Abrázame tan fuerte como puedas

Aprendo por ausencia y dejo a mi alma arder en tu presencia.– Necesito tus palabras más en largo. Un continuo sobre el papel que me atrape. Me muestras frases. ¿Dónde encuentro tus sentimientos? Quiero viajar con ellos.
– Tienes hoyuelos en la sonrisa. Junto a tus labios están. Tus labios hermosos y jóvenes. Y tus pequeñas orejas veladas por la melena, envueltas en la luz del amanecer de un patio que escucha el ritmo de tu respiración. Te tomo el pulso y me lo quedo. Si tenías miedo, se ha acabado. Si te lanzaste, has acertado porque yo soy mi poesía, e incluso la tuya. Esos son mis sentimientos ahora, en este justo y exacto momento de invierno en El Raval.
– Tengo las manos heladas.
– Ven… te ofrezco el cálido discurso de las mías, el cobijo de mis sobacos, la intensidad de mis piernas entre las tuyas. Incluso te regalaré unos guantes. Esta noche he aprendido la talla exacta de tus manos.
– Tu manta es muy ligera. Debes pasar frío aquí.
– Tres años de frío voy pasando. De ese modo sé lo que vale el calor. Aprendo por ausencia y dejo a mi sangre arder en tu presencia.
– Abrázame. Eres extraño, pero abrázame tan fuerte como puedas.