdenas. 1997. Santiago de Chile. Patagonia Comunicaciones. Andros Impresores.En adelante, los propios fotógrafos locales, profesionales o no, comenzarían a dejar un registro de los indios que ocasionalmente visitaban las ciudades de la región, o que se acercaban a las incipientes estancias. A los primeros fotógrafos profesionales pueden deberse aquellas fotografías de estudio en que los indios aparecen con telones de fondo, sentados, en composiciones, junto a sus objetos característicos. A ellos también puede atribuirse la distribución comercial de postales de indios que tuvieron amplia difusión y muchas veces pueden servir como referencia temporal gracias al timbre de correos en su reverso.

Introducción a la fotografía étnica de la Patagonia.  A. Prieto y  Rodrigo A. Cárdenas. 1997. Santiago de Chile. Patagonia Comunicaciones. Andros Impresores.

Resta por mencionar la importante colección fotográfica realizada por Charles Wellington Furlong ( 1908) quien captara, hacia el ocaso de estos pueblos, bellas escenas de la vida indígena.

Toda la evolución fotográfica expuesta aquí parece relevante desde el momento en que se reflexiona sobre la calidad de las tomas vistas a su edición, al poder ejercido por los fotógrafos sobre los sujetos y al estado de avance de la colonización del territorio a la hora de evaluar la respuesta de los indios a esta técnica. Ya se ha señalado que la evolución del tiempo de exposición influyó en las características de las tomas. Difícilmente se habría hecho posar por horas a los indios en su medio natural Difícilmente se los habría fotografiado antes de que otros agentes “civilizadores” (estancieros, sacerdotes, comerciantes) hayan penetrado en el territorio. De hecho, antes de 1890 solo hay confrontación entre los Selk’nam del norte y los agentes civilizadores y por lo mismo han quedado muy pocas fotografías de ellos en su medio natural.

Las propias expediciones científicas mencionadas lidiaban con dificultades técnicas que atentaban contra el registro exhaustivo de una sociedad: “Aparte de los químicos, pesadas cámaras, paquetes de placas de vidrio, piezas oscuras (tiendas) y escenarios que eran requeridos, uno puede imaginarse lo arduo de la tarea que debió enfrentar el fotógrafo en alcanzar alguna de las localizaciones (…) la preparación de las placas húmedas a bordo de un móvil barco debió requerir de una gran habilidad, así como su revelado” (Brunton, 1995).

Introducción a la fotografía étnica de la Patagonia.  A. Prieto y  Rodrigo A. Cárdenas. 1997. Santiago de Chile. Patagonia Comunicaciones. Andros Impresores.También había determinantes “académicas”, los indios podían ser fotografiados de muchas maneras, pero solo algunas fueron elegidas. No fueron captados durmiendo, por ejemplo, o pensando, o riendo distraídamente, o llorando. Solo aquello que interesara a la infusa antropología de entonces sería vastamente documentado. Tal es el caso de la fotografía de rituales de Gusinde, más interesado en escatología que en cotidianeidad. Solo Lucas Bridges pudo captar tan tempranamente a los Selk’nam en sus actividades cotidianas.

Las fotografías de las actividades nocturnas sin flash estaban también vedadas, y qué decir de aquellas que requerían la plasmación del movimiento como bailes rituales, eventos de caza, carreras, etc., utilizando como disparador el destapar y tapar el lente con la velocidad del brazo, sin un rango de aperturas de diafragmas, etc. La única fotografía con flash conocida data de 1910.

Todas estas determinantes mencionadas configuraron escenarios recurrentes en la fotografía etnográfica de la región. Los escenarios más comunes fueron:

El escenario natural que correspondía a aquel que se ejecutaba en el ambiente propio de los indígenas, es decir, en aquellos lugares donde se desarrollaba la vida diaria de los indígenas en contextos “no civilizados”.

Para que las fotografías se realizaran en estos contextos era necesario que se generaran las condiciones sociales que permitieran esta posibilidad, vale decir, las relaciones que el fotógrafo debía mantener con los indígenas.

Entre los Selk’nam esta situación fue solo posible a partir de fines del siglo XIX ya que antes eran considerados ·salvajes y peligrosos” y nadie se adentraba en sus territorios. Pertuisset llevaba cámara fotográfica en su expedición de 1873, pero solo se pudo retratar a sí mismo con ella.

Entre los ya “domesticados” Tehuelches a través del comercio, ello fue posible tempranamente con la incursión del fotógrafo Adams.

Introducción a la fotografía étnica de la Patagonia.  A. Prieto y  Rodrigo A. Cárdenas. 1997. Santiago de Chile. Patagonia Comunicaciones. Andros Impresores.En el contexto del escenario natural, podemos incluir también aquellas escenas donde aparecen misioneros realizando actividades evangelizadoras entre los indígenas.

El escenario civilizado consiste en aquella fotografía tomada en un contexto propio de la civilización. Estas fotografías se desarrollan en el ámbito de las misiones, de las ciudades, como también las fotos realizadas en estudio. Igualmente se pueden considerar las fotografías realizadas en el contexto de los barcos, principalmente las realizadas entre los indios canoeros. Es también el caso de las fotografías que se realizan dentro de las estancias.

Las fotos de este tipo de escenario por lo general tratan de captar el efecto de las empresas evangelizadoras y destacan a los indígenas frente a edificios, iglesias, construcciones o realizando labores que demostraran el proceso civilizador, denotándose una clara división del trabajo con preeminencia de mujeres y niños.

Las misiones tendían a hacer propaganda de su efecto civilizador. Ellas tenían que responder a los gobiernos que habíanles hecho concesiones de tierra o a sus propios superiores o a sus financistas, de modo que tendían a mostrar a los indios en sus ropajes europeos donados a la misión, o frente a ingentes construcciones. Allí es donde aparece el mayor número de indígenas, lo que para bandas de cazadores recolectores no era una costumbre, excepto en los rituales.

Finalmente, están las fotos de estudio realizadas sobre indígenas traídos o de visita en las incipientes ciudades de Punta Arenas, Río Gallegos, Ushuaia, con escenarios, poses, posturas corporales tradicionales ya en fotografía familiar en uso o que tendían a exponer a los más famosos de entre los indios.

Introducción a la fotografía étnica de la Patagonia.

A. Prieto y  Rodrigo A. Cárdenas. 1997. Santiago de Chile. Patagonia Comunicaciones. Andros Impresores.

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