El gaucho Alonso Vélez

Alonso Vélez El Gaucho. Un relato de Willy UribeMe llamo Alonso Vélez y fui dibujante de cómics. Mi personaje principal se llamaba como yo, Alonso Vélez. Un gaucho que me dio de comer en los ochenta, se fundió mis ahorros en los noventa y me abandonó en los dos mil.

Ahora soy tan solo Alonso Vélez y ya resulta imposible recuperar mi trabajo, e incluso recuperarme a mí mismo, dado que ambas fuentes bebían una de otra. Por eso estoy en la frontera junto al indio, observándolo de cerca, dispuesto a darle un abrazo de tú a tú.

 

No me hago al lao de la güeya

Aunque vengan degollando;

Con los blandos yo soy blando

Y soy duro con los duros,

Y ninguno en un apuro,

Me ha visto andar tutubiando.

 

Sé que es ridículo soñar con praderas e indios. Con las praderas como paso necesario para alcanzar al indio en el pasado. Una regresión, claro que sí. Ridículo. Pero no me lo recordéis tan de seguido porque vosotros también lo sois. ¿Qué esperáis de mañana ahí dormidos? Yo al menos fijé mis objetivos.

 

Soy gaucho, y entiendanló

Como mi lengua lo explica:

Para mí la tierra es chica

Y pudiera ser mayor:

Ni la víbora me pica

Ni quema mi frente el sol.

 

Este referente es la consecuencia lógica de todos los referentes anteriores. Puedo apuntar algunos:

  • El Golfo de Bengala está infestado de piratas indostánicos y los británicos no saben qué hacer para contenerlos. Todas las hijas de los comerciantes de Madrás y Calcuta sueñan con ser desvirgadas en un bajel malayo. Consecuencia: Mompracen se convierte en sinónimo de paraíso.
  • Soledad, la hermana de mi padre, regresa de Alemania por Navidad y me regala una caja de pinturas de colores y un cuaderno de dibujo tamaño DIN-A3. Mi madre, la esposa de mi padre, dice que así el niño podrá hacer bien grandes esos monigotes que tanto le gustan. Consecuencia: El niño comienza a currarse unos monigotes de su puta madre.
  • Franco ha muerto y en la tele emiten Objetivo Birmania. En medio de una  jungla en blanco y negro los japoneses ponen cabeza abajo a un marine norteamericano y antes de matarlo le cortan unos cuantos dedos. Consecuencia: Insumisión total a la dictadura del haluro de plata monocromático por hartazgo anímico.
  • Verano de 1984. Las Maniobras Generales del Ejército de Tierra en el desierto de los Monegros convocan a miles de jóvenes españoles. Un tanque se ha extraviado en la ofensiva al cerro G-09 y ha caído panza arriba en una zanja. El termómetro dentro del tanque marca 55 grados centígrados y las dos compuertas están bloqueadas. El cabo Seijas está malherido pero el soldado López no quiere darle el agua que guarda en su cantimplora. Dos horas después, el cabo Seijas muere y el soldado López sufre un ataque de pánico. El soldado Vélez guarda silencio y fuerzas. Consecuencia: Cualquier tipo de ofensiva en grupo está abocada al fracaso.

De ahí que insista en lo del gaucho. Mi Alonso Vélez lo fue. Un personaje sincero construido en base a modelos universales. Pero ninguna de esas dos características fue comprendida por los gurús del cómic. Ni siquiera lo original de mi trazo. A alguien le recordó al estilo del puto Teniente Blueberry y ahí comenzó una carrera que me alejó de las élites del cómic y de las editoriales de referencia. Ladrón, usurpador y plagiario. Esas fueron las constantes en todas las críticas. Nadie quiso pensar que yo iba en serio.

 

Mi gloria es vivir tan libre

Como el pájaro del cielo;

No hago nido en este suelo,

Ande hay tanto que sufrir,

Y naides me ha de seguir

Cuando yo remuento el vuelo.

 

El egocentrismo manifiesto sería disculpable si Alonso Vélez hubiera sabido dotar a su personaje Alonso Vélez de un alma original y única, pero el fracaso es rotundo ya que dibujar almas requiere un talento que Alonso Vélez no posee. Su trabajo queda como una nefasta versión de un Martín Fierro que jamás debió afrontar. Eso me decía Paco Alamillo en el número 28 de Cimox, un número que ya no tengo porque lo destrocé a mordiscos. En realidad ya no poseo otras cosas que las que caben en dos maletas, una de ellas excesivamente grande que abandonaré en el próximo cambio de habitación. Lo que podría albergar ya no lo necesito para nada, mucho menos fantasmas y monigotes.

