1984 – 2014. Tantos fragmentos

Madre e hija. 1984. WU PHOTO © Willy UribeDe ese modo, treinta años después de mis primeras fotografías y sin traicionar mis raíces vagabundas, continúo en busca de fragmentos del mundo en el que vivo.

En 1984, tras haber sido expulsado de un colegio de jesuitas y un fracaso rotundo en el instituto, mis padres me sugirieron que tal vez sería adecuado estudiar una nueva rama de la Formación Profesional llamada Imagen y Sonido. Como entonces ya escribía, mi ethos artístico no admitía otras desviaciones. ¿Vídeo, fotografía, radio? ¡Qué demonios! Yo era escritor.

Sabía muy bien que debería ganarme la vida, no soy imbécil. Para ello decidí hacerme vagabundo. Sería un escritor vagabundo. Y os juro que no hablo en broma.

En su preocupación manifiesta, mis padres lograron convencerme para que me matriculara. El instituto de FP estaba en el barrio de Tartanga, en Erandio. Joder, yo no había salido de la playa y me tenía que pasar un carro de años en un pueblo industrial de la Ría de Bilbao al que veía como el mismísimo penal de Alcatraz.

Sin embargo, el asunto funcionó desde el primer instante. Por algún gen que me es desconocido tengo la grata habilidad de hacer colegas aquí y allá, así que en menos de una semana ya estaba fumando petas en la trasera del instituto con la peña de Astrabu y luego flipándola en el cuarto rojo del laboratorio.

Tuvimos un par de buenos profesores, acceso a buen material y fuimos respetuosos con él. En poco tiempo la fotografía me enganchó. Comencé a apreciar sugerentes diferencias entre la narrativa y la fotografía; la fotografía está en un lugar concreto mientras que el relato está dentro de mí; la fotografía me permite ser intuitivo mientras que el relato me exige madurar esa intuición; la fotografía es extrovertida mientras que el relato es íntimo. De ese modo encontré un complemento magnífico para trabajar algo que me resulta fundamental: la expresión personal. Me llamo Willy Uribe y este es mi mundo.

El punto de vista es un aspecto fundamental en el arte de la fotografía (dejemos a un lado el relato). Aparte de cromas y filtros, es el punto de vista lo que marca el estilo de un fotógrafo. ¿En qué consiste? No lo sé, pero intuyo que tiene relación con el tener algo que decir y el amoldarse al momento… al fragmento.

Una fotografía es un fragmento. Tomar fotografías sin romper el ritmo natural de esa sucesión infinita de fragmentos es una condición que ha de exigirse a quien fotografía, más aún a quienes se consideran a sí mismos como fotógrafos. Suena a paradoja, pero el fotógrafo debe desaparecer de la escena al mismo tiempo que la hace suya por completo.

Una vez realizada y “revelada” la fotografía, el fotógrafo (del mismo modo que sucede con el escritor) pierde los derechos de interpretación porque la imagen pasa a un dominio abierto. Ya sea privado o público, serán otros ojos quienes la vean y la interpreten.

En esta fotografía que adjunto, tomada hace treinta años, mi hermana besa a su hija de tres años. Ahora, mi sobrina va a ser madre y mi hermana abuela. Tal vez mi sobrina tenga nietos, tal vez vean esta fotografía… ¿pensarán en quién la sacó? En absoluto. Mi trabajo como fotógrafo acabó cuando esa foto salió del cuarto de revelado. Capturé un fragmento del mejor modo que supe y lo ofrecí a los demás.

De ese modo, treinta años después de mis primeras fotografías y sin traicionar mis raíces vagabundas, continúo en busca de fragmentos del mundo en el que vivo.

Anuncios

Comments

  1. Lan Arakis says:

    Muy chula la historia…