Omar y Guillermo

08:30 / 26 de julio de 2014 / Barcelona

Omar y Guillermo en Barcelona. 2014Omar, que es de Nuakchot, me pide fuego para encender un motxo del tamaño de Mauritania. Tiene una perra que se llama Lola y una mochila de color negro igual que la mía. En ella guardamos casi todo lo que tenemos. El peta es de marihuana y Omar le da con fuerzas, haciendo que las brasas se aviven y el humo se espese. Me ofrece y le doy un par de tientos, pero enseguida noto que es una de esas marihuanas abonadas por el puto diablo, así que se lo devuelvo y le pregunto si le apetece un bocata de queso. Dice que sí al instante. Abro mi mochila negra y saco una barra de pan y el cuarto de queso que ayer me regaló Cristina Fallarás.

Dos bocatas excelentes aunque un poco duros de tragar, más si sumamos el secazo del canuto.

– Tienes agua? – pregunta Omar.

– Ni una gota – respondo, sintiendo de seguido una sed sahariana.

– Tal vez en ese bar – dice, señalando una terraza que acaba de abrir.

Omar va, entra, pregunta y sale igual de seco.

– Prueba tú, que yo soy negro.

Hago la misma operación con el mismo resultado.

– No es el color, Omar, es el dinero.

Asiente con la cabeza mientras acabamos con los bocatas de queso y la brocheta de maritxu. Después, arroja una pelota para que su perra corra a por ella.

– Un amigo mío que se llama Pepe Larumbe tuvo una perra con el mismo nombre. Era parecida a la tuya y hacía surf.

Omar guarda silencio. Al cabo de un rato pregunta qué es surf.

– Ir de pie sobre las olas con una tabla, ya sabes – digo, haciendo al mismo tiempo el gesto de surfear con la mano.

Pero Omar no sabe.

– No sé, no conozco.

– Bueno, da igual, el caso es que la perra de mi amigo Pepe se llamaba Lola y cogía olas.

Omar mata el canuto y se recuesta contra la pared mientras el sol comienza a iluminar las fachadas de El Raval.

– Hay una fuente en el carrer del Lleó. Voy a echar un buen trago – digo, levantándome y sacudiéndome los pantalones.

Estrechamos nuestras manos y seguido las llevamos al corazón. Me gusta ese gesto.

– Suerte, Omar.

– Suerte, Guillermo.