 

Yo no tengo en el amor

Quien me venga con querellas

Como esas aves tan bellas

Que saltan de rama en rama;

Yo hago en el trébol mi cama

Y me cubren las estrellas.

 

Por una casualidad, mi trabajo llegó a manos de un editor de San Francisco con buenos contactos en el mercado de México y Centro América. Se me aconsejó que cambiara al gaucho por el vaquero mexicano, las pampas por los desiertos del sudoeste y la rebeldía y el infortunio por la épica de la esperanza. Con todo ello, Alonso Vélez mantuvo el tipo y cabalgó durante algunos años por aquellos desiertos. Él era un gaucho y ningún gringo, por mucho que le disfrazara, robaría su identidad. Respecto a lo mercantil, apenas un mes de publicado el primer capítulo recibí un cheque de mil quinientos dólares.

Esos cheques no faltaron a su cita con mi buzón.  Los yanquis saben cómo hacer negocios. Si hay pastel, lo hay para todos. Si las cosas vienen mal, todos aceptan que el más rápido se lleva lo que quede. Entonces las cosas vinieron mal y yo fui el más lento, principalmente porque estábamos en 1989 y yo vivía entonces en un pueblo de Huesca, con lo que las noticias de San Francisco me llegaban con cierto retraso. En mi caso fue una demora de tres meses. Cuando quise reaccionar, los derechos de mi Alonso Vélez estaban guardados en una oficina de Phoenix, Arizona.

Hice un intento para recuperar a mi personaje. Fue el último arranque para mantener con dignidad mi carrera como dibujante. Contraté a un abogado de Barcelona especializado en derechos de autor y comencé una lucha que me llevó, literalmente, al mismo desierto de Sonora. Allí, el mismo Alonso Vélez me dijo que me olvidara de él y comenzara a caminar solito. Quien fuera aquel tipo que enviaron para hablar conmigo es de reconocer que vestía un disfraz de Alonso Vélez insuperable. Sus amenazas también fueron creíbles. El divorcio entre Alonso Vélez y Alonso Vélez se firmó en aquel desierto, donde mi alma quedó muerta e insepulta.

 

Y sepan cuantos escuchan

De mis penas el relato,

Que nunca peleo ni mato

Sino por necesidá,

Y que a tanta alversidá

Solo me arrojó el mal trato.

 

No es metáfora. En el desierto de Sonora quedó mi alma. Mi Alonso Vélez ni continuó sus aventuras con otro dibujante ni volvió a reeditarse. En busca de trabajo me mudé a Barcelona, porque Barcelona es una ciudad que adora la creatividad. Tratamos de levantarnos de nuevo, tanto yo como mis personajes. Fui jardinero en el Yukón, gerente del desierto del Gobi, cocinero del zoo de Tokio. Pero no sirvió de nada porque mi crédito, si algún día existió, se había agotado. Tantos oficios posibles para acabar de paria en la frontera.

Seguido se acabó el dinero, porque Barcelona es una ciudad que adora el dinero y a los despistados como yo se lo quita de las manos. Encontré trabajo como una cosa, luego como otra, así una y cien veces. Cambié de piso, cambié piso por habitación, compartí habitación, compartí cajeros en invierno y en verano los parques, con todas las noches boca arriba, zarandeado por las pesadillas.

 

Ahí comenzaron sus desgracias,

Ahí principia el pericón;

Porque ya no hay salvación,

Y que usted quiera o no quiera

Lo mandan a la frontera

O lo echan a un batallón.

 

Sin embargo, la vida es generosa y de pronto cazas un golpe de suerte que te permite de nuevo una habitación con colchón y mesilla, y ducha de agua caliente a un extremo del pasillo. Tienes un mes asegurado y te sientes mejor. Calientas una taza de leche, echas un par de cucharadas de miel y la diluyes. Sujetas la taza con ambas manos para sentir el calor al tiempo que se te escapa una sonrisa porque recuperas un gesto cotidiano que el estómago agradece, porque ese el objetivo actual: tener contento a tu estómago. En este momento es todo cuanto posees.


Los textos entrecomillados pertenecen a la obra El gaucho Martín Fierro, de José Hernández. Edición digital completa1995. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

 

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