Sobre la poesía. Benjamin Péret.

Si se indaga en la significación original de la poesía, actualmente disimulada bajo los mil oropeles de la sociedad, se constata que es el verdadero aliento del hombre, la fuente de todo conocimiento y este mismo conocimiento, bajo su aspecto más inmaculado. En ella se condensa toda la vida espiritual de la humanidad, desde que ha comenzado a tomar conciencia de su naturaleza; en ella palpitan ahora sus más altas creaciones y, tierra por siempre fecunda, guarda perpetuamente en reserva los cristales incoloros y las cosechas de mañana. Divinidad tutelar de mil rostros, se la llama aquí amor, allí libertad, en otros lados ciencia. Continúa siendo omnipotente, borbotea en el relato mítico de los esquimales, estalla en la carta de amor, ametralla al pelotón de ejecución que fusila al obrero en el momento en que exhala el último suspiro de revolución social y por lo tanto de libertad, chisporrotea en el descubrimiento del investigador científico, desfallece, exangüe, hasta en las más estúpidas producciones que se reclaman de ella y de su recuerdo; elogio que quisiera ser fúnebre, la poesía se trasluce en las palabras momificadas del sacerdote, su asesino, que el creyente escucha buscándola, ciego y sordo, en la tumba del dogma, donde la poesía ya no es más que falaz ceniza.

Benjamin Péret. El deshonor de los poetas. Colección Visor de Poesía. 2007.