Martín Fisterra. Un broche de gloria

Martín Fisterra. Poetas Imposibles. Willy Uribe. Mayo 2014.Poetas Imposibles. Martín Fisterra. Poeta español nacido en Madrid en 1975 y fallecido en el océano Atlántico en 1999.

Finalizó con sobresaliente cum laude la carrera de ingeniería aeroespacial en una universidad de Alemania y después viró 180º el rumbo de su cohete. Con un par. El tío ba a destinado a convertirse en uno de los cerebros más privilegiados de la galaxia y de pronto quiso descubrir América con una francesa.

El dossier que recibí venía precedido por una carta en la que en primer lugar se dejaba bien claro que yo era el último recurso por lo disparatado de mis servicios. Después insistía en que Martín Fisterra había perdido la cabeza por una mujer extranjera que le hizo arrojarse de cabeza en brazos de la poesía y el nihilismo.

La ingenuidad de aquel dossier era perversa. También inútil. Entre un montón de documentos absurdos, además de unas cuantas reproducciones de diplomas académicos y unas fotos con Adela, su novia de toda la vida, hallé el expediente judicial del asunto, con informes forenses incluidos.

Sin embargo, la familia no había reconocido el cadáver y se había gastado una pasta pleiteando contra no sé sabe qué ni quién. Por eso apelaban al absurdo del último recurso, un detective poético. Según decía el expediente, Martín Fisterra se embarcó en Lanzarote en un velero de bandera francesa con rumbo a la isla de Guadalupe, en las Antillas. El velero era capitaneado por una mujer francesa llamada Marie Bruneloutte. Al parecer, una tormenta dio la vuelta a la embarcación, que fue encontrada por un mercante semanas después. De la mujer no se halló rastro, pero sujeto por unas cuerdas a la orza de la embarcación encontraron el cadáver de Martín Fisterra, ingeniero aeroespacial que abrazó las verdades más rotundas de la poesía y quiso otorgar a su muerte, mediante el amor y el naufragio, un broche de gloria.

No quise aceptar el caso. Yo no era el último recurso para nadie. Y sobre todo, ante alguien capaz de levantar todo un panteón divino y remarcar al mismo tiempo el absurdo humano con solo treinta versos, ¿cómo trabajar para poner bajo sospecha su recuerdo? No hay mejor tumba para un poeta que el seno del océano. Martín Fisterra lo sabía y buscó la suya.

 

 Soy la Tierra,

la superficie donde los ríos de tu recuerdo

perfilan el paisaje de mi deseo

y las tormentas,

alimentadas por el calor del desierto,

agitan la semilla del placer.

 

Soy el Tiempo,

mirándote a los ojos para susurrarte,

tan sincero como cruel,

que guardaré celoso

por toda la eternidad

el recuerdo de tu insignificancia.

 

Soy la Luna,

la compañera del Tiempo,

aquella que os crece y os decrece,

la de los cuernos en punta

que un día desafió a los mismos dioses

y los humilló a su antojo.

 

Soy el Alma,

huérfana de padre y madre,

incapaz de multiplicarme,

fui condenada por el Tiempo a un solo cuerpo,

este tuyo desde donde te hablo

y tú me niegas.

 

Soy Mar,

poseo la Tierra y doy forma al Tiempo,

sin sexo definido,

sin prisa alguna,

nada incomoda

al círculo de mi poder.


Poetas Imposibles – Puesta en valor de propuestas poéticas imposibles. Énfasis en la sutileza y la furia.
Un programa del Fondo Poético Internacional ejecutado por los Detectives Poéticos.

 

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